La Crónica de Hoy | Mujeres de los 400 pueblos...“Todas nacimos encueradas”

Mujeres de los 400 pueblos...“Todas nacimos encueradas”
A. Olivier Pavón | Nacional | Hora de creación: 00:00:00 | Ultima modificación: 14:06:21
Foto: Marco Rosales
¡Si Botero pasara por aquí...! Amparo se llama. La falda roja cae lentamente por sus gruesos muslos. La mujer mira fijamente un punto indefinido. Es gorda. La fecha, dice 1970. Es un óleo sobre lienzo del pintor colombiano. Y como esa Amparo, lejos del pudor, Alfonsina, Carmela, Rocío, Judith, María Luisa dejan ver las formas gruesas y redondas de sus cuerpos, atípicas, quizás, para el ideal de belleza. Son ellas: Las mujeres de los 400 pueblos que toman por asalto Paseo de la Reforma, a la altura de Insurgentes. Es sábado. Son las 11 de la mañana de un día que comienza frío y que al pasar las horas se torna soleado. Caen las primeras faldas y blusas. Los cuerpos morenos se dejan ver. “Desnudamos la justicia. Pueden ver mi cuerpo pero no mi alma”, cuenta Alfonsina. Morena, de 1.60 de estatura. Rostro en donde las arrugas comienzan a dibujar los 52 años que dice tener. Los silbidos, la sorpresa, las miradas, condescendientes unas, inquisidoras otras, aparecen en las caras de los transeúntes. Los taxistas piropean y los turistas toman fotografías. El ruido de los autos se mezcla con las consignas: “Respuesta”, que más allá, a unos metros, lanzan los hombres de los 400 pueblos. Ellos, a diferencia de las mujeres no están desnudos del todo: algunos usan calzón de manta, trusa o simplemente un short. Sólo los divide de ellas el monumento a Cuauhtémoc. El vestido de percal cayó hace unos minutos, el sostén y el calzón descansan a los pies de la estatua. “Hay mujeres que pasan y nos dicen “señora tápese” y les respondo, “por qué que se espantan de ser mujer, por qué se avergüenzan de ser mujer si todas nacimos encueradas”, platica Alfonsina, quizá la más combativa de estas 14 mujeres que muestran sus cuerpos regordetes, marchitos. Belleza oculta bajos pieles gastadas. Un acto inusitado en la ciudad. Las gordas de Botero se salieron del cuadro. La mujer policía vigila; el transeúnte observa, con ojos ávidos algunos, maliciosos otros. El taxista piropea: “que buena estás”. El anciano del Altima, ese que creció con “tranvía y vino tinto” baja el vidrio: “Las apoyo pero tápense. No porque no estén bonitas sino porque se van a resfriar”, dice galante. Chaparrita, regordeta. Sonrisa tímida. Carmela Pérez, de Chichipuaxtla tiene 40 años, es madre e dos hijos. “Ya están casados, mi hijo se fue pal otro lado y mi hija está aquí, repartiendo volantes”. Carmela es campesina, trabaja los jornales o cuando se puede, de cocinera. “Sí, hace frío, no más que tenemos que aguantarnos; algunas personas nos dicen de todo, pero como quiera aquí estamos”. Cuenta que allá, en su tierra, se dedica a sembrar maíz o naranjos. Para ella, esta manifestación es simple: La intervención del Senado de la República para que reciba a un grupo de campesinos y una denuncia de hechos contra Dante Delgado. “Fue un represor cuando estuvo como gobernador. Nos despojó de nuestras tierras y arrasó con más de dos mil hectáreas, 14 comunidades. Pueblos constituidos, con láminas de cartón, casas de otate. Pero pueblos al fin”. Alfonsina interviene. Señala: “Aquella niña de chamarrita de mezclilla es mi hija, no ha podido ir al universidad”. Su sueño, dice, es “tener un pedazo de tierra para trabajar. No estoy aquí para que me vean las nalgas, no estoy para eso, estoy denunciando la represión que hemos vivido”. En sus ojos negros se asoman las primeras lágrima. Son las mujeres de los 400 pueblos. Son el anhelo del pintor colombiano. ¡Y Botero que no aparece!.
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