Banalizar la pobreza - Manuel Gómez Granados | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 29 de Diciembre, 2016
Banalizar la pobreza | La Crónica de Hoy

Banalizar la pobreza

Manuel Gómez Granados

Este octubre resultó un buen mes para reavivar la discusión sobre la pobreza a escala global. El más importante impulso lo dio el Comité del Premio Nobel de Economía al otorgar ese galardón a Angus Deaton, el profesor de la Universidad de Princeton que ha dedicado su vida a analizar la pobreza. Deaton hizo un breve comentario sobre los estudios de pobreza en América Latina que debería interpelar a todos los gobiernos de la región.
El comentario no es nuevo, hay quienes, por su experiencia cotidiana en el combate a la pobreza y sus efectos, lo saben, lo viven en carne propia, pero al decirlo Deaton adquiere un significado novedoso. Deaton, a quien sus colegas llaman Yoda, en referencia al personaje de Star Wars, hizo ver que aunque “no es especialista en la región, las estadísticas en las que se basan los estudios sobre pobreza en América Latina, no son creíbles, pues se basan en encuestas con un modelo obsoleto en el que los encuestadores hacen las preguntas equivocadas y los encuestados temen decir la verdad”.
No es posible echar en un costal único a toda América Latina, pues hay diferencias notables entre lo que han hecho Costa Rica o Uruguay para combatir la pobreza, lo que ha hecho México, donde más bien se le contiene, pero no se le combate, y la actitud más bien cínica del gobierno de Argentina que dejó de medir la pobreza porque —según la señora Kirchner— tienen “menos pobres que Alemania”.
Los problemas con la metodología de las encuestas que sirven para medir la pobreza, que en México es la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) de INEGI, se puede apreciar en la contradicción entre lo que el Consejo Nacional para Evaluar la Política Social, el Coneval, mide cuando distingue entre pobreza extrema y pobreza moderada, y el hecho de que —según esa métrica— no hemos avanzado (ni retrocedido) en México en los últimos 15 años en materia de pobreza, y lo que dice el Índice de la Tendencia Laboral de la Pobreza, una de las métricas nuevas que Coneval ha creado y que demuestra, más allá de cualquier duda, que entre las personas que perciben un salario para vivir, ha aumentado la pobreza.
Deaton no es el primero que critica las encuestas latinoamericanas para medir pobreza. Hace casi un año, cuando vino a México, Thomas Piketty, criticó también la ENIGH. Más allá de lo que Deaton o Piketty puedan decir, incluso Coneval acepta que no hay avance en México en materia de combate a la pobreza. La pobreza ha terminado por convertirse en un monumental negocio que garantiza la docilidad política de millones sometidos artificialmente a un régimen de escasez.
Que América Latina use estas metodologías obsoletas encuentra su complemento lógico en que seamos la región con mayor desigualdad, con mayor violencia, una de las más corruptas y con mayor impunidad del mundo.
 Nuestra desigualdad, peor que la de África, requiere para preservarse y ampliarse de una generación a otra, del sostenimiento artificial de la pobreza. El resultado de esa relación simbiótica entre desigualdad y pobreza es la violencia que alcanza los niveles que padecemos ahora en México, Venezuela, El Salvador u Honduras gracias a la corrupción y la impunidad que, hasta ahora, sólo Guatemala ha decidido combatir en serio. Lo que resulta es una realidad en la que la pobreza se ha banalizado, pues se le sostiene de manera artificial e innecesaria, para preservar la desigualdad y, lo peor, ya nos acostumbramos a verla como parte del entorno cotidiano.

manuelggranados@gmail.com

 

 

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