La Crónica de Hoy | Vamos a apelar, dice a Crónica Ernesto Lejderman, hijo de Ma. del Rosario Ávalos, mexicana asesinada en Chile en 1973

Vamos a apelar, dice a Crónica Ernesto Lejderman, hijo de Ma. del Rosario Ávalos, mexicana asesinada en Chile en 1973
Nancy Escobar Cardoso | Mundo | Fecha: 25-jul-06 | Hora de creación: 00:00:00 | Ultima modificación: 21:38:17
Álbum. La única imagen que Ernesto conserva de sus padres (izquierda). A la derecha, él siendo todavía un niño junto a sus abuelos en Buenos Aires.
La tragedia que destruyó una familia En las heladas cordilleras de Chile, fronterizas con Argentina, fueron ejecutados a quemarropa, en diciembre de 1973, Bernardo Lejderman, argentino de 30 años, y su esposa, la mexicana María Rosario Ávalos. Desde 2000, que se inició la querella, hasta la fecha, cuatro son los militares procesados por el caso, a quienes un juez de Santiago absolvió la semana pasada del homicidio, abogando la supuesta prescripción del delito. Un caso que toca a México, Argentina y Chile A finales del 2000, Crónica reveló el asesinato de María del Rosario Ávalos, la única mexicana muerta en tiempos de la represión pinochetista, junto a su esposo, un argentino seguidor de las ideas de Salvador Allende. Su hijo Ernesto cuenta ahora a este diario cómo sigue la lucha por que el caso no quede impune. Por este medio reclama a las autoridades nacionales que asuman su lugar en este caso. La voz apesadumbrada de Ernersto Yoliztly Lejderman Ávalos se oye al otro lado del auricular. Se dice angustiado por la reciente resolución del juez Joaquín Millard, quien aseguró que prescribió el delito de homicidio contra sus padres, perpetrado por una patrulla militar del Regimiento Arica de La Serena, en diciembre de 1973. “Lo que exijo y creo tener derecho como mexicano que soy y por ser mi madre la única mexicana asesinada durante la dictadura chilena, a que este caso sea tomado con seriedad, a que se tomen acciones reales de parte de las autoridades mexicanas”, dice a Crónica este hombre ahora de 35 años, pero que siendo apenas un niño presenció el asesinato de sus padres. “El presidente Vicente Fox en su momento envió al que era el canciller Jorge Castañeda a tratar el caso, a quien le agradezco sus palabras en ese momento, pero que dicho sea de paso no supe que hubiera tomado medidas concretas”, confiesa este periodista que ahora trabaja en el Congreso de Buenos Aires. En su dictamen, el juez aplicó la prescripción de la acción penal a favor del ex comandante del regimiento Arica de La Serena Ariosto Lapostol, el brigadier (R) Fernando Polanco Gallardo y los suboficiales (R) Luis Fernández Monje y Héctor Vallejos Birtiola. “Tengo entendido que las presiones políticas de las fuerzas armadas han impedido que el caso vaya más allá. Incluso esta nueva resolución, que vamos a apelar, es contradictoria en sí misma, porque habla de que el delito prescribió por el tiempo, pero los tratados internacionales de Derechos Humanos señalan que los delitos de genocidio no prescriben”, señala. A finales del 2000, Crónica reveló el caso del asesinato de la mexicana María del Rosario Ávalos en tiempos de la represión pinochetista. Su hijo Ernesto cuenta ahora a este diario cómo sigue la lucha por que el caso no quede impune. Ante su imposibilidad para viajar a Chile o a México, usa este medio para reclamar que las autoridades nacionales tomen en cuenta el caso. “No me interesa la ideología que tenga el presidente mexicano, yo lo único que pido es que se haga justicia con una mexicana. No es posible tal impunidad. la única noticia que tuve de alguna queja de la autoridades fue una carta que se leyó hace dos años, pero que no tuvo ninguna repercusión en el ámbito judicial”, reveló. Cómo pasó todo. Era noviembre de 1973 y la junta militar de Augusto Pinochet ya había montado una cacería humana contra disidentes fueran chilenos o no. La historia de él y sus padres desaparecidos, la ha ido reconstruyendo Ernesto con el tiempo. Según los relatos, tras el golpe militar del 11 de septiembre de 1973, la pareja que simpatizaba con el gobierno de Salvador Allende entró en pánico y huyó con el hijo cordillera arriba. Vivieron en cuevas refugiados por el campesino Luis Ramírez. Ramírez contó en su momento a un abogado amigo de la familia: “Faltaban cosas. Un maestro fue a La Serena a recolectar ropa y comida y cometió el error de contárselo a un taxista, un manco muy conocido. El fue quien nos delató al ejército”. Al maestro lo torturaron tanto que delató a Ramírez y cuando lo fueron a buscar la esposa del campesino tuvo tiempo de alertar a su marido y éste a su vez a Bernardo. “Esa madrugada del 8 de diciembre llegó una patrulla militar. Primero corrió Bernardo llevando lo poco que tenían. Atrás iba María del Rosario con Ernesto en brazos. Desde su choza Ramírez escuchó la primera ráfaga de la metralla. Luego escuchó otra”. A Ernesto se lo llevaron los militares con sus documentos de identidad a un asilo. Estuvo unos meses en un colegio de monjas de Vicuña. Después fue entregado a una azafata que lo rastreó y arriesgó su vida por rescatarlo. “No recuerdo su nombre, era amiga de Elisa, mi abuela paterna. Sé que fue ella, la azafata, quien me trajo a Buenos Aires”.
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