Podríamos estar en la última frontera de la música clásica: Vladimir Ashkenazy | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 29 de Diciembre, 2016

Podríamos estar en la última frontera de la música clásica: Vladimir Ashkenazy

Músicos. La violinista Esther Yoo y el director Vladimir Ashkenazy.

Vladimir Ashkenazy (1937) dice que no es un filósofo, ni está en el negocio de las predicciones, pero señala que “es posible que estemos llegando a la última frontera de lo que en música clásica se va a poder producir. Si llegamos más lejos, me sentiría encantado de ver qué es lo que se produce”.
Es su reflexión sobre el futuro de la música de concierto. Y en este análisis, profundiza durante la conferencia de prensa sobre los conciertos que realizará en México y señala que “viendo cómo está en estos tiempos el mundo, mucho me temo que podríamos llegar al final. Espero estar equivocado. Lo único en que no debemos fallar es en apoyar la gran música que ya se compuso”.
Son las consideraciones del pianista y director que ganó el Concurso para piano Tchaikovski en 1962 y ha compartido escenario con las mejores orquestas del mundo. En México, realiza dos presentaciones, una fue ayer en el Cenart, con un programa compuesto por La Ascensión de la Alondra, de Ralph Vaughan Williams; Concierto para piano n°. 5 en mi bemol mayor, Op. 73 El emperador, de  Ludwig van Beethoven, y Sinfonía No. 1 en do menor, Op. 68, de Johannes Brahms. Hoy en el Auditorio Nacional presentará 5 Sinfonía y Concierto para Violín y Orquesta en re mayor opus 35, de Tchaikovski, y la Obertura de Ruslán y Liudmila, de Mijail Glinka. Está acompañado por la Orquesta Filarmónica de Londres y la violinista Esther Yoo como solista.
LA MEJOR…  Vladimir Ashkenazy plático ayer con los reporteros y las preguntas fueron acerca de su carrera, qué busca trasmitir cuando dirige… Una de éstas fue que, después de tanto años, ¿hoy que significa la música para Vladimir?
En ese punto, dijo que “necesitaría ser un gran filósofo para contestarla, pero si tomo lo que otras mentes más brillantes que la mía han dicho, puedo decirles que la música es la empresa y el proyecto más espiritual que jamás había existido en la historia de la humanidad”.
Porque es un arte, añade, que expresa algo para lo que no  tenemos las palabras correctas. “Nos eleva a un nivel más alto de existencia, y sólo habló de nuestra gran música, la que algunos llaman música clásica, yo no le llamo asó, la llamó música seria”.
A lo largo de la historia, recuerda, existen numerosos ejemplos de personas que se acercaron y sintieron esa inspiración a través de la música, llegaron a ser mejores humanos y nunca se han arrepentido o lamentado de algo que hicieron por esta inspiración.
En este punto hace una pausa y luego dice: “Voy a contar una historia de mi niñez en una de las escuelas de Moscú. Conocí a una profesora y ella adoraba la gran música. Entonces le pidió al director del colegio que permitiera a los alumnos, de 13 y 14 años,  tener una hora de música al día. Él aceptó y la primera selección de obras fueron de Tchaikovski y luego pasaron a las sinfonías de Beethoven y así subsecuentemente a otros compositores”.
En el salón donde se daba esta materia los sábados había 45 alumnos. Se les dijo que si no les gustaba, se podía retirar. Se quedaron la mitad “y les puedo decir que los alumnos obtuvieron mejores calificaciones que aquellos que no habían tomado la clase de música”.
DIRECCIÓN. Vladimir Ashkenazy, cuando habla de la dirección de orquesta, dice que lo esencial es valorar a los músicos y sobre todo “hacer  justicia a una de las experiencias más grandes de la humanidad, que es la gran música”.
Por lo pronto, dice que cuando tiene la batuta, trata de comunicarse con los integrantes de la orquesta, “enviarles un mensaje con la esperanza que lo entiendan y podamos tener un gran concierto.
“Porque no  puedo decir que todo lo hago bien. Están mis colegas que hacen un trabajo soberbio, pero sí les puedo decir que lo que estoy tratando de hacer es de dar un mensaje que sea recibido para crear y expresar”, añade.

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