El mundo agasajó a México en 1910 con obsequios como estatuas, relojes monumentales y devolución de reliquias cívicas; el uniforme de Morelos, entre ellas | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Lunes 11 de Abril, 2016

El mundo agasajó a México en 1910 con obsequios como estatuas, relojes monumentales y devolución de reliquias cívicas; el uniforme de Morelos, entre ellas

Devolución. El uniforme de Morelos, perfectamente protegido, desfiló hasta Palacio Nacional. Fotos: Bertha Hernández y Archivo

Las reliquias, laicas o religiosas, son parte usual y relevante en las conmemoraciones. Dan cuenta del vértigo de días no vividos, de los recuerdos que se desempolvan y que un día fueron alarde de modernidad o gesto político de alto nivel.
Los obsequios menudearon a lo largo de ese septiembre de 1910. De todos ellos, los más notorios se integraron al paisaje de la capital mexicana y otros se han mudado a donde la voluntad política o la modernización los han llevado.
LO MODERNO. Dos vistosos relojes fueron regalos del Centenario. Uno, proveniente de la colonia china en México, se colocó en el cruce de las calles de Atenas y Bucareli, donde permanece. Tres años después de su inauguración, los cañoneos de la Decena Trágica lo dejaron semidestrozado. Para los festejos del Centenario de la consumación de la Independencia, el gobierno de Álvaro Obregón lo mandó a reparar y lo reinauguró. En los próximos meses, volverá a ser acicalado para las fiestas patrias. Este reloj no llegó solo; venía acompañado de un juego de muebles finos y adornos que constituyen el Salón Chino del Castillo de Chapultepec.
El otro reloj, obsequio de la colonia otomana, es conocido por los capitalinos como el Reloj Turco. Se colocó muy cerca de la casa de Porfirio Díaz y del Colegio de Niñas. Hoy, la calle de Cadena, donde vivía el presidente, se llama Venustiano Carranza; el Colegio de Niñas es el Club de Banqueros, no queda nada de la fuente de las ranas que algunas investigaciones ubican ahí y sólo permanecen el Reloj Turco, en proceso de restauración, y la escultura de la rana cantora que parece haber estado ahí desde siempre.
LO SIMBÓLICO. Estados Unidos estrenaba embajador: Henry Lane Wilson, que todavía no mostraba su enorme capacidad de daño, estuvo en la puesta de la primera piedra del monumento a George Washington (originalmente emplazada en la colonia Juárez, a media cuadra de La Crónica de Hoy y que hoy se encuentra en la segunda sección del bosque de Chapultepec.
Francia, aparte de unas llavecitas mexicanas que se les habían quedado de medio siglo atrás, ofreció una estatua de Louis Pasteur, en Paseo de la Reforma. El tiempo le ha permitido permanecer en su emplazamiento original y recientemente ha sido objeto de restauración.
Los germanos decidieron no quedarse atrás: en plena Biblioteca Nacional, en el cruce de la calle de Uruguay con Isabel la Católica, allí sigue la estatua de Alexander Von Humboldt, como parte del patrimonio de la UNAM.
Más incierta ha sido la suerte del monumento a Giuseppe Garibaldi, ofrecido por la colonia italiana, quien además donó la escultura de San Jorge de la Academia de San Carlos, que hace cinco años cayó al piso cuando los ambulantes de la zona quisieron sujetarse de ella. Apenas en febrero se terminó su restauración. En cuanto a Garibaldi, pensado para colocarse en la colonia Roma, es hoy un busto en la pequeña plaza del cruce de Guaymas y avenida Chapultepec, que, en los últimos tiempos, ha sido liberado del intenso graffiti que padeció durante años.
 

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