España recuerda hoy la Guerra que cambió la cultura en México | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Martes 12 de Abril, 2016

España recuerda hoy la Guerra que cambió la cultura en México

Falangistas detienen a civiles en las calles de Madrid después del alzamiento de Franco.
España recuerda hoy el 70 aniversario del comienzo de la Guerra Civil que vivió este país del 18 de julio de 1936 al 1º de abril de 1939; conflagración que mantiene aún abiertas interrogantes, polémicas y heridas que no acaban de cicatrizar. Esto sucede pese a que del dictador (Francisco Franco) han empezado a desaparecer sus estatuas de plazas y calles. El conflicto entre “las dos Españas” ha dado lugar a miles de publicaciones y a una vasta obra literaria: tan sólo en los cuatro últimos años se ha editado en España una treintena de libros y en México una docena. La Guerra Civil es uno no de los episodios históricos más importantes del siglo XX por el carácter internacional que alcanzó en vísperas de la II Guerra Mundial. Conflicto que provocó un millón de muertos y la salida de este país de medio millón de exiliados a distintas naciones del mundo (Venezuela, Argentina, Colombia, México, entre otros) y que en el caso del nuestro atrajo a un gran número de intelectuales. EL ARTE A CONTRALUZ DE RAMóN XIRAU. Una de las voces más experimentadas sobre el tema de la Guerra Civil española es el poeta y filósofo Ramón Xirau, quien llega a México en 1939. Su amigo, Octavio Paz, hace las gestiones pertinentes para que Xirau viva en nuestro país. En Guadalajara a propósito de la Feria que le fue dedicada a Cataluña en el 2004, Xirau declaró: “Paz definió mi obra como un puente entre España y México, la filosofía que me ha tocado desarrollar, principalmente aborda el tema del exilio y la Guerra Civil, lo que hago es poner a contraluz el arte, con la historia, la ética y la poesía, como influyó en aquellos pensadores mexicanos que a la llegada de aquello que se ha llamado los intelectuales de Iberoamérica cimentaron el pensamiento contemporáneo”. El poeta y ensayista catalán se destacó muy pronto, desde su arribo a México, por ser inteligente, claro y escribir textos laboriosos siempre con erudición. Su labor como académico no lo distrajo de su poesía escrita en su lengua original, el catalán. Xirau agrego: “Los personajes que he analizado y ahora se ve en un libro que se titula: Entre la poesía y el conocimientlo, (FCE) 2002 son aquellos que han marcado la cultura en México, Villaurrutia, Reyes, Huidobro, Paz y Sor Juana, entre otros, pero del mismo modo reconozco a mis contemporáneos: Elizondo, Rosi, Zaid, todos ellos compañeros en Vuelta”. Xirau sigue siendo un icono de la Guerra y el Exilio Español. LAS ARTES PLÁSTICAS Y EL EXILIO. La crítica de arte, Raquel Tibol, hace un recorrido por las figuras del exilio español, y sin dejar de reconocer su grandeza explica que “en México estábamos más avanzados que los españoles en el sentido más general del arte, de la estética”. La estudiosa del arte mexicano empieza su breve recorrido por José Renaud: “pocas veces se repite que fue el que dirigió el salvamento de los bienes artísticos del Museo del Prado. En España aparte de haber hecho esto fue temporalmente director del mencionado museo y por encargo del gobierno de la República se puso en contacto con Picasso para encargarle el Guernica”. Tenía el antecedente de ser un cartelista muy destacado en la lucha de la república. “Se conocieron con Siqueiros en España y al llegar a México éste lo invita a que colabore con él en el Sindicato Mexicano de Electricistas en el mural Retrato de la burguesía. “Aunque tenían concepciones plásticas diferentes, lo interesante de todo fue que se acoplaron y cada cual en distintas áreas de ese mural desarrolló su propio estilo. Por ejemplo, la técnica de la cartelería que utilizaba Renaud fue volcada en esos muros.” Otro caso notable —dice Tibol— es el de Elvira Gascón, “la gran ilustradora de Alfonso Reyes. Él la consideraba su artista de cabecera”. Su esposo era un extraordinario pintor. Había sido director de la Academia de San Fernando en Madrid. “Aquí en el exilio la colonia española le compraba, pero era quizá (aparte de Rodríguez Luna) quien desarrolló un estilo más actualizado. Se llamaba Fernández Balbuena. Por cierto, muchos años después de muerto le hicieron una exposición en el Palacio de Bellas Artes en la sala Diego Rivera. Era de goce”, refiere la crítica. De Antonio Rodríguez Luna, dice Tibol, se puede mencionar que en España ya había hecho grabado y que “tenía un estilo muy avanzado dentro de un expresionismo que no era habitual en la gráfica española. Viene a México y entra como maestro en la Escuela Nacional de Artes Plásticas. Realmente tuvo a toda una generación de artistas a los que enseñó el buen pintar, que no era frecuente entre los maestros de esta escuela. En el tiempo en que fue maestro su grupo no sólo le tuvo respeto, sino adoración”. Estos son los casos más sobresalientes dice la maestra. “Se separaron Elvira y su marido ya estando en México. Ella terminó un poco alterada de sus nervios, no sólo por la separación sino por la guerra. La guerra maltrata mucho la psique de la gente. Todos, todos los exiliados han tenido problemas emocionales. El que diga que no los tuvo, miente. Hasta una gente tan equilibrada y que llegó tan joven como Sánchez Vázquez. Yo no le he preguntado a él, pero estoy segura que ha tenido problemas emocionales, que el éxito en su cátedra en la UNAM seguramente le ha ayudado a superar.” La aportación del exilio en México no es fundamental, “es importante —dice la crítica de arte—; fundamental no, porque algunos dicen que en México estaban atrasados hasta que llegaron los españoles. No es cierto. Ya puse el caso de Siqueiros, puedo poner el caso de Orozco, de Rivera, de la mayoría de los artistas de la época.” Concluye Tibol: “En México había un desarrollo en las artes: en España hubo influencia de las vanguardias después, pero en México se dio antes a causa de los años de Rivera en Europa, de la estancia breve pero importante de Siquieros allá”. CINE español EN MÉXICO. Dentro de las oleadas de artistas que comenzaron a emigrar a México en 1939, se encontraron —además de pintores, escritores y filósofos— directores, actores, guionistas y técnicos, quienes rápidamente se involucraron en la cinematografía nacional con decenas de películas que abordaban enteramente el tema de la Guerra Civil Española y el forzado exilio de alrededor de 30 mil españoles. Las salas mexicanas comenzaron a exhibir gran cantidad de películas que abordaban el tema del conflicto civil, visto desde los ojos de los mismos españoles. ¿La mano mexicana? Por los menos en estas películas fue casi nula. El investigador Eduardo de la Vega Alfaro, autor del ensayo Buñuel y el cine español en el exilio mexicano (Colecciones de la Filmoteca de la UNAM, 2000), afirma que tan sólo entre 1940 y 1945 debutó o filmó en México una gran cantidad de gente en la industria del cine mexicano. Entre los directores que enlista Vega Alfaro aparecen los nombres de Jaime Salvador, José Díaz Morales, Miguel Morayta, Francisco Reiguera, Julio Villarreal y Antonio Momplet. “Asimismo” —escribe el autor— “comienzan a integrarse en esa etapa no pocos guionistas o argumentistas (Manuel Altolaguirre, Max Aub, Eduardo Ugarte, Luis Alcoriza, José Carbó Álvaro Custodio, Alfonso Lepena, Paulina Massip, etc.), escenógrafos (Manuel Fontanals, Vicente Petit, Francisco Marco Chillet), músicos (Antonio Díaz Conde, Gustavo Pittaluga, Rodolfo Halffer, Severo Muguerza) y alrededor de 60 actores. Tal era el número de realizadores españoles dentro del cine nacional que Vega Alfaro considera que se trata de un cine español en el exilio mexicano. Escribe: “La cantidad de nombres antes mencionados, todos ellos partícipes de una larga lista de películas producidas o co-producidas por empresas adscritas a la industria cinematográfica mexicana a lo largo de la década de los cuarenta, permite entender perfectamente la existencia de lo que, no sin reservas y matices, podría denominarse como un ‘cine español en el exilio mexicano [...]’”. Abunda: “Como parte de este fenómeno, había que señalar que, sin contar las múltiples adaptaciones de novela o zarzuelas españolas al contexto nacional, entre 1941 y 1947 se filmaron en México la muy significativa cantidad de 12 películas que ubicaron por completo su trama y acción en diversas regiones de España, principalmente en Andalucía”. Algunas de estas películas fueron dirigidas, incluso, por directores mexicanos que buscaron que los exiliados se sintieran “como en casa o, para usar los términos de la época, en ‘la patria con la mar en medio’”, refiere el autor. Cinco de estas cintas son: Dos mexicanos en Sevilla (1941), de Carlos Orellana, El verdugo de Sevilla (1942), de Fernando Soler, La barraca (1944), de Roberto Gavaldón, El último amor de Goya (1945), de Jaime Salvador y En tiempos de la Inquisición (1946), de Juan Bustillo Oro. “En el balance de toda esa producción fílmica se advierte que en la inmensa mayoría de los filmes citados participaron realizadores, técnicos o actores de procedencia hispana y que la mayor parte de ellos eran refugiados. “Por otro lado, como los mismos títulos sugieren, se trataba de filmes que podrían insertarse perfectamente en los géneros y temas que la cinematografía española venía cultivando incluso desde la etapa silente”, en palabras de Vega Alfaro. Poemas de la Guerra Civil César Vallejo ESPAÑA, APARTA DE MÍ ESTE CÁLIZ Niños del mundo, si cae España —digo, es un decir— si cae del cielo abajo su antebrazo que asen, en cabestro, dos láminas terrestres; niños, ¡qué edad la de las sienes cóncavas! ¡qué temprano en el sol lo que os decía! ¡qué pronto en vuestro pecho el ruido anciano! ¡qué viejo vuestro 2 en el cuaderno! ¡Niños del mundo, está la madre España con su vientre a cuestas; está nuestra maestra con sus férulas, está madre y maestra, cruz y madera, porque os dio la altura, vértigo y división y suma, niños; está con ella, padres procesales! Si cae -digo, es un decir- si cae España, de la tierra para abajo, niños, ¡cómo vais a cesar de crecer! ¡cómo va a castigar el año al mes! ¡cómo van a quedarse en diez los dientes, en palote el diptóngo, la medalla en llanto! ¡Cómo va el corderillo a continuar atado por la pata al gran tintero! ¡Cómo vais a bajar las gradas del alfabeto hasta la letra en que nació la pena! Niños, hijos de los guerreros, entretanto, bajad la voz, que España está ahora mismo repartiendo la energía entre el reino animal, las florecillas, los cometas y los hombres. ¡Bajad la voz, que está con su rigor, que es grande, sin saber qué hacer, y está en su mano la calavera hablando y habla y habla, la calavera, aquella de la trenza, la calavera, aquella de la vida! ¡Bajad la voz, os digo; bajad la voz, el canto de las sílabas, el llando de la materia y el rumor menor de las pirámides, y aun el de las sienes que andan con dos piedras! ¡Bajad el aliento, y si el antebrazo baja, si las férulas suenan, si es la noche, si el cielo cabe en dos limbos terrestres, si hay ruido en el sonido de las puertas, si tardo, si no veis a nadie, si os asustan los lápices sin punta; si la madre España cae -digo, es un decir- salid, niños del mundo; id a buscarla!… Tomado de: César Vallejo, Obra poética completa, Casa de las Américas, La Habana, 1975. César Vallejo nació en Santiago de Chuco, Perú, en 1892. En 1918 publica su primer libro de poemas: Los heraldos negros. Miguel Hernández El rayo que no cesa (fragmento) Un carnívoro cuchillo de ala dulce y homicida sostiene un vuelo y un brillo alrededor de mi vida. Rayo de metal crispado fulgentemente caído, picotea mi costado y hace en él un triste nido. Mi sien, florido balcón de mis edades tempranas, negra está, y mi corazón, y mi corazón con canas. Tal es la mala virtud del rayo que me rodea, que voy a mi juventud como la luna a mi aldea. Recojo con las pestañas sal del alma y sal del ojo y flores de telarañas de mis tristezas recojo. ¿A dónde iré que no vaya mi perdición a buscar? Tu destino es de la playa y mi vocación del mar. Descansar de esta labor de huracán, amor o infierno no es posible, y el dolor me hará a mi pesar eterno. Pero al fin podré vencerte, ave y rayo secular, corazón, que de la muerte nadie ha de hacerme dudar. Sigue, pues, sigue cuchillo, volando, hiriendo. Algún día se pondrá el tiempo amarillo sobre mi fotografía. Pablo Neruda España en el corazón (Fragmento) “Generales traidores mirad mi casa muerta mirad España rota: pero de cada casa muerta sale metal ardiendo en vez de flores, pero de cada hueco de España sale España, pero de cada niño muerto sale un fusil con ojos, pero de cada crimen nacen balas que os hallarán un día el sitio del corazón”. Aluvión de libros sobre la Guerra Civil n aluvión editorial invade las librerías de España al cumplirse 70 años del comienzo de la Guerra Civil (1936-1939), en lo que se muestra como un interés creciente por aquel pasado traumático que derivó en 36 años de dictadura y en una represión cuyos aspectos más concretos se desvelan a una nueva luz. También en México, aunque el mercado para este tema no es tan amplio, sí hubo textos notables. Calificado como uno de los mejores por la crítica es Los rojos de ultramar, de Jordi Soler. Si repasamos la extensa bibliografía sobre la Guerra Civil Española de1939 apreciamos que el hombre es el eje central de los acontecimientos históricamente significativos, tanto en los libros en los que predominan las cuestiones políticas como en aquellos con una proyección social y cultural. Esto se ve muy claro en lo que se refiere a la participación de los republicanos españoles exiliados en México y más en concreto, a la historiografía sobre la Resistencia española desde afuera que se ha registrado en diferentes publicaciones que se encuentran en nuestro país: Tusquets publicó en el 2000, lo que se ha dicho, es la biografía más apegada a la Guerra Civil: La dulce España, de Jaime de Armiñan, el autor habla de su infancia y como algunos intelectuales como Rafael Alberti, Manuel Machado o Federico García Lorca transitaron por su hogar, en compañía de su padre, en tertulias literarias y otras reuniones en esa época tan complicada. La muerte se va a Granada, (Alfaguara 2002). Drama en verso que recrea, con el aliento y la pasión necesarios, la atmósfera de angustia, sometimiento y redención que cubrió de misterio los últimos días del entrañable autor del Romancero gitano. Con esta obra, Fernando del Paso celebra la memoria del altísimo poeta granadino Federico García Lorca en el centenario de su nacimiento. La realidad y el deseo 1924 - 1962. Luis Cernuda poesía completa y del mismo autor un texto que los críticos consideran fundamental, Poesía del exilio, editado en el año 2003, ambos por el Fondo de Cultura Económica. En cuanto a novela Jordi Soler pagó una vieja cuenta que tenía con su familia y publicó Los rojos de ultramar (Alfaguara 2005), habla de aquellos soldados que participaron en la Guerra Civil, pero desde el punto de vista humano. Un emblema de literatura de la Guerra Civil es Ramón Xirau, el Fondo de Cultura Económica editó en el 2002, Entre la poesía y el conocimiento, Antología de ensayos críticos sobre poetas y poesía Iberoamericanos, el libro busca reconstruir la trayectoria de los intelectuales en este periodo histórico por cuatro décadas de creación literaria. Adolfo Sánchez Vázquez publicó en Grijalbo; Del exilio en México, 1997, donde aborda por medio de ensayos a los personajes con diferentes perspectiva de lo que fue la lucha de Francisco Franco en 1936. Joselyn Abellan, escribe en 1998, El exilio filosófico en América, los trasterrados de 1936, FCE, ensayo que presenta a los principales exiliados por ideas contrarias a la República, aquellos primeros intelectuales que llegan a América para abrir camino a un numeroso grupo de pensadores Ibéricos. La novela fantástica aparece con el tema de la Guerra Civil, caso de La espada del general, de Alfonso Iturralde, Plaza y Janes, 1999, donde le da voz a la espada del General Francisco Franco, narrando la vida intima de este personaje. El historiador Fernando Serrano Magallón publicó: “…Duras las tierras ajenas…”Un asilo, 3 exilios, FCE, 2002, aborda lo que le sucedió aquellos intelectuales que participaron en la Guerra Civil, en algunos casos su exilio, en otros, la muerte. Augusto Fernández Guardiola escribió de aquellos hombres de ciencia que llegaron a México: Neurociencias del exilio español en México, 2003, descripción de los científicos que arribaron al país con ideas renovadas sobre la ciencia y otras disciplinas. En España, la contienda —que arrancó el 18 de julio de 1936— ha sido este año eje de numerosas biografías, testimonios, análisis y novelas que llenaron las librerías con el capítulo más negro de la historia española del siglo XX. Desde libros que rescatan la voz de los supervivientes, como Ellos y Nosotros, de la periodista Sofía Moro, o Se levantaron antes del alba..., del checo Arthur London, voluntario de las brigadas internacionales, hasta investigaciones de jóvenes historiadores como Cautivos: campos de concentración en la España franquista, 1936-1947, de Javier Rodrigo. El historiador Santos Juliá coordinó en República y guerra en España los estudios de seis especialistas, uno de ellos la actual ministra de Educación, Mercedes Cabrera, mientras que el joven investigador Jose Carlos Márquez analizó los conceptos en “Cómo se ha escrito la guerra civil” (Lengua de Trapo), para que el lector reconozca la ideología que subyace en los textos sobre la guerra. Del hispanista Paul Preston, la editorial Debate publicó la revisión de su ya clásica La Guerra Civil española y Espasa sacó una Breve historia de la Guerra Civil escrita por su discípula Helen Graham, catedrática de la Royal Holloway University de Londres, y primera historiadora que accedió a los archivos del Partido socialista (PSOE) a principios de los ochenta.

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