¡Espurio! - Fernando Rivera Calderón | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Lunes 11 de Abril, 2016
Esta semana ha nacido un nuevo héroe de “la resistance”. Un estudiante curiosamente llamado Andrés le gritó “espurio” al Presidente y se convirtió en el nuevo estandarte de la disidencia juvenil. ¿Por qué? Porque su grito detonó una vez más el rostro intolerante del gobierno y al chavo lo incomunicaron y se lo llevaron detenido por haber expresado su opinión, mientras el Presidente hablaba precisamente de libertad de expresión. Un error imperdonable de la Presidencia y de sus equipos de seguridad que fallaron dramáticamente en su encomienda, ya que nada vulnera más a un gobierno que la exhibición descarada de su autoritarismo. Lamento mucho la situación, porque creo que a estas alturas no deberían suceder actos represivos de esa naturaleza en México, y porque creo que el chavo tenía derecho a decirlo sin que tuviera que pasarle nada, sin embargo, tampoco aplaudo el sentido de la protesta de este joven émulo de López Obrador. Creo que al decirle “espurio” a Felipe Calderón gastó su cartucho en vano y, aunque muchos ahora lo vean como el nuevo adalid de la libertad y la nueva víctima de la represión y la censura del Estado, en su grito a Calderón sólo logró convertirse en una repetidora más del canal del Peje, en uno de los muchos robots programados para decirle “espurio” a Calderón. Yo conozco un montón de esos. Memorizan lo que dice el Peje y luego te lo repiten como si ellos lo hubieran pensado. Es más, cuando te lo dicen, hasta hacen cara como de que lo están deduciendo en ese momento, cuando tú ya lo leíste en La Jornada por la mañana. Cuando estos seres (a los que llamaré Pejebots) dicen “espurio” como que se les llena la boca y sienten que están arrojando sus palabras de despecho como si éstas fueran el mismísimo Juan Escutia arrojándose con la bandera nacional. Cuando dicen “espurio” sienten que luchan, que resisten, que hacen la revolución. Imaginan en la inocencia de su pedestre insolencia que Calderón siente cada vez que dicen espurio, igualito que el aficionado pueril que le mienta su madre al árbitro a sabiendas de que está en su casa viendo el partido por televisión. Claro, puede ser que este muchacho no sea un pejebot. Puede ser que sea un nostálgico y que en vez de pensar en decirle algo a Calderón, que nos remitiera a sus pifias en la lucha contra el crimen organizado, o a su necedad de tener a Mouriño en Gobernación, o a su cobarde y costosa tolerancia a la rapiña sindical, o a su narcisismo mediático, o a su apoyo al góber precioso y al Ulises Ruiz, decidió recordar los días postelectorales del 2006 cuando Andrés Manuel López Obrador, al no contar con elementos medianamente convincentes para demostrar su “victoria” (elementos que, para ser justos, tampoco tuvo Felipe Calderón) decidió autoproclamarse presidente legítimo endilgándole a su rival el estigma de “espurio”, un apodo mucho más pegador que el de “presidente legítimo” y que de inmediato encontró eco entre los pejebots. Si yo hubiera sido este chavo y tuviera su edad no le hubiera gritado “espurio”, primero, porque no es original. Segundo: porque está trilladísimo, y tercero: porque no corresponde a lo que habría que gritarle a Calderón en estos días. ¿Por favor? Me cae que una mentada de madre hubiera sido mucho más oportuna y coyuntural, ¿pero espurio? ¿Qué es eso? No manches, Andrés, ¿para eso querías tus 15 minutos de fama warholiana? Hubieras dicho lo que hubieras dicho, igual el Estado Mayor te iba a “levantar”... ¿por qué no pensarlo un poco más? Lo que sí le reconozco a este joven es el hecho de haberle dicho “espurio” a Calderón en su cara. Eso tiene su mérito. Y no porque el brazo siempre prepotente y represor del Estado Mayor le haya dado una probadita de su fuerza, sino por esa manera en la que su protagonismo juvenil interactuando con su conciencia política logró un momento que será citado y recordado los años venideros. Y porque López Obrador, a pesar de repetir su famoso “espurio” por toda la República jamás, jamás se lo ha dicho a Felipe Calderón en su cara. Tal vez por eso el Peje no ha tardado en declarar: “mi tocayo es la pura verdad”. En fin, espero que si este muchacho, en vista del éxito obtenido, decide seguir por esa senda y convertirse algún día en, no sé, un Gerardo Fernández Noroña, por ejemplo, pues que por lo menos invente sus propios insultos o que se actualice un poco para que éstos encuentren eco entre todos (Y que conste que esto no quiere decir que lo que le hicieron después no sea una bajeza de Estado).

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