El observatorio HAWC es resultado de muchos intereses en favor de la ciencia | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 29 de Diciembre, 2016

El observatorio HAWC es resultado de muchos intereses en favor de la ciencia

Especialista. Magdalena González es investigadora del Instituto de Astronomía de la UNAM.

El observatorio HAWC de rayos gamma permitirá generar ciencia nueva para conocer si las partículas de estos provienen los eventos más energéticos y poderosos del Universo, como los núcleos de galaxias activas, blazares, agujeros negros supermasivos y los destellos de rayos gamma (GRBs). Estos son sucesos cataclísmicos de los que se sabe poco, pero estudiar sus partículas remanentes, algunas de las cuales han viajado a través del cosmos y se han depositado en nuestro planeta, permitirá develar algunos misterios intrigantes que aún esconde la naturaleza.
El High Altitud Water Cherenkov (HAWC) se compone de 300 tanques, de 4 metros de altura por 7.3 metros de diámetro cada uno, con cuatro detectores y llenos de agua ultrapura que permiten identificar la luz emitida por partículas de rayos cósmicos y gammas. Se encuentra a 4 mil 100 metros en el volcán Sierra Negra, Puebla y es uno de los proyectos más exitosos de infraestructura logrados en México, resultado de una colaboración con EU. Se inaugurará el próximo viernes.
Este ha sido resultado de importantes actores, instituciones y muchas afortunadas coincidencias y si bien el proyecto ya se gestaba por investigadores estadunidenses, fue una científica mexicana quien lo atrajo a nuestro país en primera instancia. Magdalena González, investigadora del Instituto de Astronomía de la UNAM espera con ansia la inauguración y puesta en marcha del HAWC y regresó de su año sabático en EU para tan importante evento (y para recibir el Reconocimiento Sor Juana Inés de la Cruz de la UNAM).
La física egresada de la Facultad de Ciencias de la UNAM y doctora en astrofísica por la Universidad de Wisconsin, inició su carrera académica buscando hacer teoría en su campo, pero cambió el rumbo hacia la física experimental por su habilidad y empatía al trabajar en equipo. Se interesó por estudiar objetos astrofísicos de altas energías, donde inició con física nuclear y neutrinos.
ESTUDIANDO GAMMAS. Su trabajo en rayos gamma se desarrolló cuando se involucró en el observatorio Milagro de rayos gamma, a través de la Universidad de Wisconsin, donde contribuyó con el descubrimiento de un tipo de emisión a energías de este tipo, que jamás se había observado. Desde el 2007 es investigadora del Instituto de Astronomía, pero en años previos y durante su estancia posdoctoral en éste, gestionó la atracción del HAWC, sucesor de Milagro. 
“Cuando me doctoré, la colaboración de Milagro buscaba nuevos sitios para el nuevo proyecto. Se consideraron sitios en el Tíbet, Bolivia y en México, aunque en nuestro país no hallaron eco”, señala la astrofísica en entrevista. Se dio cuenta de que en México no existían especialistas que trabajaran astrofísica de rayos gamma de altas energías y al buscar grupos de trabajo no había con quien incorporarse. 
Pensó que tener instrumentos como el HAWC permitiría generarlos y así  “yo tener trabajo en México”. Alrededor de 2004 buscó a los especialistas e investigadores que podrían interesarse en el nuevo proyecto y convencerlos de que era viable desarrollarlo. “Una de las primeras cosas que hizo la diferencia fue convencer a Alberto Carramiñana —actual director del Instituto Nacional de Astrofísica Óptica y Electrónica (INAOE), uno de los institutos que ahora encabezan el observatorio— que HAWC era posible y más si el INAOE nos apoyaba”. 
Fue cuando este centro Conacyt entró al proyecto y realizó estudios de sitio, además ya habían desarrollado infraestructura para el Gran Telescopio Milimétrico, que se encuentra en la cima de Sierra Negra. 
Pero atraer la colaboración del Laboratorio Nacional de los Alamos y las Universidades de  Maryland y Wisconsin fue un logro de la mexicana, quien había sido su colaboradora y parte de sus proyectos. “Cuando vengo a México y les doy la información requerían para decidir si se podía instalar el HAWC en nuestro país [y tras hacer prospecciones en diversos picos de nuestro territorio] es cuando se empiezan a convencer y conocer el sitio”.
No obstante, la científica enfatiza que no se le puede adjudicar que HAWC mire hacia los confines del Universo desde Sierra Negra, sino que ha sido un conjunto de coincidencias.  Inició con la participación del INAOE y siguió Conacyt. 
“Fue una temporada en la que lanzó convocatorias de proyectos millonarios en los que se incrementaron los montos para aquellos más grandes. Antes de ello, no había fuentes para financiar un proyecto así”. De los 13 millones de dólares, Conacyt y la colaboración mexicana contribuyó con una tercera parte. “Sin esa visión de Conacyt no habría sucedido el proyecto”.
Pero también coincidió que Sierra Negra ya tenía la infraestructura del GTM, así como que los colaboradores del Instituto de Física de la UNAM habían terminado su colaboración en la instrumentación para el detector ALICE del Gran Colisionador de Hadrones y podrían así participar, agrega. “Coincidió también que yo quería volver a México y le puse todas las ganas. Fue una simbiosis de muchas circunstancias”.
Para Magdalena González también fue llegar con el proyecto en el momento y lugar. “Sería muy ególatra decir que HAWC es resultado de una sola persona. Pudo haber un disparo inicial, pero es un proyecto grupal de muchas instituciones donde cada una tuvo su participación indispensable. Eso es lo bonito del proyecto: la unión de tantos intereses en favor del avance de la ciencia”.

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