Juniors, vía práctica para detectar ladrones - Carlos Ferreyra | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 29 de Diciembre, 2016
Juniors, vía práctica para detectar ladrones | La Crónica de Hoy

Juniors, vía práctica para detectar ladrones

Carlos Ferreyra

Si se quiere saber hasta dónde llegó la mano larga de un funcionario público, de un empresario o un sindicalista, basta seguir la pista de sus hijos. Dónde viven, en qué lugares vagan, cómo gastan el dinero que papi colocó en sus manos. Así sabremos qué tan rata fue su progenitor.

Las viejas novelas de misterio pecaban de simples. Si el origen era francés, la búsqueda del criminal se centraba en las mujeres, cherchez la femme, decía el detective a cargo de la investigación: busquen a la mujer.  Si el autor era de habla inglesa, estadunidense, entonces el asunto era más sencillo, follow the Money, sigan la huella del dinero, afirmaba el investigador en turno que siempre triunfaba encontrando al delincuente.
¡Ah! pero si era británico nunca había la menor duda. Se desarrollaba la trama, se hacían sesudas reuniones masivas con los posibles culpables y allí el encargado del caso después de una amplia y muy detallada relación de hechos, llegaba a la conclusión: James, el mayordomo.
Por cierto, choferes y mayordomos siempre se llamaban Jaime o con pronunciación castellana, Yeims.
Pero bueno, los tiempos cambian, los criminales se modernizan y adoptan las tecnologías conforme se ponen de moda. Así, en los actuales casos criminales ya no hay que buscar a la mujer ni seguir el dinero ni mucho menos culpar siempre, por fregado económica y laboralmente, al empleado a cargo de la marcha de los asuntos hogareños.
Cabe asegurar que los delincuentes contemporáneos conocen las estadísticas nacionales, en las que menos del dos por ciento de los delitos se persiguen y de ese número, escasamente llegan ante el juez otro dos por ciento, de los cuales la mayoría salen por fianza, inocencia, dinero o porque le dio flojera al impartidor de justicia leer el expediente.
Sin pudor los pillos exhiben riquezas mal habidas, si no lo hacen personalmente permiten a sus vástagos lucir sus inútiles vidas entre pachangas, coches deportivos, departamentos en edificios de superlujo, paseos por el orbe, mujeres de alquiler (o varones en su caso), que parecen muñequitas extraídas de un aparador. Muñecas de sololoy (cuando no existía el plástico), se les calificaba en no muy remota antigüedad.
Si se quiere saber hasta donde llegó la mano larga de un funcionario público, de un empresario o un sindicalista, basta seguir la pista de sus hijos. Dónde viven, en qué lugares vagan, cómo gastan el dinero que papi colocó en sus manos. Así sabremos qué tan rata fue su progenitor.
Por citar ejemplos actuales, la niña de nombre extraño, hija de la pareja mafiosa de Iguala, coloca en su página de internet fotos con amigas en Europa, Asia, en el norte, en fin en los centros turísticos de alcurnia. Cantan alegremente en un auto, compra una hamburguesa y habla desde una banca de un bonito parque.
La jovencita, a la que ronda en sus grabaciones un sujeto de traje oscuro seguramente su guardia de corps, tenía permanentemente a su servicio a un camarógrafo que registraba para la historia del país sus actividades, aficiones y diversiones.
Pero no es caso único, como sabemos. Ahí están los hijos de Carlos Romero Deschamps, el tuxpeño propietario de un sindicato petrolero con salario de 30 mil pesos mensuales; regaló a su niñito una mansión en Miami con un Ferrari de los que ni siquiera conocemos en México.
La hermana recorre mundo en avión privado o el yate de papi, muy bien acompañada: sus perritos a los que muestra con orgullo en cada escala de su periplo por los distintos países del mundo que le agrada visitar.
Éstos son los notorios por ahora, pero cada lector tiene en su recuerdo nombres de hijos de papis afortunados. Si quieren moralizar al país, sigan a los golfitos y las golfitas, busquen a jovencitas exhibicionistas y liguen sus gastos con los ingresos legales del papá o a la mamá.
Que nadie se asuste; no habrá quien se atreva a investigarlos.


carlos_ferreyra_carrasco@hotmail.com

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