La Ciencia en México en el Siglo XX - Ruy Pérez Tamayo | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 29 de Diciembre, 2016
La Ciencia en México en el Siglo XX | La Crónica de Hoy

La Ciencia en México en el Siglo XX

Ruy Pérez Tamayo

Los primeros 10 años del siglo XX en México fueron los últimos de los 30 que el país disfrutó de la paz porfiriana, que permitió un tímido pero positivo desarrollo de la ciencia, juzgado por el número de instituciones de investigación activas, la proliferación de sociedades y academias científicas y la calidad de sus publicaciones periódicas existentes en 1910. Incluso en 1912 se celebró el Primer Congreso Científico Mexicano, que quizá representó el cierre oficial de las actividades científicas del país, antes de que éste se incendiara en las dos décadas siguientes en el movimiento social que conocemos como la Revolución.
El término de las acciones básicas revolucionarias coincidió con el asesinato del Presidente Obregón, en 1929, el mismo año en que la Universidad Nacional (fundada por Porfirio Díaz en 1910) obtuvo su primera autonomía (parcial) de manos del Presidente Portes Gil. Este episodio también marcó el renacimiento posrevolucionario de la ciencia en México, porque no cabe duda que el desarrollo científico del país corrió paralelo con el de la UNAM a lo largo de todo el siglo XX.
El primer paso oficial del gobierno mexicano en apoyo de la ciencia fue la creación, por decreto del Presidente Cárdenas en 1935, del Consejo Nacional de la Educación Superior y la Investigación Científica, facultado para diseñar: “...la creación y la organización...de los institutos... que tengan por objeto practicar investigaciones científicas...”.
Esto ocurría en los momentos de mayor alejamiento entre el Estado y la Universidad, por la resistencia de esta última a convertirse en instrumento de la política socialista del régimen. En lugar de cerrar la Universidad, en 1937 el Presidente Cárdenas creó el instituto Politécnico Nacional, que muy pronto se convirtió en otro centro de desarrollo científico del país.
El Presidente Ávila Camacho creó en 1943 el Instituto Nacional de la Investigación Científica (INIC) para estimular sobre todo a la industria y a la agricultura a través de la investigación; el INIC fue reestructurado por el Presidente Alemán en 1950, otra vez por el Presidente López Mateos en 1961, y finalmente convertido en Conacyt por el Presidente Echeverría en 1970.
Entre 1939 y 1942 ocurrió otro fenómeno fundamental en el desarrollo de la ciencia en México: el arribo de los científicos españoles “trasterrados”. No fueron muchos, pero su elevada calidad académica (adquirida en los mejores centros científicos europeos) y su entrega a la enseñanza les permitió, en el momento histórico en que llegaron a nuestro país, actuar como catalizadores del progreso de la ciencia mexicana, que entonces estaba lista para iniciarlo.
En 1952 el Presidente Alemán inauguró en forma simbólica la Ciudad Universitaria de la UNAM, que haciendo uso de sus espléndidas nuevas instalaciones pronto se convirtió en la institución científica más importante no sólo de México sino de toda América Latina. Poco a poco, varias escuelas del IPN también agregaron la investigación científica a sus funciones inicialmente educativas y tecnológicas.
En 1961 el Presidente López Mateos creó el Centro de Investigaciones y Estudios Avanzados (CINVESTAV), institución dedicada a la investigación científica y a la enseñanza de posgrado, que con los años ha alcanzado un merecido prestigio internacional como un centro de excelencia.
En 1973 y en respuesta a la solicitud de la ANUIES, el Presidente Echeverría fundó la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), para aliviar la carga estudiantil que agobiaba a la UNAM, con lo que se crearon nuevas áreas de trabajo para los investigadores de todos tipos, incluyendo a los científicos. En la década de los 70s y principios de los 80s se fundaron en la ciudad de México (40%) y en distintos sitios de provincia (60%) una serie de centros de investigación científica, social y tecnológica, conocidos como Centros SEP-Conacyt, que en el año 2000 ya eran 28. Considerando la lista anterior, puede decirse que en la segunda mitad del siglo XX México inició el desarrollo en serio de su presencia en la ciencia y la tecnología mundial. Esperamos que en el siglo XXI tal desarrollo alcance el nivel necesario para contribuir al crecimiento y al beneficio de su pueblo.

* Profesor Emérito de la Universidad Nacional Autónoma de México * Miembro del Consejo Consultivo de Ciencias de la Presidencia de la República, de El Colegio Nacional y de la Academia Mexicana de la Lengua.

consejo_consultivo_de_ciencias@ccc.gob.mx

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