Gastón García Cantú, poblano universal - René Avilés Fabila | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 29 de Diciembre, 2016
Gastón García Cantú, poblano universal | La Crónica de Hoy

Gastón García Cantú, poblano universal

René Avilés Fabila

En su momento, la muerte de Gastón García Cantú produjo una oleada de dolor y de sentimientos encontrados: no es posible sustraerse al fallecimiento de un mexicano excepcional, notable por su obra y su vida ejemplar. Las reacciones fueron diversas y en ningún caso hubo desinterés. Los medios dieron la noticia y ensayistas, periodistas y escritores en general externaron opiniones que reflejaban la pérdida irreparable que había sufrido el país. Entre las muchas opiniones, menciono la del científico Eduardo Cesarman, quien dijo que Gastón había sido un profundo y rendido enamorado del país: tenía “una profesión: amar a México”. Y ello, añado yo, no es poca hazaña entre tanta ruina moral como padecemos. En efecto, México fue su gran pasión, quienes lo conocimos y estuvimos cerca de él por diversas razones, lo sabemos. Le preocupaba en consecuencia el avance de la derecha, la globalización, la prepotencia norteamericana y el desplome de los valores nacionales. Para argumentar, inalterablemente recurría a su poderosa inteligencia y a su cuidadoso conocimiento de la historia. Si en materia histórica su conocimiento era poco común, en literatura llegaba a sorprendentes niveles. Era, en esencia, un crítico literario. Es verdad, su atención se centraba en el estudio del pasado para analizar el presente y vislumbrar el futuro, pero no podía ser distante de sus orígenes literarios. Gastón arranca su camino hacia la notoriedad con un libro de relatos francamente hermoso: Los falsos rumores. No sólo ello, su amistad con el poeta Rubén Bonifaz Nuño estaba justamente cimentada por el amor de ambos personajes hacia dicha manifestación artística. Su prosa excelente y de enorme elegancia prueba que nunca abandonó su pasión por la literatura. Recuerdo un desayuno hace muchos años donde estábamos Rubén y yo con Gastón. La plática se centró en la literatura del siglo XIX y principios del XX. Fue un día mágico. Gastón habló como pocas veces (lo he consignado en mi libro de memorias Recordanzas) de novelas y poemas. La mañana dio paso a la tarde, oscureció y en la noche Gastón nos había dado un repaso por el mundo desconcertante y prodigioso de las letras. Rubén y yo, como en la conocida broma de Jorge Luis Borges y Juan José Arreola, pudimos intercalar algunos silencios.
Gastón era un hombre generoso, distante de envidias y muy pasional. Creía en la palabra impresa. Si en el ensayo vemos la presencia de un hombre profundamente nacionalista que analiza con cierta frialdad los hechos, en el periodismo era demoledor. Argumentaba con profunda cultura y encontraba los defectos del sistema, de los partidos y de los líderes con implacable frialdad. Sabía que el fundamento del periodismo es la crítica y allá iba con irremediable inteligencia. Más de una vez se vio envuelto en grandes polémicas y por ese periodismo honrado y agudo, siempre crítico, Gastón se alejó de amigos y colegas, se creó enemigos y también muchos amigos y admiradores que lo miraban desde la distancia que él permitía.
La obra de Gastón es formidable y supone un gran número de páginas, páginas de inteligencia, cultura y amor por la patria. En tal sentido, nunca estuvo lejos de un pensador de la estatura de Vicente Lombardo Toledano, como él, poblano ilustre, como él, decidido enemigo del imperio y sus atrocidades, como él un hombre en búsqueda de un México más justo y equilibrado.
Gastón García Cantú estuvo cerca de las grandes personalidades del país, las trató. Su relación con Fernando Benítez fue intensa y sólo se acabó porque el primero estaba distante de la frivolidad del segundo, porque Gastón era de una pieza y no creaba lealtades profesionales sino amigos cercanos al corazón. Con Alfonso Reyes fue asimismo una relación próxima, pero en este caso, Gastón veía a Reyes como el maestro de las letras que fue, al hombre sabio e incapaz de hacer daño, mientras que con otro personaje, Jesús Reyes Heroles, lo ligó el afecto y la admiración (ambos habían escrito obras fundamentales de la historia), pero lo distanciaba la adicción al poder del brillante funcionario.
Gastón nació en Puebla en 1917 y murió el 3 de abril de 2004. A pesar de diversos estudios formales, bien podría decirse que fue un autodidacta brillante y agudo, libros como Utopías mexicanas, El pensamiento de la reacción mexicana, El socialismo en México en el siglo XIX y Las intervenciones norteamericanas en México lo convierten en un clásico de la historia. Como periodista no hubo otro, su trabajo en México en la cultura (Novedades) y en La cultura en México (Siempre) y más adelante sus artículos editoriales en Excélsior y Proceso lo mostraron como una analista crítico del sistema, feroz e inteligente, apasionado como pocos. Su enorme cultura era puesta al servicio de la reflexión política y sus artículos eran en verdad ensayos de enorme profundidad.
Lo conocí alrededor de 1964, cuando fui a entrevistarlo en su posición de director general de Difusión Cultural de la UNAM. A partir de ese encuentro y de una entrevista para El Día de Enrique Ramírez y Ramírez, comenzó una cordial amistad que se hizo intensa cuando vivimos en el mismo rumbo. Siempre era una delicia escuchar a Gastón: brillante, mezclaba su erudición con el amor a México.
Hoy, parece haber sido olvidado por los medios, a diez años de su muerte, siempre pendientes de las novedades y de ciertas figuras que obsesivamente muestran.

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