In memóriam, doctora María Luisa Ortega Delgado - Alfonso Larqué Saavedra | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Lunes 11 de Abril, 2016

Alfonso Larqué Saavedra

In memóriam, doctora María Luisa Ortega Delgado

En diciembre de 1969 conocí a María Luisa, como todos la llamábamos, en un laboratorio que estaba ubicado en el sótano del departamento de fitotecnia de la Escuela Nacional de Agricultura, ahora Universidad Autónoma de Chapingo, en donde estaban sus cámaras de cromatografía en papel.
Su impecable bata blanca y su sonrisa siempre amable eran de inmediato una invitación a tener una charla fructífera. Me sorprendió su disposición a atenderme sin haber hecho cita y sobre todo a comentar la investigación que estaba desarrollando. Era un modelo de trato a los estudiantes poco usual y pronto se estableció una relación académica que duró muchos años y de la que aprendí a valorar con especial cuidado por el significado de sus enseñanzas.
La doctora Ortega es, sin lugar a dudas, una de las mujeres pioneras de la ciencia en México y, específicamente, de la bioquímica agrícola en nuestro país.
Nació en Pánuco, en el estado de Veracruz en 1927, cursó la carrera de químico bacteriólogo parasitólogo en la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del Instituto Politécnico Nacional. En esa misma institución obtuvo su grado doctoral en Bioquímica en el año 1964, por su trabajo con la enzima mexicaína, que había sido extraída del fruto del árbol que conocemos como bonete por el doctor Manuel Castañeda Agulló, uno de los científicos que llegaron durante el exilio español y quien era experto en las enzimas llamadas proteasas. Fue una de las mujeres dedicadas a la ciencia que inició el programa de realizar parte de su formación doctoral en una universidad líder en el campo de su especialidad fuera del país, como un requisito para la obtención del grado académico. En este contexto, realizó una estancia de investigación en la Universidad de Colonia, en Alemania, de 1958 a 1960.
Su definición por impulsar la investigación científica en las ciencias agrícolas de este país le llevó a integrarse, al término de su programa doctoral, al Departamento de Suelos de la Escuela Nacional de Agricultura en Chapingo, invitada por el maestro Nicolás Aguilera y, posteriormente, se incorporó a la Rama de Botánica del Colegio de Posgraduados en 1970. En esta institución funda el Laboratorio de Bioquímica Agrícola y establece el curso de posgrado con el mismo nombre, que impartió durante más de 30 años. Ahí también fue profesora investigadora y directora del Centro de Botánica del citado Colegio. Fue miembro del SNI desde su fundación.
Los que compartimos su amistad y enseñanzas pudimos apreciar, además de su gran calidad humana y su gusto por la ópera, su voluntad de que se aceptara a la bioquímica como fundamental en el estudio de las plantas de interés agrícola, es decir, de las plantas cultivadas, de las que publicó más de 200 escritos. Sus contribuciones al tema.
Es importante resaltar que iniciar y establecer un laboratorio de bioquímica no es tarea fácil y menos en la década de los sesenta. La tramitología para la adquisición de equipo era monstruosa porque prácticamente todo era de importación y los servicios aduanales desconocían la terminología. El equipamiento, desde luego, fue el reto inicial más fuerte. “No se puede hacer bioquímica sin instrumentación y equipo. La bioquímica es una ciencia experimental que requiere los instrumentos básicos”, señalaba en sus interminables gestiones por apoyo.
Una buena parte de su tiempo en los primeros años los dedicó a montar el laboratorio y con el equipo básico empezó el camino de desarrollar la investigación científica de la bioquímica de plantas cultivadas, en México.
En su primera etapa en el sector agrícola, la doctora Ortega desarrolló trabajos con la materia orgánica de suelos y posteriormente se estructuró un proyecto que involucraba el estudio de las colecciones de maíz y frijol. Se buscaba explicar los procesos bioquímicos del desarrollo en relación con la producción de semillas y la composición química de éstas, seleccionadas de colecciones específicas, con fines de fitomejoramiento. Realizó estudios sobre la distribución de carbohidratos y nitrógeno en los órganos de las plantas y su relación con el rendimiento de semillas, así como conducir investigación con las enzimas relacionadas con la germinación de las semillas de maíz.
Con la doctora Ortega y el doctor Josué Kohashi, fisiólogo egresado de la Universidad de Harvard, en 1970, iniciamos un proyecto al cual ahora consideramos cada vez más valioso. Estudiamos cómo la sequía afectaba el comportamiento de maíz llamado latente con el objeto de sentar las bases de cuáles eran las características bioquímico-fisiológicas sobresalientes del citado material considerado tolerante a la sequía. Se hicieron los primeros estudios, en México, de lo que ahora llamamos ajuste osmótico y de los carbohidratos presentes durante la sequía en maíz. Así nació lo que podría llamarse la bioquímica de las plantas cultivadas bajo sequía.
En la década de los setenta, cuando se inicia el grupo de bioquímica vegetal en la Facultad de Química de la UNAM, María Luisa Ortega se suma a un proyecto de esa institución, conjuntamente con los genetistas del Colegio de Posgraduados, quienes proveen un material seleccionado de maíz muy valioso llamado Zacatecas 58 con 12 ciclos de selección; realiza investigación con rubisco, enzima involucrada en la fotosíntesis.
En 1975 se crea un proyecto de gran visión en la rama de Botánica del Colegio de Posgraduados sobre el frijol llamado PIIF, que integraba diferentes áreas de investigación básica o fundamental, como la etnobotánica, fisiología vegetal, taxonomía, anatomía, morfología vegetal, genética y desde luego bioquímica. El grupo de académicos participantes, colegas de egresados de la Universidad de Harvard, California, Cambridge, etcétera, con un interés genuino en la planta de frijol, formaron la célula inicial que permitió establecer una forma de trabajo dentro de la ciencia bastante original en México, modelo que sería después imitado en otras instituciones del país. Las primeras contribuciones al conocimiento de la bioquímica de frijoles silvestres y cultivados fueron realizadas bajo la dirección de la doctora Ortega. Ella mostró especial interés por las globulinas, que son las principales
proteínas de reserva de la semilla de frijol, estudios que más tarde publicó.
Ella comentaba que inició su actividad docente en 1949, pero una vez integrada en el ambiente agrícola dictó numerosos cursos sobre bioquímica a nivel de licenciatura en los departamentos de zootecnia, fitotecnia y suelos, de la ahora Universidad Autónoma de Chapingo y en otras instituciones como profesora invitada. A nivel de posgrado, como ya se señaló, es sin duda la fundadora del primer curso de posgrado de Bioquímica Agrícola que se estructuró en México, al que atendían estudiantes de diferentes especialidades de posgrado, fitopatología, fruticultura, genética, ciencia animal, botánica, etcétera. De esta forma su papel en la historia de la docencia en esta disciplina queda claro para los especialistas en este campo. Durante su vida profesional formó numerosos recursos humanos a todos los niveles de diversas instituciones. Por su trabajo recibió diferentes reconocimientos, entre los que destaca el Premio Nacional de Ciencias y Artes en 1996. La distinción al mérito politécnico al recibir la Presea Lázaro Cárdenas. Fue profesor investigador emérito del Colegio de Posgraduados desde 1998.
El 11 de abril del presente año fallece la doctora María Luisa Ortega en la ciudad de México, después de más de 40 años ininterrumpidos de hacer bioquímica agrícola en nuestro país. Deja un ejemplo de mujer impulsora de la ciencia en México.

* Miembro del Consejo Consultivo de Ciencias de la Presidencia de la República (CCC)
* Profesor Investigador del Centro de Investigación Científica de Yucatán, A.C. (CICY)

consejo_consultivo_de_ciencias@ccc.gob.mx

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