Formalismo Zombie: ¿Arte o simulacro de originalidad? | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 29 de Diciembre, 2016

Formalismo Zombie: ¿Arte o simulacro de originalidad?

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A menos de un año de su aparición, el concepto de Formalismo Zombie se ha diseminado rápidamente para aplicarse, inicialmente, a mucha de la más reciente pintura abstracta. Hoy en día, se ha convertido en el término más ampliamente difundido que ha pretendido contextualizar e interpretar la transición del todavía llamado arte contemporáneo, entre los años noventas y hasta los primeros tres lustros del siglo XXI, período que obligadamente alude al arte de más reciente producción.
Lejos de constituirse como un movimiento artístico o una sólida construcción discursiva o decantada interpretación teórica, el Formalismo Zombie se está erigiendo como el apremiante adjetivo, que no existía, para denominar a los artistas meramente derivativos y cuya interacción con la compleja y rica herencia estética y formal del arte del siglo XX ha sido superficial, manipulada, tergiversada, omitida o incluso indiferente. Pero, ¿cuál es el contexto del surgimiento de este polémico concepto?
ENTORNO. El Formalismo Zombie surge en un momento en donde el acceso a la información que proporciona internet es inmediato e ineludible —esto implica que ya nadie está a salvo y no hay pretexto para estar desinformados—. Otro síntoma es el comienzo de la ruptura de fronteras entre proyectos curatoriales como las bienales y las ferias de arte. Por ejemplo la feria ABC-Art Berlin Contemporary (2011) resultó una exposición sobre pintura, con calidad de museo plenamente “vendible” o Zona Maco ha desarrollado una sección curatorial: Zona Maco Sur.
Incluso, comienzan a polarizarse el arte del siglo XX y el emergente del veintiuno, como sucede con la Frieze Masters, feria que sólo exhibe y vende arte hecho hasta el año dos mil, además de que en los últimos años ha habido una explosión mundial de espacios fundados por artistas jóvenes que buscan fincar alternativas al asfixiante y competitivo mundo del arte.
Aún cuando se especula que el primer antecedente, o uno de los primeros, de este concepto fue el texto “Zombie Art: The lingering life of abstraction in New York that just won’t die”, aparecido el 14 de diciembre del 2013 en el blog de Martin Mugar. No fue sino con el artículo de Walter Robinson “Flipping and the Rise of Zombie Formalism”, publicado en Arts Space el 3 de abril del 2014 que el Formalismo Zombie adquirió plena conciencia y forma. En el texto, Robinson reflexiona sobre el ambivalente vínculo entre los especuladores y poderosos del arte y cierto tipo de dudosos pintores.
El siguiente artículo que aplicó y diseminó el concepto fue “Zombies on the Walls: Why Does So Much New Abstraction Look the Same?”, de Jerry Saltz, publicado el 17 de junio, 2014 en Vulture, extensión en línea de la New York Magazine. El más reciente texto de importancia es “Who Has the Cure for ‘Zombie Formalism’?” de Howard Hurst, publicado en Hyperallergic el 17 de diciembre del 2014, a raíz de un panel de discusión en la School of Visual Arts de Nueva York. En español, la primera aproximación al Formalismo Zombie la hizo el sitio colombiano Esfera Pública a mediados del 2014.
Hurst sintetiza de la siguiente manera el proceder de los pintores zombies descritos por Robinson: “Obras de este tipo de artistas se caracterizan por su vaga intención de comentar sobre la historia de la pintura, además de poseer una astuta capacidad de fetichizar los procesos para fabricar algún simulacro de originalidad”.
Este ángulo pictórico ha comenzado a expandirse a otras ramas o tipos de arte, como el de “Conceptualismo Zombie”, aplicado por John Seed en su publicación para The Huffington Post del 6 de septiembre, 2014, “Zombie Conceptualism: The Next Art World Trend?”, de aquí es fácil derivar esta idea “¿existe la curaduría zombie?, ¿la teoría y crítica del arte zombie?, ¿el coleccionismo o las instituciones de arte zombie?” y finalmente “¿existe un ecosistema del arte zombie?”.
DESDE MÉXICO. En exclusiva para Crónica charlamos con dos especialistas sobre el Formalismo Zombie: Viviana Martínez, articulista y curadora en el Museo de la Ciudad de México; y Ramón Almela, artista plástico y crítico de arte afincado en Puebla, con doctorado en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid y docente en diversas universidades. A ellos les preguntamos ¿Puede aplicarse el Formalismo Zombie al arte mexicano?
Viviana Martínez señala que en México habíamos tenido una historia muy nacionalista en el arte hasta la segunda mitad del siglo XX, inclinación trocada cuando comienza a haber una apertura internacional a raíz del Tratado de Libre Comercio con América del Norte, ello en un entorno de expansión económica mundial y muchos otros aspectos políticos y sociales, que afectaron nuestra manera de consumir y producir imágenes.
“En los ochentas había todavía este furor por crear una identidad muy mexicana y al abrir México puertas a otras visiones también lo hicimos hacia un consumo y producción con estándares internacionales, entonces —como refieren los autores que hablan del Formalismo Zombie— tomamos la historia de las postvanguardias de los años sesentas como si fueran algo nuevo, ya que pudimos ver artistas de los noventas que eran neoconceptuales, neominimalistas, etcétera”.
Por su parte, Ramón Almela apunta “aquí en México me parece que el arte emergente se liga más con un arte de compromiso”, ante lo que nos preguntamos “¿en esta época todo arte es vendible?, incluso el arte de oposición tiene un mercado. Pero si el mercado es inevitable, como señala este especialista, ¿qué opciones hay? Almela afirma “el arte alternativo, que implica la defensa del arte más comprometido, es justamente esa posibilidad de hacer que el arte responda a valores humanistas, como a los que aspiraba la modernidad.
Anhelos destrozados por su propia crisis, o sea, el postmodernismo, lo cual vemos ahora a través de la transmodernidad, la altermodernidad o nueva modernidad donde se trata de rescatar algo de todo esto; pero me parece que este mecanismo de recuperación ha devenido en esta máscara superficial y sin sustancia de la pintura o lo propiamente zombie, resultando en algo así como haber tomado el saco, pero sin tener realmente nada adentro”.
EN EL MUNDO. Ramón Almela, describe cómo en los ochentas se encuentran los antecedentes del Formalismo Zombie, ya que había una desilusión del arte conceptual de los setentas. Después vino el colapso de las ideas y el postmodernismo empieza a emerger junto a movimientos como la transvanguardia italiana o el neoexpresionismo alemán, que implican la producción de arte con elementos concretos, palpables que podamos archivar, comprar o ver, requerimientos que según Almela coincidieron “con la situación económica de la era de Reagan-Thatcher y el inicio del neoliberalismo y la búsqueda del dinero, todos montados sobre falsas plataformas que llegaron a una crisis en los noventas”.
Almela comenta cómo le tocó vivir este auge económico en España. “Nosotros en los ochentas en Madrid hablábamos del “abstracto fácil”, con el cual se pretendía encontrar mecanismos de soltura expresiva en el color, forma, etc., sin siquiera tener un sustento conceptual detrás. Así está pasando ahora en relación con algo que me asusta mucho más, que tiene que ver con un gesto de ocultamiento político y económico a nivel global”.
A esto Almela agrega “ahora lo curioso es que el zombie art no se limita sólo a la pintura, se ha vuelto inclusive al concepto y la actitud del pastiche, de la copia, como Sherrie Levine quien hace de esa producción un discurso, como cuando toma imágenes, de otros artistas, cuando que esto evidencia un vacío donde impera la mercancía, el valor económico”.
Como un ejemplo extremo de mercantilización de lo conceptual e inmaterial, hablamos con Almela sobre Tino Sehgal, artista que estudió economía política, cuyos performances carecen de registro fotográfico pero que se incorporan al mercado a través de documentos notariales que indican al coleccionista cómo volver a ejecutar la obra. El carácter ubicuo y desmaterializado de la obra de Sehgal, donde el arte puede aparecer en cualquier lugar y momento, sugiere en palabras de Almela: “o la cultura se está haciendo una economía, o la economía se está dirigiendo a la cultura”. Simbiosis donde domina el trepidante acceso y circulación de la información y el imprescindible networking entre individuos.
ZOMBIES Y VIVOS. Viviana Martínez nos da la pauta para aplicar al concepto de Formalismo Zombie más allá de la pintura y en el contexto nacional. Martínez considera que en la experimentación entre arte y ciencia se están despuntando innovaciones, ya que como señala  “en el arte se hacen muchos experimentos que en la ciencia no se pueden hacer y que comienzan siendo un juego pero que están representando nuevas realidades y opciones”.
Como ejemplo menciona la obra Environmental Disturbances (2012), de Anni Garza Lau, (México DF, 1983), pieza que consiste en una diadema que mide las ondas cerebrales, que luego se traducen a un video instalación de un paisaje urbano donde el espectador puede controlar el clima. Si estás triste aparece nevando, si estás enojado empieza a llover y si estás feliz se encuentra soleado. Obra que en principio, hasta no encontrar ejemplos mejores y anteriores, nos parece muy innovadora.
Martínez también menciona a Leslie García (Tijuana B.C. 1981 u 82), artista que en su obra, Pulsu(m) Plantae, 2011 (última versión 2013) utiliza plantas a las que con programación les mide los impulsos eléctricos y adjudica un código que los interpreta. Al escuchar esto le cuestionamos “oye, no crees que esto ya es un tanto viejo” —mencionando como ejemplo una obra de veinte años atrás, Interactive Plant Growing, 1992-94 de Christa Sommerer (Austria 1964) & Laurent Mignonneau (Francia 1967) siendo que tanto en la pieza de García como en la de esta pareja el proceso que se emplea es muy similar (biofeedback), donde manos de espectadores que al tocar las plantas hacen que estas se comuniquen estéticamente, o dicho formalmente, un estímulo de un ser vivo a otro cuya respuesta genera una representación expresiva—.
Esto nos obliga a preguntarnos ¿esta similitud hace a esta obra mexicana derivativa?, ¿es un ejemplo de Formalismo Zombie?, ¿cuáles son las diferencias sustanciales entre los discursos de ambos artistas que permitirían dar sentido a este gran parecido?
Pero, ¿todo está perdido? Aun cuando Ramón Almela no deja de considerar el viejo anhelo donde la diversidad y mezcla de múltiples disciplinas del arte actual se enhebre con una actitud de denuncia para detonar la conciencia del espectador, la aportación más relevante y múltiple de la plática que mantuvimos con este autor gira en torno a vislumbrar cómo, para algunos, el momento actual de la Transmodernidad nos lleva en una espiral de retorno con la cual revisar y replantear los mecanismos del pasado moderno, mientras que para otros, esta revisión es un simple signo ideológico desde el cual fincar una posición política, o para otros más, como sucede con la connotación más simple y directa del Formalismo Zombie, la revisión de las herencias del siglo XX no es más que una jugosa oportunidad para fincar un engaño y sacar provecho personal y económico de él.

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