Salvador Allende, un demócrata marxista - René Avilés Fabila | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 29 de Diciembre, 2016
Salvador Allende, un demócrata marxista | La Crónica de Hoy

Salvador Allende, un demócrata marxista

René Avilés Fabila

Cuatro décadas. No parece mucho tiempo. Pero son cuarenta años sin Salvador Allende. La noción del tiempo cambia. Quienes lo vimos y escuchamos, creemos que fue hace siglos. El mundo esperanzador que vivió y trató de reconformar, por el que dio la vida, como Ernesto Guevara, es parte de una historia remota, distante. Al parecer, la humanidad no tiene más alternativa que la de aceptar la globalización capitalista que nos han impuesto. Sin Unión Soviética, sin el bloque socialista, sin Guevara, con una Revolución Cubana por completo avejentada, fuera de tono, nos queda claro que las utopías son sólo eso: utopías, cosas irreales, sueños.
Salvador Allende les probó a una humanidad escéptica y, sobre todo, a los revolucionarios que suponían que para acceder al socialismo no había más camino que la violencia, la revolución armada, que existía la vía electoral. Fue a las urnas y al fin consiguió su anhelo de llegar a lo mismo que deseaban Fidel Castro y el Che Guevara: llevar las ideas de Marx, Engels y Lenin al poder utilizando las urnas. Chile era una nueva lección. Allende había conseguido el milagro y comenzaron las nacionalizaciones de las industrias clave para el desarrollo, de las riquezas naturales, que multitudes en su país y en otras naciones como México aplaudían entusiasmados. Fidel Castro visitó oficialmente Chile, a ver aquello que en Cuba costó sacrificios enormes y mucha sangre: la revolución. Al despedirse de su amigo Allende, Fidel le advirtió de lo peligroso que le parecía un general sombrío y de mirada perversa, solemne y poco sociable que estaba al frente del Ejército. Allende lo tranquilizó hablándole de la lealtad de las fuerzas armadas chilenas. No son como el resto de las latinoamericanas.
Poco tiempo después, un brutal golpe de Estado, perfectamente planeado, cuidado hasta el detalle, una conspiración perfecta, atacó a los soldados leales al gobierno de Allende. El propio mandatario quedó atrapado en La Moneda, con sus hombres más cercanos y solidarios. Murió combatiendo por la libertad y la democracia. El asesino Pinochet, aunque tardíamente, algún castigo recibió y la historia lo ha condenado para siempre como criminal y traidor.
Hoy se cumplen cuatro décadas de la muerte cobarde de Allende. Recuerdo sus palabras en el DF, invitado por el gobierno de Echeverría y las que pronunció en Guadalajara. Lo vi en La Habana, junto a un vigoroso Fidel Castro. Yo era partidario de la lucha armada, sin embargo, admiraba su descomunal enfrentamiento con tesis que parecían irrefutables. El implacable tiempo le dio un portazo a las dos vías para llegar al socialismo. La actual izquierda se conforma con algo llamado Estado de bienestar, muy distante, fenómeno en países desarrollados, como Finlandia o Dinamarca, donde hay una monarquía. Yo, francamente, vivo de puras nostalgias, lo que es bueno para la literatura, no para la política.
Cuando supe del atroz crimen el 11 se septiembre de 1973, me indigné y redacté un artículo que se perdió en páginas polvosas de algún archivo o hemeroteca. Luego un breve cuento que por allí está, en algún libro. Mi tío, el director de orquesta y compositor, Uberto Zanolli, artista finalmente, conmovido por la muerte de Salvador Allende, hizo un hermoso poema.
Elegía a un hombre
A Salvador Allende
In memoriam

Tras de ruinas
de ventiscas de bombas
entre tus Andes y el mar
estrella de frondosos laureles
corona tu alma desvanecida
vida interrumpida
desairada desnudez
de luz apagada a medio camino.

Esencia incorpórea
tus ojos estremecidos
cuajados de sangre
de aquella sangre
que tú no quisiste verter
encierran lágrima pétrea.

Auriga celeste
ahora guías blancos caballos
de alas inmensas
en tu carro de fuego.

Doliente
sobre tu astral candor
salobres aromas asperjo
y rúbea cariofilea.

Amarga manta perfumada.

Poco después, el poeta Pablo Neruda moría abrumado por el cáncer y la tristeza, sabiendo que la chusma militar saqueaba sus propiedades. Marx decía que la historia tiene flujos y reflujos, pleamar y bajamar, las posibilidades revolucionarias van y vienen, pero ahora tengo dudas, quizá sea el tiempo el que lo confirme o niegue. El socialismo como lo conocimos, por la vía armada o la electoral, no regresará. No como lo soñamos: leyendo hermosas utopías que extrañamente llamamos socialismo científico.


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