Defensores de narcos: todo es posible | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube

Defensores de narcos: todo es posible

Clientes. En 24 años de litigio, Alberto Woolrich ha defendido a capos como Amado Carrillo Fuentes El Señor de los Cielos, Miguel Ángel Félix Gallardo El Zar de la Cocaína

En el mundo de los abogados de narcos todo es posible. Las invitaciones, los contactos para defender a algún gran capo provienen a veces de las instituciones encargadas de acusarlos. Desde la propia Procuraduría General de la República, conforme al testimonio de algunos defensores.
Uno de ellos es el abogado Alberto Woolrich, actual presidente del Colegio de Abogados de México.
Suelta: “Gente de la PGR me ha ofertado defender a determinados narcotraficantes a cambio de cantidades exorbitantes”.
¿Cuánto?
—Un millón de dólares de arranque, como un primer bocado.
—¿Y?
—No he aceptado, porque vale más la tranquilidad. Y qué raro que los mismos responsables de combatir a los cárteles anden jugando el papel de promotores de capos.
¿Cómo lo explica?
—Por la inmensa corrupción que permea dentro de las dependencias de procuración de justicia. ¿Cuántos dólares no andarán circulando para las negociaciones?
¿Y quiénes son esos coyotes?
—Funcionarios, fiscales, coordinadores, hay de todo.
Uno de los ofertados, cuenta, ha sido Juan José Esparragoza Moreno El Azul, cabecilla histórica del Cártel del Pacífico y a quien se ha dado por muerto sin confirmación oficial.
Woolrich tiene referencias de estos enganches desde la década de los 90 y hasta la fecha, según lo corrobora la voz de otro joven abogado inmerso en asuntos de tráfico de drogas y delincuencia organizada: Luis Daniel Garay Munguía.
“Se da, pero no es la Procuraduría como institución, sino funcionarios corruptos que lo mismo te quieren vender expedientes que poner en contacto con peces gordos. Principalmente ofrecen la representación de jefes de plaza, que no son muy sonados a nivel central, pero sí muy conocidos en provincia o dentro de la organización criminal”.

FUEGO. El tema es abordado con cierta serenidad por Rogelio de la Garza González, acostumbrado desde niño a escuchar nombres de los jefes de la mafia. Su padre Ricardo de la Garza defendió al primer gran narcotraficante detenido en nuestro país: el cubano Alberto Sicilia Falcón, identificado como “el narcostar bisexual”. Rogelio lo conoció antes de su mítica fuga de la prisión de Lecumberri.
“Hay situaciones muy tentadoras en la PGR, pero no debemos caer. Suenan a cuatro, a riesgo y trampa”, dice.
Sin reparo, sostiene que hace muchos años estuvo en una reunión con El Azul, Ismael El Mayo Zambada, Joaquín El Chapo Guzmán y otros presuntos líderes…
—Y no eran las personas agresivas que muchos decían, sino gente muy agradable —narra a Crónica—. Luego me hablaron por teléfono de la Procuraduría, uno de los fiscales, para decirme: te vamos a romper la madre. Sólo contesté: soy abogado de ellos, y los abogados podemos reunirnos con nuestros clientes.
En 24 años de litigio, la mayoría de sus defendidos han sido acusados por delitos contra la salud o lavado de dinero. Sobresalen en la lista Amado Carrillo Fuentes El Señor de los Cielos, Miguel Ángel Félix Gallardo El Zar de la Cocaína”, Vicente Carrillo Leyva El Licenciado y el empresario chino Zhenli Ye Gon.
¿Y el Chapo?
—Lo defendí cuando lo detuvieron por primera vez, pero es mucho desmadre, por el número de asuntos. Lo dejé porque él tiene más confianza a los abogados de Sinaloa. Además yo digo las cosas como son.
Con esos clientes, cualquiera podría satanizarlo —se le objeta.
—¿Qué es peor: defender a un político o a un mafioso? Es lo mismo…
¿Lo han amenazado?
—No propiamente los malos, sino los supuestos buenos. Después de que se repartió el dinero de Zhenli me llevaron a la oficina de un alto mando de la autoridad. “No te pases de la raya o te reventamos”, me intimidó con su cara de orangután. Pensé que no saldría vivo de ahí. Las malas lenguas dicen que la lana asegurada se quedó en la cuenta bancaria de quien me amenazó.
Se reserva el nombre, “porque con ellos no te puedes meter”.
¿Cuándo ha sentido miedo?
—Cuando el aparato gubernamental está en contra y sientes que te involucrarán en un caso. Hay días en que me pregunto ¿por qué no fui vendedor de libros o veterinario? A veces el fuego se siente.
¿Y lo ha quemado?
—Mi escudo es jamás vender espejitos ni espejismos. Nada de que en 15 días te saco porque tengo palancas. El riesgo es igual con un reo de alta peligrosidad que con un ladrón de esquina: si lo engañas te querrá volar la cabeza: unos a pedradas o con machete, otros con una calibre 762.

EL RESPETUOSO. La máxima entre abogados, “una especie de crucifijo contra posibles peligros”, es: no prometas a un narco lo que no le podrás cumplir.
Los persiguen historias de antaño: como la de aquel defensor de apellidos Gálvez Reyes, originario de Tijuana y quien en menos de cuatro meses montó durante la década pasada uno de los despachos más espectaculares en la zona de Polanco, Ciudad de México. Comenzó a despilfarrar dólares, en agasajo a comandantes y ministeriales de la PGR. Tres días después de inaugurar su bufete, fue asesinado, se supo después por haber engañado a jefes del Cártel de los Arellano Félix.
“El narco pide que lo saquen de la cárcel y no se conforma con el esfuerzo, pero el abogado no puede comprometerse a una absolución, menos en casos que se derivan de detenciones en flagrancia, con una carga probatoria difícil de desvirtuar”, dice el experto de la Facultad de Derecho de la UNAM Arturo Flores Albor.
¿Cuál es el perfil, por ejemplo, de El Chapo Guzmán como cliente?
Lo describe su actual abogado, José Refugio Rodríguez: “Joaquín me ha dado un trato muy respetuoso y la libertad de tomar decisiones jurídicas; jamás he recibido una presión o una grosería, lo que sí ha pasado con defendidos de menor jerarquía”.
¿Y el riesgo?
—No hay asunto ni actividad que no lo tenga, pero nos gusta y hasta hay días en que lo disfrutamos…

Imprimir