El naufragio del hambre - Rafael Cardona | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Lunes 11 de Abril, 2016

Rafael Cardona

El naufragio del hambre

En la memoria no hay espacio para recordar cuándo sonó por primera vez cualquiera de estos conceptos: policía social, asistencialismo, paternalismo; Estado benefactor; filantropía, rescate de los necesitados, labor por los desposeídos, Sistema Alimentario Mexicano, Cruzada contra el Hambre...

No recuerdo quién es el autor de la frase, pero evidentemente no es mía. Su profundidad la aleja de mi invención, pero no de mi comprensión. Me habría gustado explicarlo todo así de fácil, así de sencillo: la “política social” es el carro para llevarse a los heridos de la política económica.
En la memoria no hay espacio para recordar cuándo sonó por primera vez cualquiera de estos conceptos: policía social, asistencialismo, paternalismo; estado benefactor; filantropía, rescate de los necesitados, labor por los desposeídos, Sistema Alimentario Mexicano, Cruzada contra el Hambre, Compañía Nacional de Subsistencias Populares; IMSS-Complamar, programa Solidaridad, programa Oportunidades, programa, programa.
—¿Le servimos su programa con tortillita o así nomás?
El asistencialismo es hijo (o hermano al menos) de una de las grandes virtudes teologales, como les llama la Santa Madre Iglesia: la caridad. En el fondo es la preocupación por el otro, por el prójimo al quien debemos amar como a nosotros mismos.
Pero un gobierno de honda raíz revolucionaria no se anda con  virtudes sensibleras; se le llama responsabilidad social, pago de la deuda con los desposeídos, con los indios despojados, con los pobres de abajo y más abajo; redención como anhelo de gobiernos comprometidos con dar de beber al sediento y jamás al hambriento, así sea un plagio de la vieja y siempre fracasada doctrina de la Iglesia.
Por eso cada gobierno incorpora a los muertos, pide el viático y presenta con  platillos y tambores el más humanitario, significativo, benéfico y restaurador de sus programas sociales: el combate a la pobreza, la solidaridad con los miserables, el rescate de los desposeídos con  quienes se debe ser solidario y humano.
Por todos esos motivos se ha desplegado en este gobierno la Cruzada contra el Hambre, cuyo logotipo es de lo más convincente: las manos unidas (símbolo del esfuerzo común) se convierten en tenedores, utensilios de mesa (también llamados cubiertos) inventados (dicen) en la Francia monárquica para no mancharse los dedos como taquero fodongo.
Pero tan hermoso proyecto no reúne a veces la comprensión de todos los responsables de echar a andar los mecanismos distributivos, compensatorios, equilibrantes y demás,  tendientes a la deseada igualdad entre los hombres a quienes Dios ha hecho iguales, pero el mundo disparejos.
La “Cruzada Contra el Hambre” (CCH, para los cuates) le fue encomendada por este bienhechor gobierno a Rosario Robles, una mujer aguerrida y muy famosa por sus actividades políticas, quien, sin  embargo, no goza de la simpatía de los tiburones de su antigua bahía: los perredistas, quienes en furibundo arranque la echaron de sus filas y ahora le quieren condicionar la puesta en marcha de la parte urbana de su cruzada.
El jefe de Gobierno ha dejado las cosas en manos de los delegados de Tlalpan, Iztapalapa, Gustavo Madero y Álvaro Obregón, con lo cual se ha firmado el acta mortuoria del dicho programa.
—¿Cómo?
Pues así de simple. Los programas sociales nunca han servido para el desarrollo social, sino para la persuasión  electoral, la gratitud gástrica, la manutención de los desposeídos o al menos la parcial subvención de sus necesidades a cambio de la promesa de seguirles haciendo el favorcito de ayudarles a sobrellevar su pobreza.
Los partidos, en el gobierno o fuera de él, necesitan pobres para aplicar programas sociales contra su pobreza.
Por eso se jalonean y se tiran la toalla los unos a los otros. Por eso se ha producido la ausencia de Rosario Robles en la junta con los delegados, quienes se rehusaron a conversar con Ramón  Sosamontes Herreramoro, quien además de tantos apellidos dobles tiene la función de asesorar, acompañar y ayudar en todo su trabajo a la señora secretaria.
Tampoco les importó la presencia de Aurelio Nuño, el jefe de la Oficina de la Presidencia. Ellos tienen otro proyecto político, otras clientelas y una absoluta autonomía territorial en la ciudad de México. Mancera le sopla al jocoque y deja pasar el toro. No se mete en la faena de otros.
Y en la Sedesol le aconsejan algunos a doña Chayito no echarle dinero bueno al mano.

“LADY SENADO”
Hace unas cuantas semanas conduje una mesa de debate en el Foro Nacional de Turismo en Quintana Roo. Ahí conocí (para mi pesar) a la senadora Luz María Beristain. En lugar de hablar de turismo, se tiró un  rollo político cuya extensión sofocaba al sufrido auditorio y al atribulado moderador. Y para colmo, para no decir nada.
Pero no me impresionó por su capacidad rollera, sino por su infructuosa vehemencia. Casi como quien alega memeces por llegar tarde a un vuelo.
Ahora la tunden a diestra y siniestra por su prepotencia. Yo no le veo defecto a la prepotencia, le veo tintes de tragedia al ridículo disfrazado de poder. Invocar una condición de senadora para comportarse como verdulera litigiosa (con perdón de las vendedoras de papas y legumbres) nos demuestra lo escaso de sus méritos para ocupar un lugar en el Senado. Así sea por el PRD.
 
COSAS RARAS
Dicen en Oaxaca los bien enterados que Bulmaro Rito Salinas, director de Coplade (Coordinación para la Planeación del Desarrollo Estatal) en tiempos de Ulises Ruiz, tiene la misma condición del tesorero de Granier Melo, el ahora famoso José Manuel Sáiz Pineda: en cajas de huevo (a huevo) tiene más de 80 millones de pesos escondidos en la casa de Gerardo Ordaz Luna (a) El Molote, quien se ha doctorado en el sano arte de prestar el nombre, poner la fachada y servir de testaferro.  
—Pásele, jefe.

racarsa@hotmail.com

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