La Violencia Política hacia las mujeres: el reto pendiente - Diva Hadamira Gastélum | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 29 de Diciembre, 2016
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La Violencia Política hacia las mujeres: el reto pendiente

Diva Hadamira Gastélum

Según datos de la ONU, en pleno 2015, sólo el 22% de las posiciones parlamentarias nacionales estaban ocupadas por mujeres. Hasta enero de este año, 10 mujeres eran jefas de Estado y 14 jefas de gobierno, mientras que sólo el 17 por ciento de las posiciones en los gabinetes de estado estaba integrado por mujeres, las cuales en su mayoría se encargan de carteras tradicionalmente asignadas a mujeres: familia y educación. Para la ONU estos datos son peores si tomamos en cuenta las posiciones municipales o estatales.
En la Convención sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW por sus siglas en inglés), se habla de que la discriminación contra la mujer es toda “distinción, exclusión a restricción basada en el sexo que tenga por objeto o por resultado menoscabar o anular el reconocimiento, goce o ejercicio por la mujer, independientemente de su estado civil, sobre la base de la igualdad del hombre y la mujer, de los derechos humanos y las libertades fundamentales en las esferas política, económica, social, cultural y civil o en cualquier otra esfera”. Es en este sentido que estas brechas de género, donde el poder político ha sido desproporcionadamente ejercido por hombres, pese a que las mujeres son en promedio la mayoría de las poblaciones de los países, son reconocidas como situaciones de discriminación por género.
Igualmente las mujeres enfrentamos discriminación y violencia clara al ejercer nuestros derechos. Un ejemplo en que la violencia por condición de género es evidente, es aquel que enfrentan las mujeres candidatas. Ellas enfrentan situaciones que rara vez se le pasan a candidatos hombres: desde cuestionamientos por su apariencia, hasta cuestionamientos de corte familiar, quizás como una respuesta machista a aquellos que todavía ven que el papel de la mujer está fuera de la vida pública y la toma de decisiones.
Por otra parte estos cuestionamientos son yugos sin solución, dilemas “entre la espada y la pared”: A Hillary Clinton y Angela Merkel se les cuestionó su apariencia por no ser tradicionalmente femenina, mientras que a Ivonne Álvarez y Claudia Pavlovich se les cuestionó mantener una imagen tradicionalmente femenina. Al estar basadas en estereotipos de género, estas observaciones eran evidentemente subjetivas y más un reflejo del sexismo prevalente todavía en la vida política. Detrás de comentarios sobre las apariencias de las mujeres, sobre su vida familiar, y “si descuidan a las hijos e hijas”, o del morbo que se tiene al pensar en hombres como “primeros damos” está la asociación implícita del ejercicio del poder a una masculinidad hegemónica así como a una concepción tradicional de familia.
Dos mil quince es el año en que el Primer Ministro de Canadá declara que ya es hora de un gabinete paritario en género, pero es también el año en que la prensa estadunidense sigue cuestionando el papel que interpretaría Bill Clinton de ganar la presidencia de Estados Unidos, Hillary.
Dos mil quince es el año en que la comunidad internacional hizo como suyo el reto de alcanzar la igualdad de género y el empoderamiento de todas las mujeres y niñas, incluyendo su participación plena y efectiva en todas las posiciones de toma de decisiones en la arena política, y es también el año en que el titular de la FEPADE, declaró haber registrado 38 casos de violencia política de género contra 2 en 2012.
De acuerdo a un estudio de la George Washington University, las mujeres enfrentan un trato más duro comparado con los hombres por parte de los medios y de la opinión pública. Es cierto, las mujeres enfrentamos mayores retos al ejercer o buscar ejercer el poder. En Latinoamérica esto ha sido reconocido por Bolivia, Ecuador, Costa Rica, Perú, Honduras y México por diversas acciones de corte legislativo para sancionar las acciones, conductas y/o agresiones físicas, psicológicas y sexuales cometidas por una persona o grupo de personas directamente o a través de terceros contra mujeres candidatas o en ejercicio de la función político-pública para evitar que participen en la toma de decisiones, una definición amplia para un fenómeno complejo. No obstante, el camino hacia un México más prospero y a una democracia más plena es necesariamente a través de la eliminación de la violencia política hacia las mujeres.

Presidenta de la Comisión para la Igualdad de Género de la Cámara de Senadores
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