La Crónica de Hoy | Ateneo de la Juventud La crónica de una amistad

Ateneo de la Juventud La crónica de una amistad
Juan Carlos Aguilar García | Cultura | Hora de creación: 00:00:00 | Ultima modificación: 22:57:35
El Ateneo de la Juventud es el producto más acabado de la reforma educativa juarista. Casi todos sus miembros estudian en escuelas nacionales, institutos científicos o literarios y en colegios civiles. Se forman en el proceso de consolidación del Estado laico”, consideró Susana Quintanilla, doctora en Filosofía y Letras por la UNAM, y autora del libro Nosotros. La juventud del Ateneo de México (Tusquets). Para Carlos Monsiváis, lo destacable es que “en el grupo, la cultura clásica grecolatina fue un elemento indispensable para alcanzar la modernidad”. Estas son sólo dos reflexiones de las muchas que surgieron durante la charla que mantuvieron ambos autores en el Centro Cultural de España, a modo de presentación de Nosotros..., libro que se comenzó a gestar en 1984, cuando Quintanilla abordó el tema en la tesis que le sirvió, precisamente, para alcanzar el grado de doctora. Se trata de una investigación que inicia en 1906, año de la aparición de la revista Savia Moderna, y termina en 1911, cuando José Vasconcelos es nombrado último presidente del Ateneo —integrado por figuras como Pedro Henríquez Ureña, Alfonso Reyes, Martín Luis Guzmán y Julio Torri—, justo el periodo con el que inicia la mayoría de los estudios que se han realizado sobre el tema. Pero el libro es, al menos, tres cosas más: la crónica de una amistad que surgió del gusto por la literatura, la historia del nacimiento de una generación esencial para la transición hacia el México moderno, y un recuento de las personalidades que se perdieron en el olvido, y de otras que trascendieron, pero que luego se extraviaron en los disparates de su mente. LOS OLVIDADOS. “El Ateneo tuvo 52 integrantes, de los cuales muchos se quedaron en el camino, pues la memoria histórica eligió sólo a algunos cuantos. Entre estos está un arquitecto, Jesús T. Acevedo; y un filósofo, a quien las brumas lo anularon y desaparecieron, que es Antonio Caso”, señaló Monsiváis. Quintanilla agregó a dos más: Ricardo Gómez Robelo, traductor de Edgar Allan Poe y quien trajera a México a Tina Modotti, y Alfonso Cravioto, fundador de Savia Moderna. “Queda, desde luego —toma de nuevo la palabra Monsiváis— Alfonso Reyes, al que se lee poco y se menciona mucho. Queda Henríquez Ureña, el primero que plantea de una manera magistral un mapa cultural de América Latina. “Permanece también Julio Torri, un prosista notable con una imaginación muy fértil y con una ironía que en su momento no encontró respuesta. Ahí está Martín Luis Guzmán, el gran narrador de la Revolución Mexicana. El águila y la serpiente, además de haber sido declarado el mejor libro de crónicas del siglo XX, sigue siendo el anecdotario con prosa clásica del que uno no se separa si quiere entender la Revolución”. Al último, al que consideran el más influyente del grupo: Vasconcelos. “Es el único —continuó Monsiváis— que concibe en verdad un proyecto nacional sobre los hechos. Logra algo único: un proyecto cultural que está a la altura de la parte hazañosa de la Revolución. Por eso cuando se habla del Ateneo de la Juventud, siempre se menciona a Vasconcelos aparte. Lleva a cabo el proyecto del Ateneo y su propia visión mesiánica”. Le secundó Susana Quintanilla: “Sin él, el Ateneo hubiera vivido mucho menos tiempo del que vivió (poco más de dos años), y nunca habría cobrado la vitalidad, la fuerza y la energía que llegó a tener”. “Vasconcelos es el único de su generación que entendió el significado del destino. Los demás entendieron el significado de progreso y evolución”. Fue entonces cuando el autor de Días de guardar recordó una de las grandes hazañas de Vasconcelos: su cruzada educativa, en la que recorrió todo el país repartiendo ejemplares de los clásicos. “Con estas ediciones, no está pretendiendo inundar con clásicos el país, el tiraje es apenas de 16 mil ejemplares. Cuando Álvaro Obregón se burla de él porque considera que los clásicos no van a dar de comer, la respuesta de Vasconcelos es muy concisa: no es tanto lo que lean, sino el hecho de que el Estado como tal recomiende libros, porque eso le dará la garantía de ser también rector (no orientador) de lecturas”. LEGADO. A decir de Monsiváis, uno de los aportes más importantes del Ateneo de la Juventud es su introducción de la idea de “rigor” como concepto formativo de una generación cultural. “No hablo del rigor de un abogado o un médico, sino del rigor como un concepto formativo de la cultura en un momento en que todo era improvisación y bohemia en torno de una mesa de cantina”. Pero no todo marchó bien dentro del grupo. Hubo diferencias irreconciliables, celos y, al final, hasta una reunión en la que se decidió “quién sí y quién no” perteneció al Ateneo. De entre las diferencias más grandes, recuerda Quintanilla la que protagonizaron Reyes y Guzmán. “Ellos nunca se hablaron de tú. Además de ser muy despreciativo con Guzmán, Reyes le augura un futuro siniestro”, comentó Quintanilla y detalló: “Después de algunos años, cuando se reúnen para hacer una lista de los integrantes del Ateneo, deciden incluirlo debido a que su obra comienza a destacar, literalmente se apropian de su nombre, porque en realidad perteneció muy poco tiempo al grupo”. DECLIVE. También fue materia de reflexión la “lamentable” situación en la que terminaron por lo menos dos de sus más connotados miembros. Por un lado Martín Luis Guzmán, el “mejor testigo” de la Revolución, luchador incansable porque la educación fuera laica, que al final se le recuerda por haber felicitado a Gustavo Díaz Ordaz. Más patético es el caso de Vasconcelos, quien al final de sus días, completamente amargado, hizo una versión censurada de Ulises Criollo. Monsiváis lo resume así: “Vasconcelos es el triunfo, el fracaso, la tragedia, el resentimiento y la simpatía por Hitler en sus desdichados años finales...”.
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