Guerrero y la humildad necesaria - Manuel Gómez Granados | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 29 de Diciembre, 2016
Guerrero y la humildad necesaria | La Crónica de Hoy

Guerrero y la humildad necesaria

Manuel Gómez Granados

Quizás no toda la destrucción que trajo consigo la tormenta Manuel sea mala. Quizás nos ofrezca una oportunidad para hacer, de mejor manera, lo que se hizo mal tantas veces en el pasado. Quizás la tormenta Manuel pudiera ser el proverbial borrón y cuenta nueva que le dé al puerto de Acapulco, la oportunidad para reconstruir de manera sensata el principal destino turístico del país.
¿Qué es lo primero que tendría que hacerse? Reconocer que la expansión hacia las orillas del municipio de Acapulco puede tener algún sentido si sólo se considera el factor del costo de la tierra. Una vez que se consideran otros factores, la expansión territorial que ha vivido Acapulco en los últimos 30 años ha sido —como lo demostró Manuel— una receta ideal para un desastre que hubiera podido ser peor.
Para ello, los tres niveles de gobierno necesitan alcanzar acuerdos que limiten el alcance de la mancha urbana. Insistir, como se ha hecho hasta ahora, por razones políticas (los grupos clientelares tan afectos a la izquierda mexicana) o por razones económicas (los “desarrolladores” urbanos, tan afectos a la derecha mexicana), en ampliar cada vez más la extensión de la mancha urbana, sólo garantiza que se reproduzcan las condiciones que hicieron posible la devastación que Manuel trajo consigo.
En segundo lugar, es necesario apostarle a construir ya un sistema de transporte público eficiente. Algo de esto ya estaba en vías de construcción con el llamado Acabús, que se estima se convertirá —una vez concluido— en el segundo sistema de transporte colectivo más utilizado en todo México, sólo detrás del Metrobús del DF. Sin embargo, la tormenta y otros problemas ocurridos durante 2013 impidieron que se inaugurara como estaba previsto en septiembre de este año. El problema principal del Acabús no se limita al hecho de que solamente sean cinco rutas. El problema principal radica en que no existe un mecanismo que vincule la política de desarrollo urbano del municipio de Acapulco con la política de transporte público que representa el Acabús, que es una obra del gobierno estatal. Si no se establecen límites reales, efectivos a la urbanización que ha vivido la periferia de Acapulco, veremos una vez más, dentro de 20 o 25 años, la devastación que atestiguamos ahora en 2013. Esto es algo que ya sufrió Acapulco. Hace algunos años, en 1982, se creyó que la solución a los problemas que padecía el puerto era construir Ciudad Renacimiento, que permitiera desalojar el llamado “anfiteatro” de la bahía. Pero el impulso reformador del proyecto original de Renacimiento fue traicionado desde el inicio: las casas se entregaron sin terminar, la promesa de infraestructura (drenaje, agua potable, luz, etc.) de calidad se quedó en eso, además de que la propia Renacimiento estaba localizada en una zona ya contaminada en 1980, gracias a la presencia de fábricas que operaban en condiciones irregulares, entre ellas una cementera. La ocupación del anfiteatro, no terminó del todo. Y lo que es peor, no hubo vinculación entre la política de desarrollo urbano que creó Renacimiento y la política de transporte público de los gobiernos estatal o municipal.
Y hay otro factor que no puede perderse de vista. Acapulco y la industria del turismo no están en condiciones de sostener, por sí mismos, el desarrollo de Guerrero. Ello explica que, a pesar del desarrollo material logrado en Acapulco e Ixtapa-Zihuatanejo en los últimos 40 años, existan los índices de marginación y pobreza que padece la Montaña de ese estado. Lo que necesita la Montaña de Guerrero requiere de una amplia reconsideración de los modelos de desarrollo con los que se han comprometido tanto Sedesol como las autoridades correspondientes en el ámbito estatal. Ahí se requiere, ante todo, humildad para reconocer qué es lo que no ha funcionado en los últimos 40 años y apostarle, más bien, a un modelo de desarrollo verdaderamente descentralizado, despolitizado, libre de los grilletes del clientelismo que ha mantenido en la miseria a los habitantes de la Montaña y de las costas Grande y Chica y los hace presa fácil de guerrilleros y del crimen organizado.
La oportunidad que, para bien o para mal, ofrece la devastación que trajo consigo la tormenta Manuel podría aprovecharse si los políticos responsables de lo que se haga en los próximos meses son suficientemente humildes para aprender de los errores del pasado. La reconstrucción que Acapulco y las zonas rurales de Guerrero necesitan no puede ser sólo la reedición de proyectos faraónicos como Renacimiento.

manuelggranados@gmail.com

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