Fuero militar, disciplina sin impunidad - Guillermo Ortega | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 29 de Diciembre, 2016
Fuero militar, disciplina sin impunidad | La Crónica de Hoy

Fuero militar, disciplina sin impunidad

Guillermo Ortega

Durante la semana, opacada por la estridencia de la captura de El Chapo Guzmán, se llevó a cabo una reunión que podría considerarse  histórica, por la trascendencia de las decisiones que de ella pueden derivarse. Un grupo de militares de alto rango acudió a una  audiencia pública  en materia de  justicia militar convocada por la Comisión de Justicia del Senado de la  República, para abordar ante los ojos de todos, de manera transparente, el tema del  fuero militar. El encuentro es ocasión para que desde los medios de comunicación se aborde  un tema toral que raras veces salta a las páginas de la prensa nacional, que es la justicia militar.
Hay que partir de una afirmación contundente pero que suele pasarse por alto: el fuero militar es baluarte de la disciplina y ésta, la disciplina, permite la existencia  misma del Ejército. No sobra decir que el Ejército es garante de la viabilidad del Estado  mexicano. Sin una disciplina férrea no habría instituto armado, sino hombres con armas entrenados para  usarlas, que es otra cosa muy diferente. Los uniformados llevaron a esa reunión  con los representantes del pacto  federal en el Congreso de la Unión el mensaje de que la existencia de tribunales militares no supone contar con un andamiaje jurídico para permitir la impunidad. Nada de eso.  Sirve para clarificar las líneas de mando, amalgamar al personal militar y posibilitar que se emitan órdenes  y que éstas se  cumplan. Lo importante es que todo mundo tenga presente que no se alienta  la  impunidad, sino que se refuerza la disciplina. Se trata de un asunto complejo que sin embargo debe abordarse desde  una perspectiva  legal ajena a jaloneos políticos  coyunturales, más cercanos a las  filias y fobias que a la interpretación  jurídica. No se trata de que los senadores jueguen para la tribuna, sino que sean corresponsables de lo que suceda en el campo de  juego.
El prestigio del Ejército, su buen nombre, compete a todos, comenzando por los políticos pues la  Constitución determinó que el Jefe Supremo de las  Fuerzas Armadas fuera el Presidente  de la  República sin importar si  tuviera, o no, carrera militar, como ocurrió desde el fin de la  Revolución hasta el mandato del general Ávila  Camacho en la década de los años  40 y después con los  presidentes civiles, desde  Miguel Alemán hasta Enrique Peña. Al Ejército se le encomendaron  desde el sexenio pasado labores de contención del avance de las bandas del crimen organizado y para cumplir con esta encomienda  los soldados  tuvieron que hacer el papel de policías, lo que supone un contacto diario con la ciudadanía, lo que  aumenta las posibilidades de que un soldado o un marino se equivoquen. En los cuarteles los riesgos son otros, en las calles las condiciones son diferentes y muchas  veces están fuera de control. Lo más importante es que  un soldado que se equivocó,  que incurrió en una conducta  ilícita, se atenga a la  consecuencia de  sus  actos.
Que el juicio lo lleve a cabo un organismo del  instituto armado permite aplicar un castigo pero al mismo tiempo fortalece la disciplina. En estos temas hay  figuras literarias  que parecen fuera de lugar pero que  explican muchas cosas. Una de ellas es que el Ejército es el pueblo en armas. Lo es. Podría plantearse  aquí una pregunta  que puede parecer incómoda pero necesaria: ¿son más confiables  los  jurados  civiles que los  militares?, ¿en cuáles la impunidad tiene más  oportunidades  de salir con banderas desplegadas? Entiendo que no se está hablando de eficacia, sino de espacios de  jurisdicción, pero sería oportuno que la opinión pública conociera el funcionamiento y operación en la vida diaria de los  jurados  militares para tener elementos de  juicio.
En la  comparecencia pública que mencionamos de la Comisión de Justicia, los representantes de la Secretaría de la Defensa Nacional  y de la Secretaría de Marina–Armada de México solicitaron a los legisladores de la Cámara alta respetar la autonomía de la disciplina militar, que a su vez depende del respeto a los códigos internos de las Fuerzas Armadas.  Se dijo en esa jornada que  las Fuerzas Armadas fueron creadas para la defensa exterior y para coadyuvar a la integridad interior de la nación, por lo que su modo de actuar y operar es distinto a cualquier otro cuerpo de seguridad y para ello es que subsiste el fuero de guerra, no como un privilegio, sino como una jurisdicción especializada.
Los  legisladores  destacaron que la participación de los miembros de la Marina y el Ejército da una muestra clara de que las Fuerzas Armadas tienen el deseo de ser parte del esfuerzo para lograr una reforma que brinde un patrimonio ético en materia de derechos humanos. El reto no es sencillo, pues se tiene que encontrar un equilibrio entre dos contenidos constitucionales: un principio orgánico funcional, la disciplina militar, que está recogida en el artículo 13 de la Constitución, y un derecho fundamental de acceso a la justicia, que no solamente está reconocido en nuestra Constitución, sino también está previsto en un conjunto de normativas internacionales y que constituye, al final de cuentas, el patrimonio ético de la humanidad.
La norma  pretende  que los delitos del orden común y federal que son cometidos por militares en agravio de personas civiles sean competencia de las autoridades civiles. El fuero militar conoce de esos ilícitos cuando se cometen en actos de servicio y como consecuencia de ellos, cuando afectan a la disciplina militar. El senador Roberto  Gil destacó que esta reunión es un parteaguas en la historia de los cuerpos armados y de la sociedad. Lo es.  No se puede  perder de vista  el objetivo de que las adecuaciones  sirvan, al final del día, para fortalecer al Ejército y hacer  más  efectivo su trabajo en defensa de  la sociedad. Que el debate siga adelante y que los legisladores  se enfoquen en que su responsabilidad es no vulnerar  la disciplina castrense, sino construir  un marco legal que ayude a las  Fuerzas Armadas a cumplir mejor  con sus delicadas  tareas.
Verba volant scripta manent.

gor@cronica.com.mx

Imprimir

Comentarios