La Crónica de Hoy | La ofensiva conservadora

Notas relacionadas
La ofensiva conservadora
Andrés Pascoe Rippey | Opinión | Fecha: 06-feb-10 | Hora de creación: 13:20:53 | Ultima modificación: 13:20:53

No sé a qué se debe, pero no tengo ninguna duda de que hoy el progresismo sofisticado —aquel que no requiere de los gritos y la prepotencia para decir lo que piensa— está sumergido en una especie de timidez políticamente correcta que tendrá graves consecuencias.

Me refiero específicamente a dos representantes de este sector que, desde el gobierno, están viendo cómo se desbarata su agenda debido en gran parte a la actitud taciturna de sus aliados: Barack Obama y José Luis Rodríguez Zapatero. Los paralelos entre ambos líderes son notables.

El jefe del Ejecutivo español estuvo en Washington esta semana en un evento con el presidente de Estados Unidos, llamado el Desayuno Nacional de la Oración. Zapatero, agnóstico, dio uno de los mejores discursos que ha dado en los últimos años. En él, Zapatero supo dar un tono de oración a un planteamiento político, recordando la importancia de proteger al trabajador y defender la diversidad e igualdad, atacando el prejuicio y el odio que de este emana.

A Zapatero no le ha tocado nada fácil, y sin embargo es incuestionable que ha sacado a España del siglo XIX y lo ha traído al XXI: sus leyes, de las más progresistas de Europa, han reconocido las parejas homosexuales, ampliado los derechos de las madres solteras, mejorado las condiciones de las minorías y, quizá el avance más importante, ha consolidado la laicidad de la educación pública.

Todos sus logros, sin embargo, palidecen ante lo único que importa hoy en día: la economía. Aunque España es el único país de la zona Euro que no tuvo que entregar cifras multimillonarias a sus bancos para salvarlos de la quiebra, su desempleo disparado —del 18.5 por ciento— y la falta de dinamismo de su mercado interno lo tiene arrinconado por todos los frentes, incluso desde su propio partido.

Si bien las economías europeas han sufrido con la crisis y tienen altos niveles de desempleo, España es la que más lentamente está recobrando impulso, y la desesperación de la gente se siente: la última encuesta colocó al Partido Popular a 3.5 puntos de ventaja sobre el PSOE, a pesar de que su líder, Mariano Rajoy está peor evaluado que Zapatero.

Obama está más o menos en las mismas: a pesar de estar impulsando leyes fundamentales para la justicia social estadunidense —en particular la reforma de Salud— el alto desempleo y las dificultades económicas nublan la claridad de su discurso. Obama, con todo, tiene mejores pretextos: recibió una economía destruida por la irresponsabilidad de los republicanos, dos guerras y un déficit bestial. Pero él es ahora el responsable político.

Zapatero también puede decir que la economía construida por Aznar era una ficción: dependía por completo de los recursos que recibía de la Unión Europea, y cuando ese pozo se secó, sumado a la crisis financiera, la situación se volvió insostenible.

Ambas problemáticas tienen un factor en común: son crisis de confianza. En efecto, la guerra constante, tupida, feroz y pertinaz que libra la derecha —tanto la gringa como la española— contra sus respectivos jefes de gobierno han minado la opinión pública y la percepción de los agentes económicos, limitando el margen de acción de los líderes.

Es notable el caso de Obama. Los demócratas, que tienen una mayoría como nunca antes, son completamente incapaces de pasar sus leyes, de funcionar como un bloque y de forzar sus puntos de vista. Avasallados por la dureza, radicalidad y furia de los republicanos —y en particular de sus voceros— el presidente de los Estados Unidos, con mayoría en ambas cámaras, es incapaz de pasar cualquier ley o proyecto. Están paralizados, aterrados y pasmados.

Los republicanos se sacudieron el marasmo de la derrota electoral y de inmediato se lanzaron a la ofensiva. Lo hicieron sin miedo y sin compasión. Son una oposición “ciega”, en el sentido de que votan contra todo lo que proponga el presidente. Funcionan como bloque. Y les está funcionando. Han logrado que Obama pierda su respaldo popular a velocidades récord y han establecido en el imaginario público que el desempleo es culpa de las políticas económicas demócratas y no del desastre de la era Bush.

Zapatero lleva ya más tiempo en el poder, por lo que no puede justificar la situación a partir de la burbuja económica de la época de Aznar, si bien ahí comenzó el problema. Ahora, los medios de derecha y la oposición del PP están trabajando de forma decidida para mermar el gobierno y bloquear sus iniciativas, bajo la lógica de que conviene más un Estado fallido que un gobierno socialista.

Ante estas ofensivas conservadoras, la izquierda progresista tiene que aprender a mostrar los dientes. No confundamos eso con la intransigencia de una izquierda autodestructiva y cerrada; lo que se necesita es una izquierda que no sea tímida en defender su agenda, en impulsar sus proyectos y en explicarle a la sociedad la importancia de consolidar los avances sociales.

Tanto Zapatero como Obama necesitan, urgentemente, retomar el control de su agenda. Seguir intimidados con la furia conservadora será el naufragio de su proyecto.

apascoe@cronica.com.mx

Artículos de interés


Columnas
  | A-  | A  | A+

La Crónica de Hoy | Todos los derechos reservados ©2013 Powered by GYL Systems