“El dolor y la violencia es algo que nos afecta a todos como nación”: Ethel Krauze | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 29 de Diciembre, 2016

“El dolor y la violencia es algo que nos afecta a todos como nación”: Ethel Krauze

“El dolor y la violencia es algo que nos afecta a todos como nación”: Ethel Krauze | La Crónica de Hoy

Nombrar los sentimientos que experimenta un joven a quien le están cercenado la cabeza o a quien lo están asfixiando con una bolsa de plástico, es escuchar el dolor de una vida interrumpida, y eso es sinónimo de llanto. Así lo considera Ethel Krauze, autora de la novela El país de las mandrágoras, libro que narra la historia de Tana, una profesora universitaria que escucha la voz de uno de sus estudiantes asesinado.

En la novela, la maestra también escucha, por medio de mensajes de texto, correos electrónicos y de publicaciones en redes sociales, la voz de los familiares del joven, de su novia, sus amigos y de toda la comunidad que quieren saber por qué desapareció y por qué murió.

“Me pareció fundamental escuchar lo que está pasando en el corazón y mente de los muchachos que están muriendo. A mi personaje central, el joven que está siendo asfixiado, quise ponerle palabras sobre lo que estaba sintiendo y pensando, además de ponerle voz a su novia, hermana, padre, maestra”, comenta la escritora.

Poner palabras a esas cosas que no han sido nombradas, añade, porque hoy sólo decimos “han muerto tantos, pero cuando nos ponemos a escuchar lo que está sintiendo un muchacho que le están cercenando la cabeza o que lo están asfixiando con una bolsa de plástico, lo podemos nombrar y al ser nombrado, nos ponemos a llorar. Creo que en este país nos hace falta llorar”.

—Tana comenta en la novela que nunca imaginó escribir sobre la violencia, ¿se identificada con su personaje?

—No es que me haya propuesto escribir sobre la violencia, al contrario, yo quería no escribir sobre eso, estuve luchando un año entero en contra de esas voces que empezaron a poblarme: los hijos muertos. Pero fue hasta que no podía más con esas vivencias y tuve que ponerme a escribir.

“Para mí la escritura de esta novela fue tormentosa, pero ahora que está terminada y publicada, es cuando le encuentro el sentido a quitar silencios, a escuchar, a ver, palpar y sentir lo que nos ocurre a todos, porque el dolor y la violencia no es algo que le ocurra a uno o a otra persona, es algo que nos ocurre a todos como sociedad, país y al mundo. Es una cuestión global”.

Sobre porqué utilizar la metáfora de la mandrágora que crece a la par de la cifra de los asesinados, Ethel Krauze explica que los jóvenes que mueren son vidas truncadas y por eso no pueden acabar de morir.

“Es un fenómeno real: los hijos muertos son enterrados en el doble sentido de la palabra: puestos debajo de la tierra, en fosas clandestinas y, además, olvidados. Pero en realidad no se quedan bajo tierra, empiezan a brotar porque ellos quieren seguir vivos, es su derecho a la vida lo que están reclamando. Surgen en forma de mandrágoras. No fue una metáfora que me propuse, la sentí tal cual porque donde escarbas aparecen huesos, calaveras, trozos…” .

La novela editada por Alfaguara, está dividida en dos partes: “Los brotes y “Los trozos”, que en opinión de la también autora de El secreto de la infidelidad, son palabras que no se conceptualizan humanamente.

“Nos negamos a escuchar a esos jóvenes, porque sus historias se convierten en algo de políticos, de jurídicos, de leyes, pero en el nivel humano son muchachos que no acabaron de vivir y que dentro de nosotros están reclamando. Necesitamos ese espacio para llorar y eso nos los da la literatura”.

REVELAR. Aunque no ha encontrado respuesta al dolor que le causa la muerte de jóvenes, Ethel Krauze explica que escribir su novela, fue un ejercicio de capturar las vivencias y emociones a través de las palabras.

“Es ver que las puedo compartir con los demás y que todos nos sumamos a ese mismo compartir, creo que ahí hay una forma de respuesta, una forma de hacer significativa esa vivencia, hay una manera de sentirnos unidos. El dolor une y en esa unión puede encontrarse una salida”.

Todo es ficción, no hay datos verídicos en tu novela, a excepción del caso Sicilia, ¿por qué?

—La ficción es lo que nos permite ver la realidad, si me refiriera a una persona real que periodísticamente pudiera ser identificable, me estaría centrando en esa particularidad, pero cuando construyo un personaje busco que a la vez sea todos los jóvenes, los padres o madres, es decir, se hace real, se hace social.

“La ficción es un ojo profundo de la realidad, siempre he pensado y creído en ello, por eso la literatura tiene un poder en la sociedad, por eso lo primero que se hace en los regímenes totalitarios es quemar los libros, ir detrás de los autores. La literatura es ese espacio donde el lenguaje se usa no para ocultar, sino para revelar”.

Javier Sicilia es un personaje muy querido, respetado y admirado por las generaciones de escritores y poetas, indica Krauze, por eso “cuando ocurrió el asesinato de su hijo, el gremio recibió un shock tremendo porque es cuando nos damos cuenta que a todos nos toca, lo sientes más cercano, entonces se visibilizó la parte humana”.

 

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