Del Ángel no niega que vive de la lucha agraria | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Lunes 11 de Abril, 2016

Del Ángel no niega que vive de la lucha agraria

César del Ángel Fuentes al ser entrevistado en el campamento de los 400 Pueblos instalado en Paseo de la Reforma e Insurgentes. Foto: Marco Rosales
Un ademán, una mirada suya es suficiente para movilizar a los campesinos, para silenciarlos en medio del estruendo citadino y para acelerar el trabajo de las mujeres en la cocina al aire libre. “A mí me gusta la buena comida: un platillo huasteco, un buen pescado, carne enchilada o cecina. Y un vinito sabroso”. —Pero eso no es lo que comen los campesinos… —Eso es lo que comemos aquí, en el campamento. Al rato las viejas van a hacer tamales y pozole. Si tienes una vieja huevona no te hace nada, pero en mi casa y aquí sí saben cocinar y no se necesita mucho dinero. César del Ángel Fuentes habla con desenfado. Desde que en 1970 se incorporó a la Confederación Nacional Campesina (CNC) ha vivido, dice, de la lucha agraria. Cuatro años después y tras ser encarcelado en su estado natal, Veracruz, estructuró el Movimiento de los 400 Pueblos, que desde el 2002 incorporó a los paisajes de la ciudad cuerpos de hombres y mujeres desnudos. Ha hecho de la desnudez, en Reforma e Insurgentes y otros puntos defeños, su instrumento de protesta y negociación política. —¿Qué poder de fascinación puede tener un hombre de 67 años para convencer a campesinos de desnudarse ante el mundo? —se le pregunta. —Aquí manda el que tiene más huevos —dice. Argumenta, además, que encuerarse es una distinción del Movimiento: “Nos diferencia del resto de las organizaciones, así nadie nos confunde con partidos o asociaciones electorales. Los campesinos lo hacen por rabia, por hartazgo, han sido golpeados, encarcelados, perseguidos”. Desvestirse, con Del Ángel, es una estrategia: por cada 15 días de protesta con mujeres libres al atardecer, una jornada de hombres en pelotas. Y si la coyuntura lo requiere, su método es incrementar las exhibiciones varoniles. “Evitamos al máximo el desnudo de hombres, porque sí es muy fuerte: el pene pesa, pero cuando hay que llamar la atención de las autoridades, ni modo”. —¿Y usted se ha desnudado? —No, por respeto a los campesinos. —¿Ni por solidaridad? —Sería una pose de mi parte, no me gusta disfrazarme de lo que no soy. Aunque ha sido líder campesino por más de 35 años, admite que nunca ha trabajado en el campo, que los machetes lo desmayan y que ni siquiera sabe subirse a los burros o caballos: “Una vez lo hice y me subí al revés, de frente a la cola”. Abanderó la causa campesina, pero lo de él es otra cosa: en 1992 fue reaprehendido junto con su esposa; en 1994 salió libre y obtuvo un amparo, pero en 1995 volvió a la cárcel, donde estuvo hasta 1999. Culpa, de sus peripecias carcelarias, a los ex gobernadores de Veracruz Dante Delgado, Patricio Chirinos y Miguel Alemán. “Castigarlos por lo que me han hecho se ha convertido en cuestión de honor”, dice. Eso, justicia por las “privaciones ilegales” de la libertad y el despojo de tierras, es prioridad de los 400 Pueblos. Contra Delgado, hoy senador, han interpuesto denuncias penales en Veracruz y el Distrito Federal y, a la par, han diseñado una fórmula de reclamo personal: cuando hace frío, utilizan su imagen como taparrabos. —Un líder campesino que no conoce el campo… —A mí que me pidan pantalones para seguir la lucha. —¿Vive de esto? —Soy economista: la organización tiene su economía y yo tengo la mía. —¿Lo que tiene lo ha conseguido por ser dirigente? —Vamos al día. —Se habla de que tienes casas, coches, departamentos, ranchos… —Tengo mi casa, mi camioneta y un despachito en Tlatelolco. ¿Departamentos? No, al menos que me estén cargando los que tienen mis hijos. —En este país ser líder de una organización es sinónimo de riqueza… —Aquí gastamos más de lo que tenemos, no rentamos autobuses ni nos hospedados en hoteles lujosos, todo es por sacrificio. Traemos a nuestras mujeres para resistir, para que hagan la comida y nos den fortaleza. No es movimiento de hombres sino de familias. —¿A poco se queda a dormir en las casas de campaña? —No es lo mío. —¿Y marcha? Porque los campesinos llegan marchando desde sus pueblos. —Eso sí, de vez en cuando: caminar es lo que más me sirve. —¿Cómo se financia el grupo? —El que tiene más tierras da más y al que no tiene lo ayudamos. Además nos apoya la Central de Abasto con frutas y verduras y el boteo, que en un día bueno nos da hasta 8 mil pesos; 3 mil los utilizamos para imprimir volantes. —Ocho mil pesos no alcanzarían para subsidiar un campamento con 700 personas… —No, gastamos como 2 millones de pesos al mes, pero hay dos o tres mil personas apoyándonos desde Veracruz. Asegura que no tiene partido político, “pero si uno toma bandera y resuelve nuestras demandas, nos vamos con él”. Así ha sido su vida en velero. De la CNC a los 400 Pueblos. De Carlos Salinas a Cuahtémoc Cárdenas. De Heberto Castillo a Vicente Fox. A Miguel Ángel Yunes, por ejemplo, lo persiguieron cuando era subsecretario de Gobernación, en el sexenio de Ernesto Zedillo. En la gestión de Fox, cuando Yunes llegó a la Subsecretaría de Seguridad Pública, se olvidaron de él. “Ahí sí hubo una negociación —admite Del Ángel—. Pero es que Fox dotó de tierras a 100 de nuestras familias y cómo lo íbamos a chingar”. De 13 mil campesinos que iniciaron el movimiento en 1974, hoy solo quedan dos mil. —¿Cuánto tiempo resistirán? —Hasta que se haga justicia. No nos vamos a dejar, esto es para toda la vida, es el pacto que asumimos dos mil personas. —A lo mejor más campesinos se van a cansar… —Es probable, pero así me quede solo voy a seguir. Lo mío no es estar detrás de un escritorio, lo mío es la lucha, la protesta… Hasta que me muera.

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