La importancia de la inteligencia emocional en el ámbito educativo | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Viernes 14 de Octubre, 2016

La importancia de la inteligencia emocional en el ámbito educativo

La inteligencia emocional puede definirse como el conjunto de destrezas, actitudes, habilidades y competencias que marcan la conducta  de un individuo, su comportamiento y reacciones. Daniel  Goleman, reconocido psicólogo estadounidense, la define textualmente como “la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos y los de los demás, de motivarnos y de manejar adecuadamente las relaciones”.

Carlos Armando Ávila Cota. Psicólogo Educativo y Gerente Académico de AMCO®, Líder en investigación, desarrollo e implementación de metodologías educativas, comenta que se puede asegurar que en los últimos 20 años, el concepto de inteligencia emocional ha estado vigente y ha cobrado una importancia mayor tanto en el desarrollo laboral y profesional, como en el proceso de aprendizaje  en  la escuela., aunque cuando hablamos de este tema regularmente relacionamos este concepto con sentimientos que creemos, lo cierto es que no tienen nada que ver con aspectos académicos, profesionales o con el logro del éxito o la felicidad real en la vida.

Es necesario desarrollar la inteligencia emocional en los niños, ya que está íntimamente relacionada con la formación del autoconcepto y la autorealización. Los niños interactúan con los adultos para lo cual es importante el desarrollo de habilidades emocionales que les permitan conceptuar y entender las propias emociones y las de los demás. En este sentido, no es fortuito que la UNESCO haya incluido como pilares de la educación los aprendizajes ligados al conocer, ser, hacer, vivir juntos y transformarse.

El estímulo de la inteligencia emocional en los niños les permite interactuar de forma sana, respetuosa, empática y tolerante con los demás y, con ello,  ir construyendo una sociedad cada vez más sana emocionalmente.

Los ambientes afectivos  donde se desarrolle la competencia social de los niños generarán  comportamientos positivos y adecuados, que harán posibles en este tipo de ambientes, la autopercepción del éxito, la aceptación de los otros, e, incluso “celebrar” las diferencias,  además de desarrollar y eficientar la adaptación,

Asimismo, cabe señalar que los objetivos educativos han cambiado en los últimos años. De hecho, estamos viviendo un periodo de  transición entre los objetivos educativos centrados exclusivamente en el conocimiento, hacia otros objetivos mayormente incluyentes, donde ya se integran, además de los conocimientos, una serie de competencias que mejorarán, en gran medida, el “perfil” de la humanidad.

De la misma manera, los logros afectivos y emocionales abarcan el trato interpersonal, la independencia, la disciplina, la responsabilidad, la autoestima, la comprensión de sí mismo y de los demás e, incluso, la alegría de vivir y el positivismo.

Conviene recordar que durante la primera infancia es vital ir formando al niño en relación a valores fundamentales, como el respeto, para promover y estimular la inteligencia emocional. Otro aspecto es la empatía; es importante “entrenar” al pequeño en la visión empática, para lograr que tenga  la capacidad de entender y llevarse bien con los demás.

La asertividad, la seguridad en sí mismo y la capacidad de comunicarse de forma efectiva, son aspectos fundamentales en el desarrollo emocional de un niño. Un niño asertivo tiene una emocionalidad sana, es capaz de expresar su opinión y defenderla, es capaz de decir “no” y no sentirse culpable por ello. Un niño seguro de sí mismo, es emocionalmente capaz de afrontar críticas, comentarios negativos, así como comentarios de otros. En resumen, sabe lo que es y de lo que es capaz.

En relación a la comunicación, la inteligencia emocional parte de la idea de que el niño sea capaz de “conceptualizar” sus sentimientos y sus emociones y expresarlas de la mejor forma.

Por otro lado, las implicaciones de la inteligencia emocional en el desempeño escolar son indiscutibles. Para que el niño potencialice sus competencias, debemos promover  ambientes emocionalmente sanos y para lograrlo, es necesario incluir metodologías educativas que visualicen al niño como un ser integral.

Socialmente resulta imprescindible promover las relaciones interpersonales, el poder de decisión, la empatía, el autoconcepto, la autoestima  y la asertividad, a partir del currículo escolar; “Sembrar ahora para una mejor sociedad del mañana”.

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