“Eraclio Zepeda fue un hombre con vitalidad sin límites”: Jaime Labastida | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 29 de Diciembre, 2016

“Eraclio Zepeda fue un hombre con vitalidad sin límites”: Jaime Labastida

TRIBUTO. Elva Macías -viuda de Eraclio-. Jaime Labastida y Federico Reyes Heroles en el homenaje al escritor chiapaneco.

Cálido, defensor de causas justas, ebrio de alegría, poeta, novelista, actor y apasionando de la historia, comprometido con Chiapas (su estado natal) fueron algunas de las palabras con que se recordó a Eraclio Zepeda (1937-2015).
A dos meses de su fallecimiento, familiares, amigos, colegas y funcionarios se dieron cita la noche del jueves en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, para rendir homenaje al autor de la tetralogía de novelas compuesta por Tocar el fuego, Las grandes lluvias, Sobre esta tierra y Viento del siglo.
“Poseedor de voz única que reflejó sombras y sueños en el oficio literario, al pintar el país con pinceladas tan finas, que de un solo trazo se advierten las entrañas del hombre”, dijo sobre Zepeda, Rafael Tovar y de Teresa.
El presidente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) destacó que con sus obras Zepeda fue creador de detalles que se esconden en un gesto, los cuales forman el legado del escritor y podrán verse en México como parte de su trabajo.
“Leerlo es enfrentarse a un autor que supo ver la vida, al conjugar la cultura con el rigor de prosa diáfana que conduce por el camino de las ideas, al contemplar una realidad cotidiana (...) leerlo es equipararlo a la buena charla, pues era un excelente conversador”, comparó Tovar y de Teresa.
“Hombre con vitalidad sin límites y ebrio de alegría, con una sonrisa a flor de piel y exuberante como la selva; podemos morir todos pero Eraclio no”, recuerda Jaime Labastida haber dicho cuando se enteró del fallecimiento de su amigo y hermano.
El director de la Academia Mexicana de la Lengua (AML) dijo conmovido que esas eran las palabras con las que recordaba a Eraclio Zepeda cada vez que le venía su imagen a la mente.
Su amor por la familia y su estado natal fueron reflejados también en su obra: “Viajaba mucho pero tenía sus raíces en México; hablaba del clima y la manera de ser de sus connacionales (...) su corazón quedó en su tierra natal, un amor intenso e inmenso por Chiapas y sus indígenas, los cuales plasmó en su tetralogía”.
Destacó también la etapa en la que junto con Eraclio Zepeda trabajaban por gusto en su taller literario, “guiados por el gusto y la benevolencia (...) leíamos versos de Neruda, Paz, Miguel Hernández... Sin métodos no maestros, lo que se tradujo en años de aprendizaje y curiosidad insatisfecha”.
Mientras que Federico Reyes Heroles dio como explicación a la interrogante de por qué se le extrañaba tanto, y la razón dijo era por la elegancia con la que se entregó a su oficio, que supo barajar a la familia y las convicciones políticas y amor a los amigos.
En la mesa estuvieron también la viuda de Zepeda, la poeta Elva Macías, quien leyó un poema de circunstancia. Previo a las palabras se proyectó un video con numerosas fotografías de la niñez, juventud y madurez de Zepeda, acompañada por su voz, que narraba El enfrascador de almas.

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