El gran Porfirio Remigio - Rafael Cardona | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Lunes 11 de Abril, 2016

Rafael Cardona

El gran Porfirio Remigio

Ignoro si los perredistas —cuya futura conducción partidaria cuelga de hilos de protesta—, han estudiado filosofía. Mucho menos si la ciencia política nutre su pensamiento y por consecuencia conduce u orienta sus acciones. Quizás algunos sean autodidactas o en otros casos muy posibles pertenezcan a corrientes de pensamiento ajenas a las clasificaciones tradicionales. No lo se. Algunos de ellos, como Alejandro Encinas militaron en el Partido Comunista y por eso es de suponerse cuáles fueron sus lecturas de juventud: Engels. Marx, Bakunin quizá. No conozco, ni imagino siquiera, en cuáles textos abrevaba Alejandra Barrales quien pasó sus primeros años de juventud a bordo de muchos aviones en los cuales, de manera profunda, como un Hamlet indeciso ante el ser o el no ser, les preguntaba a los pasajeros: ¿café o te? O les ordenaba como un severo comisario soviético: “abróchese el cinturón y enderece su respaldo”. Jesús Ortega, por otra parte tiene una noble formación politécnica. Estudió Biología en el Instituto Politécnico Nacional, y desde hace muchos años milita en la izquierda lo cual lo ha llevado, con toda certeza, a saber de asuntos sociales, más allá de los estreptococos y las mutaciones resistentes de las amibas. Los militantes de la izquierda suelen ser personas educadas. Cuando uno mira al Tíbiri Tábara, con ese aspecto tan distinguido, aprueba de plano el color rojo escarlata de su Mercedes Benz. Le queda, le queda… Y nadie podría juzgar por su aspecto al Musulmán, a quien le han colgado el sambenito de haberse robado papelería indispensable en el embarazo de urnas, práctica añeja atribuida a los operadores del PRI y para la cual se necesita papelería real. Si no, no pega, pues. Y eso lo sabe bien —entre otros— el neoperredista José Guadarrama, caballero de fama impecable y diamantina. Ayer por la tarde los correos reventaban con líneas como éstas procedentes del equipo de campaña de la señora Barrales: “Nos preocupan (los incidentes) porque incluso han llegado a hacer uso de la fuerza pública, a la compañera Alejandra Marques Torres, se la llevaron detenida porque hay un despliegue importante de funcionarios en Venustiano Carranza y abiertamente hacemos responsable al delegado Julio César Moreno de lo que suceda con esta compañera… Esto de alguna manera es la respuesta que seguramente ustedes conocieron en la mañana, abiertamente dijimos que vamos a estar muy observantes de lo que suceda de manera particular ahí en Venustiano Carranza… No le dieron ningún argumento, la detuvieron con alguna acusación…fuerza pública, la policía de la delegación”. Pero también llegaban mensajes como éste, procedentes de la organización “chuchista”: “Hubo un robo de boletas como ustedes saben... no se hizo ninguna acusación sobre quién había sido de parte de la gente de Encinas, nosotros (JOM) supimos inmediatamente quién se había robado las boletas y lo denunciamos como ustedes saben… Se ha puesto una denuncia ante la Procuraduría de Justicia del Distrito Federal y según tengo entendido, se anda localizando al responsable de este robo, al presunto responsable de este robo. A juicio nuestro, lo tenemos perfectamente localizado, sabemos quién es, sabemos a qué grupo político interno pertenece y además sabemos la intencionalidad que tenían”. Pero en la política pasan otras cosas raras. Una de ellas era hasta ayer por la tarde el paradero del señor Arturo Narváez de la Cruz, quien tenía un cargo de organización electoral en Tabasco, donde contiene para presidir el PRD, el señor Ramiro López Obrador, hermano de quien usted ya adivinó. El señor Narváez salió de su casa a las seis de la mañana y doce horas después, nadie lo había visto u oído. “No sabemos ni siquiera dónde está el funcionario electoral y no podemos hasta este momento acusarlo de robo”, señaló un hombre ante cuya capacidad deductiva Sherlock Holmes habría muerto a dentelladas por el sabueso de los Baskerville. Por eso me imagino a Paco Malgesto preguntándole a Porfirio Remigio —ese sí un filósofo universal de los mexicanos—, por quién votaría en una contienda perredista, si por éste o por aquel. Su respuesta es la misma de millones: Con todo respeto, pa’mi Paquito, que los dos son ojetes…” racasa@hotmail.com

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