Biomimetismo - Germán González Dávila | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 29 de Diciembre, 2016

Cuando se comparten bienes materiales, se les divide. Esta es la economía, el estudio sobre bienes escasos, fundada en la división de los bienes materiales: materias primas, fuerza de trabajo y productos distribuidos a través de mercados. En cambio, cuando se comparten conocimientos, no se les divide, se les multiplica. De aquí la propuesta de la economía del conocimiento por fundar la economía en bienes inmateriales. Así, el crecimiento económico podría continuar indefinidamente porque respetaría los límites físicos que impone la biosfera.

El biomimetismo se inscribe en el paradigma de la economía del conocimiento; constituye una revolución social y ambiental, con inmenso potencial para dar lugar a una verdadera revolución tecnológica. Y es que más high-tech que la naturaleza no hay; miles de millones de años de evolución han dado lugar a los mejores materiales y diseños.

El biomimetismo reconoce que la naturaleza es una biblioteca infinita de conocimientos, por lo que desarrolla un proceso de innovación en las diversas ingenierías, inspirado en estructuras, materiales, funciones, moléculas y estrategias de los seres vivos. Puede referirse, desde escalas nanométricas y moleculares (ADN, ARN, proteínas, etc.), y de individuos (diseños orgánicos), hasta de ecosistemas (servicios ambientales).

Por ejemplo, en los ecosistemas no existe la «basura», ni la «contaminación», todos los materiales se reciclan, para toda oferta existe una demanda. En la economía humana, apenas estamos empezando a distinguir entre «basura» y residuos. A diferencia de la «basura», los residuos son aprovechables por algún otro proceso de las cadenas productivas, es decir, deben ser reingresados a los circuitos de valoración económica, reciclados. Pero las cuentas económicas nacionales no contabilizan residuos y hemos convertido al mundo en un inmenso basurero; los plásticos y otros materiales en los océanos son una verdadera catástrofe.

Algunos ejemplos (el espacio no da para más, recomendamos al Dr. Idriss Aberkane en www.youtube.com/watch?v=dM_JivN3HvI).

Un pequeño caracol marino súper venenoso, Conus geographus, distribuido en el océano Índico y en el Pacífico, produce una neurotoxina (proteínas que causan efectos adversos en las funciones del tejido nervioso, utilizadas en neurotecnologías), denominada conotoxina. Vendido a tres dólares la pieza a turistas, se le está diezmando; en tanto que el miligramo de mu-conotoxina GIIIB que produce este caracolito se negocia a 500 dólares (diez mil pesos), es decir, diez mil millones de pesos el kilogramo. Una variante, la PIIIA, se negocia a 800 dólares el miligramo: ¡16 milmillones de pesos el kilo! Contra 800 mil pesos el kilogramos de oro…

Otras sustancias como la toxina jingzhao, producida por la tarántula china Chilobrachys jingzhao venom, roza los 20mil millones de pesos por kilogramo. Otra araña china, Ornithoctonus hainana, también. La anémona de mar, Anthopleura elegantissima, negocia su toxina APETx2 a 12 mil millones el kilo. Ninguna de estas sustancias sabemos todavía sintetizar bien a bien, por eso el precio por las moléculas a extraer directamente de la naturaleza.

Otro «libro» de la naturaleza, el camarón mantis, Gonodactylus smithii, crustáceo malacostráceo del orden Stomatopoda que habita en el gran arrecife de coral de Australia. Posee en sus ojos cuatro veces más tipos de conos sensibles al color que los seres humanos (que poseemos tres para tres canales de color: rojo, azul y amarillo), por lo que pueden «ver» más allá del infrarrojo y del ultravioleta (somos triples daltonianos respecto de ellos). Pero además es conocido por su agresividad y lo potente de sus tenazas. Del tamaño de un langostino, unos 12 centímetros de largo y colores muy vivos, gracias a un evolucionado sistema de palanca y presión, en el que intervieneun intrincado sistema de huesos internos, consigue propulsar sus pinzas con forma de guante de boxeo para golpear y matar a sus presas con una aceleración tan grande como la de un calibre LR.22, es decir, a 330 metros por segundo, lo que equivale a una fuerza de 1500 Newtons (N).

La biodiversidad es el mayor yacimiento de conocimientos, es el «petróleo» del futuro. México es un país mega diverso, de los diez países más ricos en biodiversidad. Ya contamos con muchísimos especialistas para aprovechar la inmensa riqueza de nuestra biblioteca natural. La biodiversidad de México constituye un pilar para que nuestro país pueda convertirse en una potencia en economía del conocimiento, una verdadera potencia en la dirección hacia la sustentabilidad. ¿Lo permitirá la ignorancia, piel dura y corazón helado reinantes en la APF?

 

*Coordinador Editorial del Centro Interdisciplinario de Biodiversidad y Ambiente.

glocalfilia@gmail.com

www.ceiba.org.mx

www.facebook.com/CelBaxSustentabilidad/

Imprimir

Comentarios