La fragilidad humana y los abusos retratados en El camino de sinsol | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Viernes 14 de Octubre, 2016

La fragilidad humana y los abusos retratados en El camino de sinsol

Cuadro. Una de las escenas del monólogo que se presenta en la sala Xavier Villaurrutia.

La ausencia del amor, la soledad del individuo y el abuso sexual, están presentes en la obra El camino de sinsol, de los dramaturgos Fátima Paola e  Ignacio Escárcega, una narración breve, subjetiva, cuya libertad estructural permite involucrar personajes, incidentes, música y descripciones emocionales que parten de las vivencias de Elena, una mujer que tomó su maleta para tratar de olvidar el pasado doloroso en un pueblo de historias sombrías y en un lugar donde nunca sale el sol.
Elena coincide con un hombre misterioso llamado Testigo, a la sombra de un árbol seco para hablar del primer amor. El encuentro se lleva a cabo entre coqueteos, miradas de complicidad y un juego de atracción con tintes juveniles, hasta que el Testigo se incorpora a las butacas como un espectador. En silencio, observa el desempeño de la actriz en un escenario tipo caja negra, desprovisto de elementos escenográficos ostentosos y caracterizados por la sencillez y síntesis. La presencia del Testigo es casi imperceptible, aunque se justifica para acentuar dramáticamente el relato de Elena.
La intérprete encarna en este unipersonal a tres mujeres vulnerables a la violencia en un collage de escenas que permiten transitar libremente por diversos escenarios: desde una pequeña comunidad, un bar, hasta una ciudad, de tal manera que se rompe el sentido del tiempo. Elena es la mujer que abandonó el pueblo en busca de un camino de esperanza: “Regalo”, la hermana que vive el desamparo afectivo y la disfuncionalidad familiar, y “Fiera”, la madre, que desde el hogar perpetúa situaciones de maltrato y humillación con sus hijas y congéneres.
Elena recuerda su infancia y gusto por la historia de El mago de Oz, de Lyman Frank Baum, con la que se identifica porque asegura que tres monstruos se encargaban de convertir en tornado la casa donde habitaba junto con su hermana. La historia de la huérfana Dorita es una proyección del mundo interno de las hermanas que se valen de un recurso infantil para interactuar con personajes ficticios y representar el hecho amargo de la vejación.  Este juego de ficción las enfrenta con la recreación del abuso y deja en evidencia su endeble interior. Otro punto es la depresión y abandono que padece “Regalo”, la cual no ubica su funcionalidad en el mundo y por lo cual intenta liberarse de los sentimientos de dolor y rechazo  a través del suicidio: “Aquí no sale el sol, por eso nunca supe cuál era mi latitud”.
El discurso es acompañado por canciones como “La bruja”, “Quizás, quizás, quizás” y “Elena”, esta última autoría de Fátima Paola. En cuanto al movimiento espacial, la cercanía con el público facilita tocar el vasto universo femenino presentado y basado en lo emocional y la herencia cultural que se transmite de generación en generación, causante primordial de la violencia. El camino de sinsol, es un eterno recorrido que expone un problema de salud pública como la violencia.

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