Sobre la legalización de la mariguana - Ricardo Tapia | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 29 de Diciembre, 2016
Sobre la legalización de la mariguana | La Crónica de Hoy

Sobre la legalización de la mariguana

Ricardo Tapia

Estas conclusiones concuerdan plenamente con posiciones de instituciones académicas y de importantes medios periodísticos, cuyos análisis y declaraciones aportan datos y advierten sobre las consecuencias presentes y futuras de la prohibición. A continuación traduzco dos publicaciones recientes en este sentido. El editorial del New York Times del 28 de julio de 2014 dice a la letra: “Tomó a los Estados Unidos 13 años recobrar el sentido y terminar con la ‘Prohibition’ (se refiere al alcohol), 13 años en los cuales la gente siguió bebiendo, ciudadanos respetuosos de la ley se convirtieron en criminales, y surgieron y florecieron los sindicatos criminales. Hace más de 40 años que el Congreso aprobó la prohibición de la mariguana, infligiendo un gran daño a la sociedad simplemente por prohibir una sustancia mucho menos peligrosa que el alcohol. El gobierno federal debe revocar la prohibición de la mariguana. No hay respuestas perfectas a la gente que tiene preocupaciones legítimas sobre el uso de la mariguana. Pero tampoco hay esas respuestas sobre el tabaco y el alcohol, y nosotros creemos que en todos los niveles ––efectos sobre la salud, el impacto sobre la sociedad y los asuntos legales–– el balance cae claramente del lado de la legalización nacional. Los costos sociales de las leyes sobre la mariguana son enormes. Según el FBI, hubo 658,000 arrestos por posesión de mariguana en 2012, comparados con 256,000 por cocaína, heroína y sus derivados. Todavía peor, este resultado es racista, cayendo desproporcionadamente sobre hombres negros jóvenes, arruinando sus vidas y creando nuevas generaciones de criminales de carrera. 
Hay un debate honesto entre científicos acerca de los efectos sobre la salud de la mariguana, pero creemos que la evidencia es abrumadora de que la adicción y la dependencia son problemas relativamente menores, especialmente comparados con los del alcohol y el tabaco. El uso moderado de la mariguana no parece ser un riesgo para los adultos sanos. Las declaraciones de que la mariguana es la puerta de entrada a drogas más peligrosas son tan fantasiosas como las escenas de asesinato, violación y suicidio de “Reefer Madness”. Hay preocupaciones legítimas acerca del efecto de la mariguana sobre el desarrollo del cerebro en los adolescentes. Por esta razón, apoyamos la prohibición de la venta a menores de 21 años. La creación de sistemas para regular la manufactura, venta y comercialización será compleja. Pero los problemas son solucionables, y ya se hubieran resuelto si nosotros como nación no nos hubiéramos obstinado en la decisión de convertir la producción de la mariguana en un crimen federal. Los costos de esta obsesión nacional, en dinero y en tiempo, son abrumadores. Cada año mantener las leyes sobre la posesión cuesta más de 3,600 millones de dólares. Además, la estrategia es inútil. Después de tres décadas, la criminalización no ha afectado el uso general: 30 millones de americanos usan la mariguana cada año”.
Hasta aquí el texto del New York Times, que en mi opinión y con base en los argumentos expuestos arriba es perfectamente aplicable, si no en las cifras, sí en los hechos, a México, pues lo que expone este editorial está ocurriendo también aquí. En cambio, en Uruguay, y en los estados de Colorado y Washington, la mariguana con fines recreativos y médicos ha sido declarada recientemente legal, pero regulada, lo que ha traído varios beneficios. Por ejemplo, en Uruguay se creó el Instituto para la regulación y el control de cannabis  (IRCCA), dependiente del gobierno, responsable de generar y vender la planta, y se ha iniciado la investigación sobre la química, la genética, los usos médicos y los efectos colaterales de las diversas variedades de cannabis en un laboratorio de la Universidad de la República de Uruguay, en asociación con el IRCCA (Science, 13 junio de 2014).
Termino con fragmentos del artículo de The Economist en su número del 21 de junio de 2014 (p. 14). “Después de décadas de fracaso, no es sorprendente que la gente busque alternativas a la ruinosamente cara y sangrienta ‘guerra a las drogas’. La prohibición ha fracasado en prevenir un aumento en su uso, principalmente en el mundo rico, pero cada vez más en los mercados emergentes. Al mismo tiempo, ha enriquecido a las mafias criminales que han generado y diseminado la corrupción y los asesinatos desde el London End hasta los barrios de Tijuana, y amenaza con convertir en estados fallidos a territorios de África y Latinoamérica […] Pero descriminalizar el uso de las drogas es sólo la mitad de la respuesta. Mientras la producción y el suministro sigan siendo ilegales, el negocio permanecerá como un monopolio criminal, y los narcotraficantes continuarán corrompiendo a la policía, asesinando a sus rivales y promoviendo sus productos entre los niños y adolescentes […] Para los países que producen cannabis, permitir su uso en cantidades limitadas sin legalizarla plenamente (como es en México) es el peor de los mundos. Los países frustrados con esta situación deberían adoptar el régimen de los pioneros y valientes Uruguay, Colorado y Washington, lugares en los que al legalizar la cannabis desde el cultivo hasta la venta, han hecho redundantes a los narcotraficantes y les han quitado el negocio para dárselo al propio gobierno o a empresarios, quienes a diferencia de la mafia pagan impuestos y obedecen las reglas sobre qué, cuándo, dónde y a quién les venden sus productos”.
Basándome en lo que aquí he expuesto, me parece que los argumentos y propuestas del New York Times y The Economist deben ser atendidos en México, donde el daño a la sociedad causado por el narcotráfico es cada vez mayor y más grave, como se volvió a manifestar recientemente de la manera más terrible y abominable en Guerrero. Ésta es la manera de resolver la ruinosa y sangrienta lucha contra las drogas, que en México ha mostrado un fracaso progresivo cada vez más costoso en vidas humanas y en aumento de la criminalidad y de la corrupción. Ya es tiempo que México desista de su obsesiva negativa a la legalización, dejando de lado los prejuicios, la falsa información sobre sus efectos dañinos y los argumentos morales que no todos compartimos. El problema es de salud y de respeto a los derechos y la autonomía de las personas.

Investigador Emérito
División de Neurociencias, Instituto de Fisiología Celular
Universidad Nacional Autónoma de México
Miembro del Consejo Consultivo de Ciencias

consejo_consultivo_de_ciencias@ccc.gob.mx

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