El Acueducto de Guadalupe, olvidado y ninguneado para su restauración | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 29 de Diciembre, 2016

El Acueducto de Guadalupe, olvidado y ninguneado para su restauración

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El Acueducto de Guadalupe, ubicado en la delegación Gustavo A. Madero y catalogado como monumento histórico, es la única construcción hidráulica del siglo XVIII que sobrevive en la ciudad de México, y de los más de 2 mil arcos originales que la sostenían, hoy sólo existen mil 584, de los cuales 328 se encuentran al borde del colapso y algunos sirven como paredes de grafiteros y refugio de indigentes.
Contrario a este panorama, en la misma demarcación se encuentra el Panteón del Tepeyac, otro sitio declarado como zona de monumentos, el cual desde 2012 está en trabajos de restauración, después de que la última intervención concluyera en 1996.
Crónica presenta el estado actual de ambos monumentos y detalla cuáles han sido los últimos esfuerzos registrados a favor de su conservación.
El Acueducto de Guadalupe fue construido de 1743 a 1751 y declarado monumento histórico en abril de 1982, su recorrido abarcaba 10 mil 770 metros y comenzaba en el Estado de México, ya que su fuente de agua era el Río Tlalnepantla, continuaba hasta Ticomán y desembocaba en la actual Villa de Guadalupe.
En territorio mexiquense, asegura Horacio Ramírez de Alba, ingeniero de la Universidad Autónoma del Estado de México (Uaemex), el agua corría por una acequia a nivel superficial o subterránea, pero la mayor parte era elevada con un canal soportado sobre 2 mil 287 arcos.
Sin embargo, el especialista lamenta que el estado actual de conservación sea negativo, pues enfrenta hundimientos a causa de la extracción de agua, además de tener siete cortes —debido a la apertura de vialidades que ha ocasionado la pérdida de sus arcos—; aunado a ello, por ser un monumento relegado de los trabajos de conservación está expuesto a actos de vandalismo.
“Hay un tramo que está prácticamente cayéndose, su base perdió mucho de su material. Se trata de la parte que está después de cruzar el Río de los Remedios. Es la parte que requiere trabajos urgentes. Todo el Acueducto debería estar a cargo del INAH para evitar su maltrato, pintas y robo de material”, señala Horacio Ramírez de Alba.
El especialista en ingeniería estructural comenta que de los mil 584 arcos que actualmente se conservan, todos tienen diferentes dimensiones, ya que el 80% de ellos mide de 2 a 2.5 metros y sólo tres son de 7 a 7.5 metros, cuando originalmente alcanzaban 5 metros y algunos 12.
De dichos arcos, detalla Horacio Ramírez, 887 se encuentran en buen estado de conservación, 369 con daños moderados y el resto (328) presentan daños severos o estado ruinoso.
Estos datos, explica, los obtuvo mediante una investigación de campo que realizó en 2012 y que de acuerdo con su investigación es el segundo trabajo específico sobre conservación registrado para el Acueducto de Guadalupe desde 1949. Es decir, pasaron 63 años para que un investigador identificara los principales problemas estructurales de la obra hidráulica, por lo que la investigación del académico es la más actual sobre este monumento.
En 1949, Manuel Romero de Terreros documenta el corte del acueducto para abrir avenidas sobre Río de los Remedios y hacer caminos de Cuautepec a Zacatenco. Pero el especialista de la Uaemex indica que a estos cortes se han sumado otros, dando un total de siete.
—¿Cuáles son las divisiones que ocasionaron mayores afectaciones al Acueducto?
—El corte del Río de los Remedios, el de avenida Ticomán, puesto que (la vialidad) pasa sobre los arcos y el camino a la carretera de Nuevo Laredo, donde se cortó mayor parte del Acueducto: es justo donde la estructura está muy maltratada por las pintas.
—¿Cuál es la parte mejor conservada?
—La última, la que está en la Villa de Guadalupe. Ahí se colocó una reja para impedir el paso de personas, pero ésta se encuentra abierta.
De acuerdo con testimonios levantados por Crónica, se constató que dicho enrejado sólo protege 22 arcos, que las rejas permanecen abiertas y se verificó la existencia de grafitis y basureros tanto en los arcos con y sin rejas, así como la presencia de personas viviendo debajo de éstos.
También se detectó la inexistencia de cédula o señalización legible que refiera el nombre o importancia de este monumento. Al respecto, se solicitó una explicación a la delegación Gustavo A. Madero (GAM), pero hasta ayer no ha habido respuesta.
Horacio Ramírez destaca que en 2006, algunos medios impresos notificaron el saneamiento de todos los arcos ubicados dentro de la GAM, pero en su investigación de campo, el investigador no percibió trabajos de reciente restauración.

BASE FRÁGIL. El especialista de la Uaemex considera que la pérdida de altura de algunos tramos se debe a los hundimientos por la extracción de agua del subsuelo y también a que los cimientos originales del acueducto no fueron bien hechos.
“Una causa es por el tipo de suelo de la zona y otra porque no se profundizó lo suficiente. En otros acueductos que están en pie como el del Padre Tembleque, hay evidencias de que profundizaron por lo menos un décimo de la altura de la estructura, en este caso, se profundizó 30 o 40 centímetros, lo cual no es suficiente”, indica.
—¿Qué tipo de ingeniería necesita el acueducto para fortalecerlo?
—Se debe intervenir desde la cimentación, no es un problema de arriba, sino de abajo y eso requiere una inversión importante. Las técnicas que se emplearían no son complicadas, ya son conocidas y hay varias compañías que lo pueden hacer.
—¿Cuál es tiempo de vida de este acueducto en caso de seguir sin atención?
—De seguir esta tendencia, en los próximos 30 años se podría perder más de la mitad de la obra y podría desaparecer en un escenario pesimista.
Horacio Ramírez expresa que las estructuras arquitectónicas del acueducto no sólo son los arcos, también sobresalen contrafuertes, cajas de agua, fuentes y lápidas con inscripciones que también están en riesgo.
—¿Por qué cree que el acueducto no figura como una prioridad de conservación?
—Creo que consideran que no tiene tanto valor como otros acueductos porque no tiene una altura tan grande. Hay un cierto desprecio por la obra tal y como lo reportó Romero de Terreros en 1949, pues desde ese entonces no se ha tenido debido cuidado a la obra.
PANTEÓN DEL TEPEYAC. Hace 16 años finalizó la restauración más importante en el Panteón del Tepeyac, trabajo que incluyó la creación de un museo de sitio que explicaba la importancia del lugar. Pero a los pocos meses de la intervención, el museo fue modificado y desde hace dos años su acceso sólo es con cita previa o si eres familiar o propietario de alguna tumba.
Durante un recorrido por la zona y ante la falta de respuesta por parte de la delegación GAM, testimonios comentaron que los interesados en conocer el panteón deben sacar una cita vía telefónica porque el espacio se encuentra cerrado por trabajos de mantenimiento y que el número para poder agendar lo proporciona la demarcación.
Sin embargo, al llamar, se informó que no cuentan con números telefónicos externos a las oficinas delegaciones, por lo que recomendaron marcar el 040 pero el número telefónico proporcionado nunca fue atendido.
—¿Qué se exhibía en el museo que crearon como parte del proyecto de restauración?, se le cuestiona a la restauradora Silvia Segarra Lagunes.
—Un sagrado corazón, esculturas rescatadas como bustos, una lápida reutilizada, la reproducción de la escultura El Ángel del Silencio. Nuestro plan era la exhibición de piezas recuperadas que tenían importancia histórica, una explicación de los cementerios patrimoniales y teníamos planteado una exhibición clara de la restauración y conservación en México.
No obstante, la también historiadora del arte y encargada de la última intervención –junto con Alejandro Herrasti Ordaz– comenta que posteriormente a sus trabajos, el museo fue cambiado: colocaron piezas nuevas sin coherencia museográfica y ofrecieron recorridos mal documentados.
La actual investigadora de la Universidad de Granada, España, explica que el proyecto de 1996 fue financiado por el Fideicomiso del Cerro del Tepeyac en acuerdo con la GAM y dicha restauración contempló tres etapas: arreglo de edificios principales (pérgola de entrada, caminos, osario y portal de ingreso), acomodo de jardines y contactar a los propietarios de las tumbas para proponerles la restauración de sus monumentos funerarios.
La etapa que no se realizó, destaca, fue la de los jardines, ya que estaba a cargo de la delegación, quienes después de ver concluida la restauración de los principales edificios, solicitaron la salida del Fideicomiso del proyecto.
—¿Cuáles son las piezas funerarias que destacan dentro del panteón?
—La mejor pieza es El Ángel del Silencio. Se decía que era una escultura del italiano Ponzanelli y en los trabajos de restauración la propuesta era reproducir en el portal de ingreso esta pieza, porque nos parecía muy importante como escultura.
“Después, entre 2004 y 2007, descubrí que había dos ángeles muy parecidos e indudablemente eran de la misma autoría: de Giulio Monteverde. Una de las esculturas estaba en la tumba de Oneto en Génova y otra en la propia tumba de Monteverde, en el panteón del Verano, en Roma. Por lo que el ángel del Tepeyac fue hecho por Monteverde”, indica.
Otras piezas importantes son las tumbas de los periodistas Vicente García Torres y Filomeno Mata, del ex presidente López de Santa Anna y del arquitecto Lorenzo de la Hidalga, así como varios monumentos funerarios en hierro fundido, característicos de la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX.
—¿Cuáles fueron los monumentos más complicados de restaurar?
—El portal de ingreso y osario, la pérgola y la balaustrada de la entrada, cada uno con características propias. Pero sin duda, el portal de ingreso fue el más complicado porque en el 73 se hizo una intervención y le pusieron una loza que estaba cargando las columnas.
Además, añade, las habitaciones del portal eran un baño público y había perdido elementos ornamentales, la reja del lote “A” se había perdido por completo, el barro cocido de la balaustrada estaba deteriorado y algunas piezas fueron sustituidas por moldes de cemento y el osario estaba a punto de caerse, pues el adobe de su construcción perdió sus aplanados.
Lo que la restauradora realizó fue conseguir los materiales originales para reponer piezas y recrear las construcciones originales. “Nuestra intención fue utilizar técnicas tradicionales de restauración, empleamos materiales naturales: pintura hecha con cal, baba de nopal, jabón neutro, sales”.
Pero en opinión de Silvia Segarra, cuando una obra de restauración concluye, no se termina para que dure una eternidad, “sino para que se siga trabajando, dando mantenimiento correcto y no dejarse tal cual se dejó hace 16 años”.

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