Ada E. Yonath, Nobel de Química 2009, habla a Crónica sobre cómo los ribosomas traducen información del ADN para dar vida | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Viernes 14 de Octubre, 2016

Ada E. Yonath, Nobel de Química 2009, habla a Crónica sobre cómo los ribosomas traducen información del ADN para dar vida

participación. La Nobel de Química, Ada E. Yonath, señala que siempre ha tenido un gran interés por comprender al mundo. Foto: Laura Vargas-Parada

Desde que se otorgó el Premio Nobel por primera vez en 1901, sólo 39 mujeres han recibido tan alta distinción. En contraste, más de 800 hombres han aceptado el mismo galardón. Si consideramos sólo los campos de la física, química y medicina, únicamente 15 mujeres ganaron el premio de un total de 543 laureados. Dos de estas excepcionales mujeres cuentan a Crónica sobre su trabajo y sus vivencias en el marco de la 61 Reunión de Premios Nobel en Lindau, Alemania.
En 2009, Ada Yonath, Venkatraman Ramakrishnan y Thomas A. Steitz recibieron el Premio Nobel de Química por haber demostrado cómo la información contenida en el ADN se traduce en miles de proteínas encargadas de dar forma y función a nuestras células.
Yonath es la cuarta mujer en ganar el Nobel de Química.
— ¿Qué pasó por su mente cuando supo que había ganado el Nobel? –se le preguntó al terminar una sesión donde discutió sus investigaciones con jóvenes científicos asistentes a la Reunión de Lindau.
— Fue una sorpresa, a la vez no tan sorpresa—, responde con expresión agotada después de un intenso día de trabajo. Sus grandes rizos blancos con rayos grises están despeinados y sus ojos color miel tratan de sobreponerse al cansancio.
— No le entiendo —le digo mirándola fijamente.
— Hacía tiempo que me decían que el proyecto podía ganar, pero habiendo tanta  gente con grandes proyectos era difícil imaginar que fuera posible—, explica más con cansancio que con emoción. Tiene una voz profunda y un acento muy marcado que resalta las erres.
De acuerdo a la Academia de Ciencias sueca el premio se otorgó a Yonath “por sus estudios sobre la estructura y función del ribosoma”. Trabajando de forma independiente, Yonath, Ramakrishnan y Steitz lograron elaborar un mapa detallado de la ubicación de cada uno de los cientos de miles de átomos que conforman a los ribosomas –un gigantesco complejo de moléculas que se encuentra dentro de las células y que se encarga de producir proteínas.
Sus descubrimientos fueron posibles con la ayuda de poderosos aceleradores de partículas que producen intensa radiación lo que permite estudiar las propiedades de la materia. Yonath utilizó los rayos X  producidos en el acelerador para ubicar la posición de cada uno de los átomos que conforman a los ribosomas. Una computadora y programas de software muy sofisticados permitieron el análisis de los datos.
Una vez conocida la estructura del ribosoma, fue posible estudiar cómo funcionan a nivel atómico.
Fábrica de proteínas. Todo comienza en el núcleo de cada una de nuestras células, donde el ADN —la molécula de la herencia— contiene la información para hacer proteínas. La información contenida en el ADN está escrita en un alfabeto de cuatro letras de bases químicas o nucleótidos: A, C, G y T.
Cuando un gen —un pedazo de ADN que tiene las instrucciones para hacer una proteína— se copia en un ARN, el mensaje viaja del núcleo al ribosoma.  El ARN es un pariente químico del ADN que actúa como mensajero. Los ribosomas, por su parte, son las fábricas para producir proteínas. Cuando el mensaje en forma de ARN llega al ribosoma, se lee la información que contiene y se usa como receta para ensamblar aminoácidos en un orden preciso para construir una proteína en particular.
Para la década de 1960, los biólogos ya conocían este proceso, pero no había manera de comprender más sin descifrar previamente la estructura detallada del ribosoma. Una tarea que en aquel entonces parecía imposible. Para estudiar una molécula a nivel atómico es necesario cristalizarla (tenerla en forma suficientemente pura para obtener cristales).
Por más intentos que se habían hecho, no había sido posible cristalizar las moléculas que conforman al ribosoma.
Osos polares y mar muerto. A finales de la década de 1970, Yonath decidió resolver el asunto. En la conferencia Subir al Everest y más allá del Everest que dictó el pasado 27 de junio en Lindau, Yonath explicó “los osos polares cuando hibernan, empaquetan sus ribosomas de forma regular y ordenada. Este fenómeno se asoció con el estrés, en este caso producido por el frío, como un mecanismo que permite guardar grandes cantidades de ribosomas funcionales que podrán ser utilizados cuando las condiciones de estrés desaparezcan”.
Yonath se preguntó si sería posible obtener estas estructuras ordenadas en dos dimensiones para luego convertirlas en el laboratorio en cristales en tercera dimensión que pudieran estudiarse por métodos químicos.
Ante la perspectiva de perseguir osos polares, Yonath se concentró en algo más accesible, una bacteria que vive en el mar muerto, en condiciones de estrés, en este caso por la gran cantidad de sal de su ambiente. Logró obtener cristales de las distintas moléculas que conforman al ribosoma.
Para analizar sus cristales, Yonath utilizó una técnica conocida como cristalografía de rayos X (la misma que se usó para dilucidar la estructura del ADN). Los cristales son expuestos a rayos X, que al chocar con los átomos de la molécula producen patrones de puntos y manchas que pueden ser leídos por una computadora para reconstruir la estructura de esa molécula.
Pero lograr conocer la ubicación exacta de cientos de miles de átomos no es tarea fácil. Tomó más de 25,000 intentos lograr obtener el primer cristal de un ribosoma y más de 20 años conseguir que los cristales fueran lo suficientemente buenos para producir patrones reconocibles con los rayos X.
“Fue como subir el Everest, y una vez que estás en la cima, descubrir que hay otra montaña más alta que escalar”, dice Yonath de aquellos años. Finalmente, en el año 2000, Yonath publicó sus resultados, el mismo año que sus colegas Steitz y Ramakrishnan, publicaron los suyos.
CIENCIA. Ada Yonath nació en Jerusalén, Israel, en 1939, y obtuvo su doctorado en el Instituto Weizmann de Ciencias. En ese mismo lugar continúa, a la fecha, buscando respuestas a sus preguntas.
—¿Por qué decidió dedicarse a la ciencia?
— Siempre tuve un gran interés por comprender el mundo, dice sonriendo ampliamente por primera vez. Cuando era niña decidí que quería saber cuánto medía una habitación, del piso al techo. Puse una silla sobre una mesa, y un banco sobre la silla y así, pero antes de llegar al techo me caí y me rompí un brazo. Ese experimento quedó inconcluso.
— ¿Sus padres tuvieron alguna influencia en su gusto por la ciencia?
— No, eran muy pobres y no tuvieron educación formal. Ellos solo querían para mí lo que yo quisiera. Así que cuando quise estudiar, me dieron todo el apoyo para que pudiera hacerlo.
—¿Qué se necesita para hacer grandes descubrimientos?
—Tienes que amarla [a la ciencia], olvidarte de cualquier otra cosa y dedicarte al problema que te interesa, ese problema debe ser fundamental y si tienes familia debes amarla también. Así es como yo he hecho mis descubrimientos.
El trabajo de Yonath tiene importantes implicaciones médicas. Varios antibióticos funcionan al pegarse a los ribosomas de las bacterias, lo que permite paralizarlas sin dañar al huésped (en este caso, nosotros). Yonath explica: “La resistencia a los antibióticos va en aumento. Es un problema grave que debemos atender. Con los conocimientos que tenemos ahora [sobre cómo funcionan los ribosomas] estamos en posibilidades de diseñar fármacos nuevos o mejorar los existentes”.
— ¿Qué le diría a los estudiantes mexicanos que piensan en la posibilidad de estudiar una carrera científica?
— Si verdaderamente les gusta, y tienen pasión por lo que hacen, deben hacerlo”. Y mientras lo dice, finalmente, brillan sus ojos con esa pasión que ella siempre ha tenido por su actividad favorita: comprender cómo funciona el mundo.

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