Sin transparencia no hay paraíso - Manuel Gómez Granados | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 29 de Diciembre, 2016
Sin transparencia no hay paraíso | La Crónica de Hoy

Sin transparencia no hay paraíso

Manuel Gómez Granados

En una vuelta más del carrusel interminable de las reformas políticas en México, conviene preguntarse por qué los partidos, al menos dos de ellos, le pusieron tanto interés a temas que —de acuerdo con la información disponible— no eran fundamentales para el pueblo. Es el caso de la reelección legislativa y la fusión de todas las autoridades electorales en una entidad única y se olvidaron de una reforma que garantizara menos corrupción, más transparencia.
La transparencia no se limita a las elecciones, pues habrá quien diga que ese es el objetivo del Instituto Nacional Electoral. La democracia transparente incluye lo electoral, pero también tendría que incluir la manera en que se asignan los recursos para el desarrollo, o los préstamos para las micro y pequeñas empresas. Debería evitar, por ejemplo, que el gobierno de Oaxaca se haga de la vista gorda cuando se informa que la sección 22, el núcleo rijoso de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, financia sus actividades con recursos públicos.
Y es que en estos días se publicó la más reciente edición del Barómetro de la Corrupción Global 2013 en el que, nos encontramos en el sótano de las naciones que forman parte de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos y a media tabla entre los países de América Latina. Ajenos, es cierto, a la kakistocracia (el gobierno de los malos, corruptos o ineptos) que caracteriza a Venezuela o Paraguay, pero muy lejos también de los países menos corruptos: Chile o Uruguay.
La percepción de los mexicanos en temas de corrupción y gobernanza no es alentadora: 52 por ciento de los mexicanos mayores de 18 años consideran que la corrupción ha aumentado mucho en el último año. 79 por ciento considera que es un problema muy grave y 62 por ciento considera que el gobierno responde a los intereses de pequeños grupos de privilegiados. Además, 73 por ciento considera que las acciones del gobierno en materia de corrupción no son efectivas.
La percepción de qué tan graves son las cosas en México toca a todas las instituciones: 91 por ciento considera que los partidos políticos son corruptos o extremadamente corruptos. 90 por ciento piensa así de las policías. 87 por ciento considera lo mismo de los funcionarios públicos. La opinión de los poderes Legislativo y Judicial de la Federación es también muy mala, pues 83 y 80 por ciento de los mexicanos estiman que sus integrantes o funcionarios son corruptos o muy corruptos.
Se trata de una doble crisis: percepción de la corrupción y una profunda desconfianza a todas  o a casi todas las instituciones del país: al preguntar qué tan corruptos son los medios de comunicación, los empresarios y sus organizaciones, las organizaciones de la sociedad civil, el sistema educativo, los líderes religiosos, las Fuerzas Armadas y los médicos, se reportan índices de corruptos o muy corruptos de 55, 51, 43, 43, 42, 42 y 41 por ciento, respectivamente.
Cifras tan altas de percepción de corrupción, en un contexto de baja confianza interpersonal y en las instituciones como el que existe en México, que ya han documentado otros estudios, hablan de una situación muy delicada. Esta realidad debería obligar a los legisladores a demostrar que más allá de medidas como la reelección, que muchas personas contemplan como parte de la búsqueda de privilegios para los legisladores mismos, es fundamental atender el grave problema de la corrupción en sí misma y la impunidad. También urge atender el problema —todavía más grave— de la desconfianza en lo que hacen las personas y las instituciones en México hoy.
Sin embargo, no todo está perdido; hay una pequeña nota de optimismo, un residuo o resto de confianza de los ciudadanos de a pie en su capacidad para contribuir y mejorar las cosas. El estudio de Transparencia Internacional nos dice que al preguntarle a los entrevistados si consideran que las personas comunes pueden contribuir a mejorar las cosas, 81 por ciento respondió estar de acuerdo o muy de acuerdo en que es posible mejorar.
¿Nuestros políticos lo entenderán así? ¿Crearán, luego de las reformas que tanto presumen este año, mecanismos que reduzcan la corrupción y la percepción de la corrupción? Lo que es más, ¿crearán mecanismos que reconstruyan la confianza y reconozcan el derecho a la participación de las personas en la cosa pública?, ¿entenderán que con ellos —o sin ellos—, los ciudadanos están dispuestos a poner manos a la obra?

manuelggranados@gmail.com

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