La Crónica de Hoy | Nietzsche y el feminismo Y réquiem por Chávez

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  (Olimpia Flores Ortiz)


Nietzsche y el feminismo Y réquiem por Chávez
Olimpia Flores Ortiz | Opinión | Fecha: 2013-03-10 | Hora de creación: 15:08:17 | Ultima modificación: 15:08:17

Hay un cierto dogmatismo del feminismo vulgar –aclaro- que tiende a descalificar todo saber que no sea explícito a favor de las mujeres. De tal suerte, que desde Platón, hasta la fecha, la filosofía estuvo, en el peor de los casos impregnada del rechazo a las mujeres y en el mejor, ha sido incompleta. Esta idea de que por humanidad entendemos al Hombre. Y de ahí, la construcción del lenguaje que cierto es, subsume el acontecer de las mujeres y por ello el entendimiento entre los sexos y la consecuente confrontación.

Mi descripción grosera, por general, la ilustro con el comentario de una compañera de aulas, de las que desertó, porque allí no tenían “perspectiva de género”: se trataba de abordar a la violencia desde las miradas fundamentales de la filosofía y el psicoanálisis. Me lo dijo, convencida de que yo entendería y compartiría su frasecilla.

El discurso feminista, tiene un centro: el de las libertades, el derecho a decidir. De ahí se desprende el discurso de los derechos y el despliegue de una agenda. Agradezco a Nietzsche su aportación fundamental: el de la ausencia de destino y por lo tanto, la propia responsabilidad como necesidad. ¿No es desde ahí desde donde reivindicamos nuestro potencial de poder? Yo quiero, yo puedo. ¿No fue el discurso nietzscheano el que abrió el cauce para la insubordinación?  ¿No puso en la mesa el problema de la singularidad en tanto sujeto (sujeta) para sí mismo y no para ninguna obediencia?

“¿…acaso sería la moral una un instinto secreto de aniquilación, un principio de ruina, de empequeñecimiento, de calumnia, u comienzo del final? ¿Y en consecuencia, el peligro de los peligros?...Contra la moral, pues, se levantó entonces (se refiere a él mismo) con este libro problemático, mi instinto, como un instinto defensor de la vida, y se inventó una doctrina y una valoración radicalmente opuestas de la vida, una doctrina y una valoración puramente artísticas, anticristianas. ¿Cómo denominarlas?” Friedrich Nietzsche en el Ensayo de Autocrítica previo a su libro El Nacimiento de la Tragedia, escrito para la tercera edición de esta obra.

Son estas conclusiones suyas, las que inauguran un cambio de era, antes y después de Nietzsche, un pronunciamiento a favor de la vida, del que nosotras nos hemos adueñado, yendo contra la moral, por otra política cultural. No pudo prever que derivará necesariamente en lo que para nosotras es central, el cuestionamiento del orden falocrático, a consecuencia de rechazar esa moral y el orden que lo sustenta.  El mismo, un hombre acosado por las mujeres de su familia, difícilmente pudo tener en mente, que su nuevo orden cultural implicaría fundamentalmente a las relaciones entre los sexos.

¿No fue de esa suerte que pudo surgir poco después la teoría psicoanalítica de Freud, otro “misógino” que aportó la posibilidad de liberarnos de nosotras mismas como reproductoras y víctimas del discurso del orden moral y sus huellas en el inconsciente?

¿Y que más adelante tuviéramos un Foucault que tuvo a bien hacernos el favor de evidenciar los dispositivos de la alienación (hospital, escuela, fábrica); y desmitificar los conceptos de salud mental y normalidad, bajo cuyos criterios a las mujeres se nos sigue discriminando y violentando hasta el exterminio?

Un ocho de marzo de propuesta holística. De comprensión profunda, acompañado de un trazo social, involucrado con mujeres específicas que tienen vínculos y lazos también específicos, los que constituyen las circunstancias en las que su opresión tiene lugar. Ir hacia un discurso que reivindique además del derecho a decidir sobre el propio cuerpo, el derecho a desplegar el Deseo como energía motora de toda transformación posible.

La ausencia de destino y de sujeción por la moral, nos haga vivir la vida propia como una obra de arte. Y eso es con otras, con otros.

Otra política cultural.

Y así las cosas, no quiero dejar ir a Chávez sin aludirlo. No puedo enclaustrar mi opinión, en la oposición maniquea de estar a favor o en contra de este dictador tan instintivo y carismático para las masas susceptibles de ser interpeladas por él. No estoy ni a favor ni en contra, es otra mi postura. Insisto en que este populismo como la violencia en Medio Oriente, se corresponden con la fuerza del imperio y sus adláteres de Occidente. Miseria y crisis, tras el discurso democrático  que en este mundo desigual genera injusticia y violencia. Surgen contra respuestas tan radicales como el poderío al que contestan. ¿Por qué entonces la parcialidad del juicio? Por fuerza de la repetición resulta que creemos. Juicio facilón de la pantalla chica. El nené Loret de Mola, anda mostrándonos el dolor fervoroso, y las facetas de la Venezuela pobre y violenta, ergo, el juicio ha lugar. Banalidad pura.

Lo mejor de la democracia, es que aún no existe.

Olimpia Flores Ortiz

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