Obtienen molécula antinflamatoria a partir de la planta medicinal ratania | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 29 de Diciembre, 2016

Obtienen molécula antinflamatoria a partir de la planta medicinal ratania

ubicación. La planta Krameria cytisoides puede encontrarse en diversas entidades del país. La analizada por los expertos de la UAM proviene de SLP. En el recuadro la molécula kramecina.

La biodiversidad de México concentra beneficios mayores al paisaje o los servicios ecológicos que brinda. La medicina tradicional y la herbolaria han dado diversos atisbos de ello, sin embargo, hay muchos compuestos por investigar o corroborar la eficacia que pueden tener.
Un equipo de profesores-investigadores de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) ha estudiado diversas sustancias naturales para comprobar científicamente su eficacia en beneficio de la salud de las personas. Recientemente, los investigadores encabezados por Salud Pérez Gutiérrez, Miguel Ángel Zavala Sánchez, Cuauhtémoc Pérez González y Ernesto Pérez Mendoza hicieron un análisis detallado en una planta comúnmente conocida como ratania (Krameria cytisoides), de la especie que crece en el estado de San Luis Potosí, para comprobar sus propiedades.
Uno de los antecedentes de la planta, utilizada en té comúnmente, es su empleo por los otomíes del municipio de Nicolás Flores, Hidalgo, para aliviar dolor de estómago, heridas y afecciones antinflamatorias. De esta planta se han aislado algunos lignanos, neolignanos y norneolignanos; sin embargo, no existen estudios científicos que corroboren la actividad antiinflamatoria y tampoco se había aislado y caracterizado el compuesto responsable de esta actividad.
Ahora los científicos han comprobado su efecto, principalmente su alta eficacia en este último punto, y además han obtenido una molécula llamada kramecina que han probado en modelos animales con eficacia, por lo que podría utilizarse para elaborar fármacos en el futuro.
Hasta ahora sólo han analizado la planta proveniente de San Luis Potosí, pero existen otras variedades en estados como Coahuila, Nuevo León y Oaxaca, aunque su efecto puede ser muy variable dependiendo del hábitat.
MÁS INVESTIGACIÓN. En el laboratorio, la kramecina —un peróxido polimérico cíclico— fue probada por los investigadores para detectar que disminuye mediadores inflamatorios del organismo a la vez que aumenta los antinflamatorios, señala en entrevista Salud Pérez, académica del Departamento de Sistemas Biológicos de la Unidad Xochimilco, quien estudia este tipo de productos naturales desde hace 30 años.
De acuerdo con la investigadora —que ha participado en la caracterización de 50 plantas distintas donde la K. cytisoides ha sido la más efectiva—, la mayoría de los antinflamatorios no esteroidales en el mercado provocan ulceras gástricas, a diferencia de su molécula que tiene un efecto contrario y protege la mucosa gastrointestinal, similar a la ranitidina.
La sustancia ha tendido una gran efectividad contra inflamación aguda y crónica que ha sido probada por los universitarios para tratar artritis en modelos animales, apunta en entrevista la investigadora. Por si fuera poco, el estudio de un posdoctorante del equipo de la UAM también comprobó la efectividad del compuesto como insecticida del gusano cogollero, una de las plagas más importantes del maíz en México y el resto del continente.
Este estudio obtuvo el Premio a la Investigación 2013, en el Área de Ciencias Biológicas de la universidad, por lo que la molécula y su método de obtención han sido motivo de una solicitud de patente que sigue en proceso de aprobación.
La solicitud señala que el objetivo de la invención además de caracterizar y brindar el procedimiento para obtener la molécula del extracto de K. cytisoides, es demostrar el potencial de la kramecina, o sus formas farmacéuticamente aceptables, “para la fabricación de una composición farmacéutica, herbal, homeopática y/o naturista con efecto antiinflamatorio en humanos, a partir de las pruebas preclínicas”.
Culminada la fase preclínica del proyecto, que fue apoyado por el entonces Instituto de Ciencia del DF, los académicos ahora buscarán financiamiento para realizar pruebas clínicas que atisben posteriormente el desarrollo de fármacos con base en la kramecina. “Quizá sea a través de Conacyt o alguna convocatoria de la Secretaría de Ciencia del DF”, apunta Pérez Gutiérrez. “Es un trabajo que ha arrojado buenos resultados, pero necesita más investigación”.

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