Por rebelde, escribí con faltas de ortografía: Armando Ramírez | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Martes 12 de Abril, 2016

Por rebelde, escribí con faltas de ortografía: Armando Ramírez

Surgido del mero corazón del barrio de Tepito, entre tendederos de ropa y vecindades, Armando Ramírez (1959) conoció desde muy niño el gusto por la literatura, ésa que se hace en las calles, en la plática con el comerciante, con los vagos de la esquina, con los chavos banda y hasta con los carteristas... Él los conoce muy bien y así lo demostró en la sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, donde dialogó con el periodista Miguel Ángel Quemáin en el ciclo Literatura en Voz Alta. Comentó sobre sus inicios dentro de la literatura y del prematuro éxito que obtuvo con su novela Chin Chin el teporocho, que publicó cuando tenía apenas 19 años. “En esa novela lo que yo quería hacer era retomar el habla de la gente que conocía en el barrio de Tepito. Era algo que yo escuchaba todos los días”, dijo Ramírez, quien aún recuerda la buena paga que obtuvo por ese trabajo, en dólares, que le sirvieron para viajar a Acapulco con un amigo, así como la adaptación cinematográfica, en 1975, de Gabriel Retes. Sin embargo, tampoco olvida la discriminación de la que fue víctima tras su éxito. “Imagínate lo que representa ser un güey, hijo de un boxeador y una ama de casa, originario del barrio más canijo de la ciudad de México, y que sea envidiado por Salvador Elizondo”. Entonces recuerda que “fue Edmundo Valadés quien me presentó en una reunión a Elizondo. Valadés muy cordialmente le dijo: 'Te presento a Armando Ramírez'. Elizondo sólo preguntó: '¿él es el escritor de Chin chin el teporocho?', y que se da la vuelta dejándome con la mano extendida. Yo le hice caracolitos y pensé: 'pinche güey mamón'. “Te das cuenta que la discriminación por la inteligencia en México es más dura que muchas otras. Yo me sentí muy bien de que me pudieran ver la jeta”. Justamente, dijo, “mi interés por escribir con faltas de ortografía era en realidad un acto muy consciente de rebeldía contestataria. De decirle a los correctores que 'no cambiaran los errores porque eran justamente la esencia de las personas. Hay que tomar en cuenta que yo venía del barrio y de la idea de la lucha de clases. De hecho, cada vez soy más provocador de manera consciente.

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