Demografía y asistencialismo - Rafael Cardona | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 29 de Diciembre, 2016
Demografía y asistencialismo | La Crónica de Hoy

Demografía y asistencialismo

Rafael Cardona

En este análisis de los críticos de Rosario hay una buena dosis de hipocresía. Ni se está planteando un programa de imposición materno infantil, ni se está limitando el derecho de nadie.

Hace algunos meses la secretaria de Desarrollo Social, Rosario Robles, me invitó a conversar acerca de los programas sociales, especialmente la Cruzada contra el Hambre. Entusiasmada, me dijo de sus ideas y hasta sus ideales. Ver por las mujeres, hallar espacios de desarrollo, no tanto campos de asistencia nada más y mucho menos de asistencialismo.
Yo le comenté mi escepticismo. Ella guardó silencio. No quiso entrar en polémicas. Casualmente el punto central de mis argumentos es el mismo: mientras no haya una verdadera política de control demográfico en este país, cualquier otro programa quedará rebasado. Yo dije: en este país sobra gente. La fábrica de pobres tiene la mayor productividad nacional. Ella ignoró estos comentarios.
Sin embargo, ahora este asunto regresa a la discusión. Ahora pública, con motivo de las limitantes en el número de hijos con derecho a beca dentro del programa Oportunidades.
“Oportunidades —dijo RRB en Nayarit recientemente— ya no va a beneficiar a las que tengan muchos hijos, sino que va a apoyar a las que tengan pocos hijos… No se me equivoquen, no me hagan cuentas multiplicando 10 por 5. No. Eso ya se acabó, porque Oportunidades lo que quiere es que esa familia salga adelante, y esa familia sólo saldrá adelante si es una familia pequeña y tiene la posibilidad de educación, de salud, de una vivienda digna, de todo lo que nos garantiza nuestra constitución”.
Esas declaraciones fueron suficientes para colocar la pira, la leña verde y acercar la gasolina contra la secretaria Robles. Y me parece injusto. No se está limitando el número de hijos libremente decididos por cada mujer. Para eso deberíamos estar seguros de la libertad en sus decisiones, para empezar.
Simplemente se dice: el programa cubre hasta tres hijos. Los demás, si los hay, no alcanzan este beneficio. Eso fue todo. Una vez más nos limita el tamaño de la manta para cubrir una determinada superficie. Nada es infinito.
Pero quizá haya sido por la cercanía con el ya inminente Día de la Madre, fecha tan significativa para el corazón nacional y la cartera de los comerciantes, pero hoy todos somos defensores de la maternidad, no importa si se produce en condiciones de pobreza o infancia.
Más notables fueron, en todo caso, las advertencias de la secretaria Rosario en relación con el drama de las niñas embarazadas y multipartidarias, quienes llegan a veces a la mayoría de edad cargadas de hijos cuyo destino seguro es la miseria. Como la ya padecida por sus madres y padres.
Pero en este análisis de los críticos de Rosario hay una buena dosis de hipocresía. Ni se está planteando un programa de imposición materno infantil, ni se está limitando el derecho de nadie. Simplemente se les advierte la necesidad de abandonar la lógica de “más hijos; más ayuda”. No. Se les dan becas a quienes tengan hasta tres hijos. Los demás quedan fuera de este beneficio.
Una cosa es desalentar y otra impulsar. En este caso no se hace ni lo uno ni lo otro.
Simplemente se recuerdan las capacidades institucionales y las reglas (heredadas) de operación. Nada más.
Pero siempre será más rentable políticamente apostar por lo “políticamente correcto”; es decir, la vigencia de los usos y costumbres, la pluralidad, la tradición indígena o cualquiera otro de estos pretextos para no permitir el avance de la lógica.
Y la lógica, a veces, nos lleva a hacer cosas dolorosas.
“Y quiero también aprovechar —explicó en esa ocasión—, para decirles que no por tener muchos hijos van a tener más Oportunidades. Oportunidades ya no va a beneficiar a las que tengan muchos hijos, sino que va a apoyar a las que tengan pocos hijos, porque la familia pequeña vive mejor y porque tenemos que pensar en estos niños y en estas niñas…”. Quizá en esa disyuntiva oratoria estuvo el único error. Pero el fondo es cierto. No traen los niños una torta bajo el brazo. Al contrario, la poca torta existente se divide en porciones más pequeñas.
Pero últimamente se ha vuelto una moda falaz tomar el rábano por las hojas y presionar a quien habla con claridad, como ha sido en este caso.

elcristalazouno@hotmail.com

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