Cautiva al público el ritual sonoro de Hermann Nitsch | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 29 de Diciembre, 2016

Cautiva al público el ritual sonoro de Hermann Nitsch

Andrea Cusumano dirigió el estreno de la Sinfonía para la Ciudad de México.

Después de la cancelación de la exposición de Hermann Nitsch en el Museo Jumex, el estreno de la Sinfonía para la Ciudad de México de este pintor, performer y compositor se convirtió en el relevo que terminó por definir el paso de Nitsch por el país.
Sin la más mínima manifestación en contra por parte de defensores de los animales, pero sin la presencia del artista de 76 años quien ha requerido atención médica después de verse afectado por la altura de la ciudad de México y quien también canceló una charla con Cuauhtémoc Medina el 18 de febrero, este viernes 27 unas trescientas personas abarrotaron la Capilla del Cristo del ex templo de Santa Teresa la Antigua, para sumergirse en los sonidos que durante más de una hora inundaron el recinto.
Inspirado por compositores como Mahler, Bruckner, Scriabin y Messiaen, Nitsch se vio en la necesidad de desarrollar música adecuada para sus hipnóticos performances, los cuales requieren un alto nivel de concentración por parte de los participantes y el espectador. Afín a este espíritu, lo que se vivió en Ex Teresa fue un envolvente ritual sonoro que sustituyó a la sangre y vísceras de ganado previamente sacrificado en rastros y que Nitsch suele utilizar en sus performances.
Dirigida por Andrea Cusumano y con la asistencia de una orquesta de cuarenta músicos, Nitsch mezcló en un poderoso collage sonoro de cuatro movimientos, citas a música tradicional austriaca y popular oaxaqueña con prolongados sonidos continuos llenos de matices y planos que llegaban a ser cacofónicos. Las constantes rupturas entre el puñado de temas musicales fue enfatizada por la estridente presencia de matracas, silbatos, trompetas, percusiones, etc. y los cuales en algo replicaron a la propia cacofonía del DF.
Al finalizar el concierto, el respetable arrancó una ovación que se prolongó unos minutos, breve euforia con la cual Hermann Nitsch dio por saldada su deuda con los mexicanos.

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