Para medir a los independientes - Ricardo de la Peña | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 29 de Diciembre, 2016
Para medir a los independientes | La Crónica de Hoy

Para medir a los independientes

Ricardo de la Peña

No es novedad afirmar que en Nuevo León las encuestas fracasaron al intentar medir las preferencias por una candidatura independiente.
En el caso de las preelectorales, aún las encuestas más cercanas al resultado preliminar subestimaron en la mitad el margen de victoria finalmente logrado por El Bronco: 13 contra 26 puntos. Pero abundaron las encuestas que colocaban a este candidato independiente no sólo en el segundo, sino inclusive en el tercer lugar, como fue el caso de la encuesta GEA-ISA cuyos resultados fueron reproducidos en La Crónica de Hoy del 3 de junio pasado (gráfica 1).
Esto nos hablaría no sólo de posibles cambios temporales en las preferencias, sino de una probable tendencia al ocultamiento del sentido del voto por parte de los entrevistados (la mayoría de estudios hizo uso del tradicional método de símil de boleta y urna móvil para recabar la intención de sufragio de los ciudadanos consultados), además de factibles efectos derivados de tasas de participación diferenciadas que podrían haber generado sesgos en la capacidad de las muestras para reproducir certeramente la distribución de los votos.
Esta visión de múltiples factores que afectaron simultáneamente las mediciones y que explicarían la magnitud de las inexactitudes de las mediciones previas, se confirma si se mira el hecho de que todavía en algunas de las encuestas de salida se estimó una corta distancia para el triunfo de El Bronco, de cuatro y seis puntos, muy alejada de la realidad, lo que hablaría de un ocultamiento del voto, además del sesgo potencial presente en las muestras, que explicaría por qué ni siquiera los conteos rápidos auguraban una distancia como la que se dio finalmente: 17 contra 25 puntos, ocho puntos en una muestra de  actas donde ya no existe selección o respuesta directa del votante distinta a su verdadero voto.
Existe así una afirmación categórica prácticamente generalizada: los encuestadores no sabemos cómo medir las candidaturas independientes. Y esto no sólo fue importante en el caso de Nuevo León, sino que va a seguir siendo relevante a futuro, pues las candidaturas independientes llegaron para quedarse en el sistema político-electoral mexicano.
¿Realmente es posible a través del instrumento de la encuesta medir las preferencias por candidatos independientes dentro del conjunto de competidores por cargos de elección popular en nuestro país hoy día?
Asumamos que el elector tendió a ocultar su intención de voto en el símil de boleta que le entregaban los entrevistadores, lo que finalmente es su derecho y decisión. ¿Habrían estos mismos electores consultados revelado en otro momento de la entrevista el auténtico sentido de su preferencia? Supongamos que sí. ¿En qué momento lo harían?
Los encuestadores suelen utilizar baterías de preguntas para determinar el nivel de (re)conocimiento de los candidatos por su nombre y/o partido y, con posterioridad, aplicar preguntas que permitan conocer la opinión general sobre cada uno de los contendientes: los llamados “termómetros” para la medición de opiniones positivas y negativas por cada uno de los participantes en una contienda por un único cargo.
¿Y qué pasa si simplemente cada vez que un elector consultado nos informa que sí (re)conoce a un candidato o candidata independiente y tiene una opinión positiva de él o ella, asumimos que es un votante potencial por dicha candidatura y cuando no participa de dicha opinión positiva, tomamos como el sentido de su preferencia aquello que respondió en la boleta?
Esto es: ¿qué pasa si construimos una variable “oculta” que asuma como votante por una candidatura independiente a quien diga tener una opinión positiva por tal candidatura y al resto se le asigna su respuesta  a partir de la pregunta tradicional sobre preferencia, bien sea con o sin uso de un símil de boleta depositado en urna móvil?
En el caso de las encuestas GEA-ISA este simple procedimiento corrige de manera adecuada la medición y aproxima la última encuesta de esta alianza al resultado preliminar, que supondría un giro de cuatro puntos a favor del ganador entre el momento de medición y el evento electoral, que bien pudiera corresponder a ajustes en las preferencias de los electores al cierre del proceso (gráfica 2).
Los resultados aquí presentados corresponderían estrictamente a los de esta variable “oculta”, que cualquier interesado podría (re)construir por su propia cuenta a partir de las bases de datos  previamente depositadas por GEA-ISA en el INE y en el OPLE de Nuevo León, en apego al acuerdo que regula la publicación de encuestas durante el proceso electoral que está por concluir. Esta corrección de la estimación de preferencias supone adoptar un modelo de toma de decisión del votante en dos tiempos: primero, si vota por un partido o a quién es o se percibe como independiente del sistema de partidos (medido por un “termómetro” adecuado) y, después, por cuál partido vota, si esa es su opción (registrado por la técnica convencional de símil de boleta y eventualmente con uso de urna móvil).
¿Es este un procedimiento válido para cualquier caso? Los colegas pudieran revisar sus propios ejercicios para ver si esta hipótesis aproxima sus propias estimaciones al resultado de la elección o ver si cuentan con un mejor modelo para la corrección de sus estimaciones.
Por nuestra cuenta, tomaremos esta hipótesis como punto de partida para adaptarlo a los formatos de futuras contiendas y modelar así escenarios de reparto de preferencias en ejercicios de medición donde participen candidatos independientes, sea de manera  formal o incluso perceptual. Luego, habrá que contrastar estas correcciones con los resultados que se den en las urnas, con el fin de poder corroborar o refutar la validez general de esta hipótesis, como debe hacerse cuando se desea ser científico.

* Presidente Ejecutivo de
 Indagaciones y Soluciones Avanzadas, S.C. (ISA).

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