La Crónica de Hoy | Para oreja

Para oreja
Verónica Gallardo | Opinión | Fecha: 18-abr-07 | Hora de creación: 00:00:00 | Ultima modificación: 13:30:26
PEDRO INFANTE SÍ HA MUERTO y durante cincuenta años se muere y no sólo una vez cada 15 de abril, muere a cada rato al ver, desde donde se encuentre, todo el merequetengue que se traen sus herederos y su familia verdadera. Ya lo vimos el domingo pasado en su aniversario, cuando se supone deberían estar velándolo hace cincuenta años, cuando México entero se conmocionó con la noticia de su muerte, cuando días después los periódicos más importantes de México publicaban a ocho columnas los suicidios masivos por la muerte del ídolo, cuando la madre de Pedro, doña Refugio, estaba en su sillón rezando un rosario en silencio... Pero ese cuándo jamás quedó grabado en la mente de sus herederos, porque el domingo hicieron una trifulca ante la aparición de un nuevo “heredero”, Armando “Infante” Gutiérrez (este último apellido el que realmente figura en su acta de nacimiento). Eso no sólo debe “matar” a Pedro Infante en cada aniversario de su muerte, quizá eso le haga reír, tal vez diría: “a’dio, ni que fuera tan desobligado”. Porque sí reconoció a sus 17 años a una hija (Lupita Infante López), ¿por qué no reconocer a otros? Pedro Infante tenía para eso y más, tanto en corazón como en dinero, porque nunca dejó de ayudar a quien necesitaba y menos si era de su familia. Vaya, es simple, sólo hay que usar la lógica, ¿si ayudó a sus hermanos, vecinos y amigos, cómo no habría de reconocer y ayudar a un hijo suyo? ¿Qué diría ahora Pedro Infante al saber que la lápida de su tumba se esta subastando? Híjole, difícil decirlo y más suponerlo. Porque pensando en que ayudaba a todos, quizá diría que si su hija, Lupita Infante Torrentera no supiera trabajar ni ganarse el pan por ella misma, entonces estaría muy bien, porque él como padre al menos le habría ayudado. ¿Y qué diría si para hacer eso, hubiera engañado a su hermana consentida, doña Socorro? Entonces cambiaría la cosa, quizá se enojaría y la sentaría en un comal caliente para que aprendiera a respetar lo ajeno. Lo cierto es que no sabremos, porque desgraciadamente físicamente Pedro Infante si se murió el 15 de abril de 1957, calcinado entre los hierros retorcidos de su avión, con la esclava de oro de 18 quilates que llevaba su nombre incrustada en otro cuerpo o quizá por la fuerza de la explosión mimetizada en otro cadáver también calcinado. Su placa de platino calcinada, su torso reducido a menos de 30 centímetros. Lo enterraron en una caja dentro de la cual iban sus cenizas. Y esa tumba ahora ya no existe. Un nuevo lío, un nuevo pleito. Repito que la tumba de Pedro Infante fue comprada por doña Refugio Cruz de Infante cuando el esposo de ésta, Delfino Infante, padre del ídolo, falleció. Ahí, doña Cuquita enterró a su marido, luego a su amado hijo Pedro. Siguió ella y sus otros hijos, Ángel, Pepe, Carmen, Refugio y Rosario. Una tumba hecha para guardar a toda la familia. Así lo dispuso siempre doña Refugio Cruz de Infante, cuando fue al panteón Jardín a comprar el pedazo de tierra que iba a guardar los restos suyos y de sus hijos. Por eso siempre le aseguró a sus otros hijos que no quería cambiar el diseño del lugar donde iban a reposar sus restos. Doña Refugio murió a menos de dos años después que su amado Pedro. Si doña Refugio compró la tumba primero para su esposo con el dinero de Pedro, ¿a quién le importa? ¿Sus hijos en verdad deben ser los únicos que tienen el derecho a rendir homenajes? Lo dijo Pedro Infante Júnior cuando en la tumba de su padre mando a la chi...ada al supuesto hermano. Que sólo ellos tenían derecho. ¿Cuál derecho? El del apellido o el del amor. Eso habría que cuestionarlo, ya que si no mal recuerdo, hace más de seis años cuando yo, sí, yo, estaba en el programa Tómbola de TV Azteca, Lupita Torrentera aseguró que cuando ella se casó con León Michel, los hijos de Pedro Infante llamaban papá a León y que fue éste quien prohibió que en su casa se volviera a mencionar el nombre del único y verdadero ídolo artístico de México. Son escasas las fotos de Pedro Infante con sus primeros hijos, son más escasas con su tercera hija, porque no le dio tiempo. La muerte lo llamó para dejarlo vivo con nosotros, pero parece que no fue así para con su familia. Ahora la lápida que mandó grabar la familia en granito, los floreros y ese diseño original ya no existe. Dicen que por 80 mil pesos fue cambiado. Lo peor es que, al parecer, porque aquí todos como Pilatos, se lavan las manos, fue Lupita Infante Torrentera, su hija quien mandó la lápida o lo que quedaba de ella a una casa de subasta en México, vaya, ni siquiera se fue a su casa para ser mesa de centro de la sala. Ja, y se quejan de que su prima carnal Cecila Zaragoza Infante tenga el comedor que Pedro construyó para su madre y ésta heredó a su vez a su hija Socorro, quien, en vida, pensó que al menos el comedor de Pedro Infante serviría ahora para agasajar en casa de su hija a los invitados que tanto gustaba su hermano tener en casa.
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