Tres décadas sin Rockdrigo González, el Profeta del Nopal | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 29 de Diciembre, 2016

Tres décadas sin Rockdrigo González, el Profeta del Nopal

“Si ya hay en el rock de México quien domine a la perfección la técnica, la cadencia y el ritmo junto con un talento para componer canciones que retraten nuestra realidad a la altura de nuestros grandes compositores como José Alfredo Jiménez o Chava Flores, no puedo más que decir que, de entrada, con Rodrigo González tenemos un rock más complejo, crítico e inteligente”, escribió el escritor José Agustín en una reseña publicada en el diario Unomásuno, a principios de los años 80, para referirse al cantautor Rockdrigo González, quien comenzaba a hacer ruido en un bar cerca de la glorieta de Insurgentes y que posteriormente se convirtió en uno de los músicos más influyentes del rock mexicano.
El músico será recordado con distintas actividades el próximo fin de semana con motivo de la conmemoración de tres décadas de su fallecimiento, el 19 de septiembre, víctima del terremoto de 1985 al derrumbarse el edificio en el que vivía en la colonia Juárez del Distrito Federal. Primero el viernes 18 al medio día se realizará una ofrenda en la estación del Metro Balderas y una hora más tarde algunos rockeros estarán presentes en el Mural del rock del Metro Chabacano para recordarlo, posteriormente el sábado habrá un concierto en homenaje al músico en el Centro Cultural José Martí en el que estarán presentes bandas como Heavy Metal y La Revuelta, entre otros.
La historia de Rodrigo González comienza el 25 de diciembre de 1950 en Tampico, Tamaulipas, cuando nace en la colonia Altavista, hijo del ingeniero naval Manuel González Sámano y la señora Angelina Guzmán. Gracias a la cercanía con Estados Unidos, en su infancia y adolescencia, fusiona su conocimiento de la música tradicional huasteca de la región donde vive con el rock de figuras como Bob Dylan, quien le inspiró a tocar la armónica y refirmar su dedicación a la música.
Terminó su educación media superior en artes y humanidades y tuvo sus primeras bandas de rock llamadas Los Hongos y Los Géminis, al mismo tiempo que también incursionó en el teatro y la literatura. Era conocedor de la obra del antropólogo Sir James George Frazer, del psicólogo suizo Carl Jung y tenía un gran conocimiento de literatura universal, además era aficionado de los cuentos de La familia Burrón y Chava Flores, y un gran admirador de Octavio Paz.
En 1975 abandonó su carrera de psicología en la Universidad Veracruzana porque estaba en desacuerdo con el programa de estudios y luego se muda a la ciudad de México con su amigo Gonzalo Rodríguez con quien forma un dueto de canto con quien llega a tocar en 1976 en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, en donde presenta algunas de sus canciones originales.
Luego de separarse de Gonzalo, Rodrigo se dedicó a interpretar sus propios temas en las plazas públicas de la ciudad, en las estaciones del Metro, autobuses y las calles de la ciudad “al estilo inglés”, como solía decir. Con el tiempo logro trabajar junto a Javier Bátiz en un bar llamado Wendys’s Pub ubicado cerca de la glorieta de Insurgentes en donde formó parte de diferentes bandas entre las cuales destacó el Grupo Dama y donde conoció a José Agustín.
Es en ese momento cuando la figura de Rodrigo comenzó a cobrar un gran nivel de popularidad para las bandas del rock, así como círculos de intelectuales y universitarios, y aprovechó el reconocimiento junto a otros artistas que destacaban junto con él como Jaime López, Roberto González, Alain Derbez y Rafael Catana, para crear el Colectivo Rupestre, que se convirtió parte fundamental del desarrollo del rock mexicano en una época de represión gubernamental y social hacia todo lo que tuviera que ver con el rock, en los años 80.
“Los rupestres por lo general son sencillos, no la hacen mucho de tos con tanto chango y faramalla como acostumbran los no rupestres, pero tienen tanto que proponer con sus guitarras de palo y sus voces acabadas de salir del ron... son poetas y locochones, rocanroleros y trovadores, simples y elaborados”, recitó Rockdrigo en el Museo Universitario del Chopo en noviembre de 1984 durante el Segundo Festival de la Canción Rupestre que él organizó y que se convirtió en uno de los escaparates de los músicos urbanos.
En ese mismo año se presentó en diversos foros de la ciudad de México, participó en un par de películas (Un toke de rock, de Sergio García Michel y ¿Cómo ves?, de Paul Leduc) y editó su única producción, un caset grabado de manera independiente llamado Hurbanistorias, que a la postre estuvo a punto de abrirle las puertas de la compañía productora WEA, de la mano de José “Pepe” Navar en septiembre de 1985, pero la tragedia del terremoto de ese año no permitió que se cerrara la negociación.
El músico fue encontrado muerto junto a su última pareja Françoise Bardinet, horas después de una última presentación en ocasión del primer aniversario del periódico La Jornada. Su departamento estaba ubicado en un edificio de la calle Bruselas (número 8), en la colonia Juárez. El espacio que ocupaba su edificio hoy es un estacionamiento, frente al Café de los Psicólogos y al lado de la Plaza Giordano Bruno.
El músico dejó una hija, Amanda Lalena, a quien concibió con Mireya Escalante, quien era su pareja en sus años de juventud a principios de los 80. Su hija estudió literatura en la SOGEM y posteriormente decidió una carrera musical bajo el pseudónimo de Amandititita.
La obra del también llamado Profeta del Nopal quedó inmortalizada en las publicaciones post mortem de Ediciones Pentagrama con cuatro discos: la reedición de Hurbanistorias (1986), El profeta del nopal (1986), Aventuras en el defe (1989) y No estoy loco (1992). La más popular de sus canciones es “Estación del Metro Balderas”, popularizada en los años 80 por Alex Lora; pero en su repertorio también hay temas emblemáticos como “No tengo tiempo”, “Distante instante”, “Asalto chido” y “Tiempos híbridos”, entre otros que han sido retomados por algunas bandas del rock urbano… el subgénero que se convirtió en su más grande legado.

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