Panchos Villa y panteras agreden a la PFP; usaron bates, tubos y varillas; zarandearon a reporteros | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Martes 12 de Abril, 2016

Panchos Villa y panteras agreden a la PFP; usaron bates, tubos y varillas; zarandearon a reporteros

Un golpeador perredista lanza petardos a la Policía Federal Preventiva. Foto: Marco Rosales
Antes del fuego… Hubo policías que, tras el anuncio en el Zócalo, bajaron sus escudos y se reunieron a comer pastelillos chatarra. Los pocos peatones que merodeaban la zona, sabedores de la negativa perredista de marchar hacia el Palacio Legislativo, se reían de ellos y de sus barricadas de tres metros que más allá de las cinco de la tarde habían interceptado apenas a unos cuantos mosquitos atarantados. Este era el saldo del magno operativo millonario: alas de insectos fracturadas y cientos de reclamos vecinales. Después del discurso lopezobradorista, hasta los altos mandos se comieron el anzuelo y ordenaron el envío de más de treinta tráilers para recoger vallas y paredes metálicas. No imaginaban entonces que lo dicho en la Plaza de la Constitución era una especie de ardid para confundir y ablandar el trabajo de vigilancia. “Que se queden con sus tanquetas y sus soldados”, había dicho Andrés Manuel López Obrador, pero pasadas las seis de la tarde, mientras fluían las peroratas en el recinto legislativo, simpatizantes de la coalición Por el Bien de Todos orquestaban el asalto. No eran los miles que se esperaban, pero sí grupos compactos, armados con piedras, palos, tubos, varillas y pedazos de vidrio, adiestrados para el enfrentamiento. Unos caminaban hacia Fray Servando y Congreso de la Unión, otros hacia el cruce con Corregidora; otros más hacia Eduardo Molina. Fue una estrategia sincronizada, planeada, simbólica: dentro del Congreso, el coordinador de los diputados perredistas propiciaba la toma de la tribuna y afuera, los grupos de choque, los más radicales del PRD, se agolpaban frente a las barreras a ritmo de fuego. Había, entre los manifestantes en Fray Servando, quienes se autonombraban líderes del Frente Popular Francisco Villa y del Frente Popular Revolucionario. Muchos, bats en mano, traían cubierto el rostro y sus consignas eran de odio en contra de Vicente Fox, Luis Carlos Ugalde y Felipe Calderón. —Que no pase Fox por aquí, porque lo matamos —gritó uno de los encapuchados. Fueron éstos quienes, con aerosol, incendiaron las cuerdas que reforzaban las barricadas. Unos cargaban rocas para lanzarlas a los uniformados, que para entonces se habían arremolinado detrás de las vallas. Con tubazos y patadas, los protestantes intentaron derribar los obstáculos. —¿Qué no dijo López Obrador que se evitaría la violencia? —Esto ya no lo para nadie, se salió de control —decía enfurecido un panchovilla que se dijo llamar Antonio Martínez. Los empujones y zarandeadas alcanzaron a reporteros. Y luego se extendieron a otros perredistas que no compartían la vía de las flamas. Hubo, por momentos, manotazos y mentadas maternales entre los propios protestantes. Las escenas de golpes y zafarranchos se repitieron en Corregidora, donde se apostaba por abrir boquetes, y en el retén frente a la central de autobuses TAPO, donde otro grupo más pequeño de lopezobradoristas había llegado con garrotes y banderas amarillas. Sólo la huida de Fox, que algunos monitoreaban por radio, aminoró el golpeteo. “Que el traidor ya se fue”… Bastó esa voz para que los hombres cubiertos con paliacates abandonaran sus piedras y huyeran por las callejuelas, temerosos de ser aprehendidos. Antonio Martínez, del Frente, dio el último palazo y amenazó: “No somos muchos, pero somos chingones, y volveremos pronto”. La noche sorprendió a los policías, todavía en resguardo de sus vallas y sus moscos estampados… Minutos después: los tráilers… Y en un tris la ciudad volvió a ser libre.

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