La Crónica de Hoy | Aborto y delincuencia

Aborto y delincuencia
Andrés Pascoe Rippey | Opinión | Fecha: 30-ago-08 | Hora de creación: 00:00:00 | Ultima modificación: 11:43:07
Una de mis películas de culto favoritas, Escape de Nueva York (1981, John Carpenter), planteaba que para 1997 el crimen en Estados Unidos habría aumentado en 400 por ciento. La situación sería tal que la isla entera de Manhattan se convertiría en una gigantesca prisión en la cual los reos crearían su propia sociedad. Era una visión que, a finales de los 70, no era ciencia ficción: era la predicción de la mayor parte de los especialistas. En efecto, desde los setentas y hasta los ochentas el crimen en EU aumentó dramáticamente (más de 80 por ciento), y los expertos creían que esa espiral no sólo se mantendría, sino que se radicalizaría. Predecían, por ejemplo, la existencia de “súperdepredadores”, un nuevo tipo de criminal que generaría “baños de sangre” en el corazón de la sociedad. Predecían que se llegaría un punto de colapso. Pero no sucedió. No sólo eso, sino que a principios de los noventas empezó un largo y consistente descenso en el crimen, hasta llegar a niveles de los 50. De pronto, los esfuerzos policiacos que siempre habían fracasado empezaron a funcionar. Los crímenes se redujeron, en particular los más violentos. Existen muchos intentos de explicar este fenómeno: mejoras en la economía, mejores estrategias policiacas, mayor control de armas, sentencias más duras y largas, más policías, etc. La mayor parte de ellas pueden tener algo que ver y pueden ser relevantes, pero hay una que es particularmente significativa: la legalización del aborto. Eso es lo que plantean los economistas Steven Levitt y Stephen Dubner en su libro Freakonomics. A través de regresiones y análisis de datos, estos economistas determinaron un vínculo directo entre la legalización del aborto en EU en 1973, y un dramático declive en la criminalidad 20 años después. Levitt y Dubner plantean que, tras la legalización del aborto, 1.6 millones de mujeres al año recurrieron a ese derecho. Eso significó aproximadamente un aborto por cada 140 estadunidenses, lo cual en términos estadísticos no es muy dramático. Pero sí fue radical el hecho de que las mujeres que accedieron al aborto eran otras: en lugar de ser sólo las damas con dinero (y por tanto capacidad de acceder a caros abortos ilegales), eran todas las que –por la razón que fuese – sentían que no debían tener a ese hijo. Es, para muchos, difícil entender este hecho. Es duro llegar a la conclusión evidente que estamos construyendo: dejaron de nacer muchos eventuales delincuentes. Pero, antes de que griten, se den golpes de pecho y se indignen, pensemos un poco en la evidencia. En los estados de EU en los que se legalizó el aborto antes y que tuvieron mayores índices de abortos, el declive delincuencial no sólo es más radical, sino que los delincuentes eran cada vez más viejos. En las entidades que tenían leyes de aborto antes de la legalización general en todo el país (Nueva York, California, Alaska, Washington y Hawai), el crimen empezó a caer antes que en los otros estados. Los datos son claros: los hijos no deseados tienen una mayor propensión a ser criminales. El libro Freakonomics ha sido atacado violentamente por sus conclusiones, pero aún así parecen sostenerse. Los críticos, más bien, se han inclinado a hacer un ataque moral, tipo “¿esto significa que hay que hacer ejecuciones preventivas?” (Una ironía: en el libro concluyeron que la pena de muerte no tiene ningún efecto directo en la baja de la delincuencia). Naturalmente no son ejecuciones preventivas. Pero lo que evade toda crítica es el hecho que los hijos que son amados, que nacen producto del deseo de los padres donde hay condiciones para tenerlos, criarlos y quererlos, tendrán una mucho menor propensión a ser criminales que aquellos que nacen producto de violaciones o en condiciones de desamor y miseria. El aborto es una cosa terrible, eso está claro. Sin embargo, en la víspera de la mega marcha contra la delincuencia “Iluminemos México”, y a la luz de la situación desesperada y descontrolada de criminalidad que está viviendo nuestro país, no podemos dejar de preguntarnos qué error hemos cometido como sociedad. Porque sí, claro, es culpa de los políticos. Es culpa de 70 años de gobiernos priistas corruptos, culpa de ineptitud panista, culpa de policías vendidos, malpagados, maleducados y malqueridos. Pero también es culpa nuestra como sociedad al no haber exigido más y mejor antes. De vivir de la mordida, de no respetar la instituciones, de permitir la existencia de un sistema que no cumple. De la filosofía de “el que apaña sobrevive”. De la irremediable apatía ciudadana. Sí es –también— nuestra culpa. La exigencia ciudadana se cruza, extrañamente, con la reafirmación del aborto legal en México. Es un momento de oportunidad, de convertir la tragedia en algo que nos haga una mejor sociedad. Evitemos que México sea la concreción de la pesadilla de Escape de Nueva York. Y, por supuesto, debemos recordar que la mejor forma de tener menos delincuentes es educando a nuestros hijos para que no lo sean. Quererlos –y querer tenerlos– es un paso en esa dirección. apascoe@cronica.com.mx
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