México requiere su propio acelerador de partículas, señala Ricardo López | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 29 de Diciembre, 2016

México requiere su propio acelerador de partículas, señala Ricardo López

Ricardo López asegura que la ciencia del siglo XXI será la biología.

México está entre las 15 primeras economías del mundo, pero es el único país en este grupo que no tiene su acelerador de partículas. No sólo se trata de hacer investigación y generar conocimientos, sino que es útil para la medicina, la industria, se forman recursos humanos e inclusive sería parte de la divulgación científica para la nación, asegura Ricardo López Fernández.
El físico y profesor del Cinvestav con más de 20 años de trayectoria y aún joven –tiene 42 años y en diciembre vendrá al mundo su primer hijo- señala que esta idea está desde hace cinco años en la comunidad científica del país y ya tenemos el personal calificado para su desarrollo, “pero sólo existe una complicación: se requieren al menos 150 millones de dólares para construirlo. Por eso pienso que va a tomar tiempo reunir el financiamiento”.
Su labor profesional está ligada a los aceleradores de partículas. “Ya recorrí los que en su momento fueran los tres más grandes: el Laboratorio Acelerador  Nacional Fermi (Fermilab), de Chicago, EU; el Large Electron-Positron collider (LEP), en la frontera entre Suiza y Francia; el Hera, en Hamburgo, Alemania; y actualmente hago estancias en el CERN, en Ginebra Suiza”.
Con esta experiencia, Ricardo López Fernández explica que la era de los aceleradores ya está aquí. “Los hay grandes con los cuales se buscan conocimientos ahí donde hoy es la frontera de la ciencia, pero también hay otros de menor tamaño que están en hospitales, otros para producir rayos X, otros para mejorar partes de la industria… por eso es momento de proponer que México tenga el suyo”.
—¿Cuáles son los beneficios de contar con un aparato de este tipo?
—Su uso es múltiple. Además de comprobar teorías de la física y generar conocimientos, se pueden rentar a compañías automotrices para desarrollar sus productos; a sistemas de salud para el tratamiento de tumores en lugares más delicados, ya que con los iones se llega más fácilmente sin dañar tejidos sanos. Es una inversión que redunda en beneficio social.
Y en el plano académico y de investigación, el contar con un acelerador permite la creación de un conglomerado de especialistas desde físicos, ingenieros, biólogos… que generan conocimientos y soluciones a problemas.
Ricardo López señala que desde los 17 años es físico, porque desde esa edad ya estaba en esta especialidad. Después obtuve la licenciatura en ingeniería física  y la maestría la cursé en el Instituto de Física de la Universidad de San Luis Potosí, donde tuve mi primer contacto con la física de partículas. Tras esto, ingresé al Fermilab y luego hice el doctorado en física en la universidad francesa Joseph Fourier. 
“Soy un físico experimental. Creo que la ciencia se desarrolla por evidencias, es decir: las leyes son leyes hasta que llega una evidencia contraria. Cualquier ley depende de la evidencia experimental  que se encuentre. Nada es dogma, nada está dado y hecho sin que tenga uno una medición”, añade.
EN EL CERN. Para el 2001, termina su postdoctorado en acelerador Hera, de Hamburgo. Actualmente es profesor del Cinvestav y realiza estancias de dos meses en el CERN.
“Ahora abordamos, al menos en la física fundamental, muchas preguntas que estaban reservadas solamente a la filosofía: ¿Cómo fue el origen de todo? ¿Cuál es la edad del universo, cuándo surgió y cómo surgió? Y ahora que podemos medir cosas que antes no y que están ligadas “sin duda tendremos respuestas que nos van a defraudar, porque algunos conocimientos que encontremos no van a ser nada espectaculares, pero seguir conociendo más sobre nuestro entorno, es bueno”.
Porque, explica, la ciencia siempre ha demostrado que nunca existe una correlación directa entre las acciones, lo que se descubre y las aplicaciones. “A veces es tardado entender eso que vemos por primera vez, pero es el método científico lo que tenemos para conocer las cosas. Por eso cada uno de los investigadores debe apegarse a éste y no perderse en otras cosas”.
Y al hablar del futuro de la ciencia, el físico experimental explica que hoy no debemos perder de vista a la biología. “Coincido con otros colegas y quienes señalan que esta especialidad será la ciencia del siglo XXI. Hay muchas cosas que en biología se están desarrollando de manera acelerada, como en el siglo XX le ocurrió a la física, con la mecánica cuántica y la relatividad. Pero con la biología se está conociendo y se describe a nivel físico y químico con mayor precisión, con los nuevos sistemas, lo que nos rodea, y eso será fundamental en el futuro”.
—¿Para ti, qué es la física?
—Es la ciencia factual por excelencia. Fue la primera ciencia con Galileo, quien demostró que al tomar datos se podían sacar conclusiones a partir de la medición de cosas. De ahí surgió la posibilidad de estudiar otras cosas que se podían medir y de las cuales se podían inducir otras cosas. Y sigue siendo así. Yo creo que la física ha sido la guía para la mayor parte de las ciencias. Ahora el problema es que durante el siglo pasado evolucionó muy rápido y ahora llegamos a otros problemas y paradigmas, pero si seguimos el mismo ritmo van a ocurrir cosas interesantes.
Por ejemplo, tenemos el desarrollo de la computación cuántica, la manipulación de sistemas muy pequeños, donde también se mide, la nanociencias y otros caminos. Pero a final de cuentas, la física es la ciencia factual por excelencia.
Entonces se le pide hacer una correlación de la física con otras especialidades y se le pregunta: ¿Si la física fuera música a qué sinfonía se parecería?
Con los patrones de precisión, sería como una obra de Bach, sobre todo las cantatas, que tienen una estructura muy significativa.
—¿Si fuera una película, cuál sería?
—Copenhague, basada en una obra de teatro. Es una discusión entre los físicos Werner Heisenberg y Niels Bohr, quienes recrean la misma escena varias veces y creo que esto es un símil de lo que es la superposición de estados en la mecánica cuántica.
—¿Y si fuera una novela o un poema, cuál sería?
—Considero que sería Rayuela, porque esta novela pareciera tener una estructura caótica, pero en realidad no lo es.

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