Elena Garro por Elena Garro - René Avilés Fabila | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 29 de Diciembre, 2016
Elena Garro por Elena Garro | La Crónica de Hoy

Elena Garro por Elena Garro

René Avilés Fabila

(Última parte)

El poco espacio del que dispongo es para que Elena Garro hable de ella. Qué pena, sólo caben trozos de su fascinante historia. En su voz debemos conocerla, no por otras bocas.

“Mis padres fueron José Antonio Garro y Esperanza Navarro, dos personas que vivieron siempre fuera de la realidad, dos fracasados, y que llevaron a sus hijos al fracaso. A mis padres sólo les gustaba leer, y a sus hijos no nos gustaba comer, nunca teníamos apetito; o nos daba pereza masticar: ‘Que le hagan papilla a los chicos’, ordenaba mi padre. A Esperanza: mi madre, le gustaban únicamente los dulces y los pasteles…

“Ellos me enseñaron la imaginación, las múltiples realidades, el amor a los animales, el baile, la música, el orientalismo, el misticismo, el desdén por el dinero y la táctica militar leyendo a Julio César y a Von Clausewitz. Mientras viví con ellos sólo lloré por Cristo y por Sócrates, el domingo en que bebió la cicuta, cuando mi padre nos leyó los Diálogos de Platón…

“Mis padres me permitieron desarrollar mi verdadera naturaleza, la de ‘partícula revoltosa’, cualidad que heredó mi hija Helenita y que los sabios acaban de descubrir. Estas ‘partículas revoltosas’ producen desorden sin proponérselo y actúan siempre inesperadamente, a pesar suyo. En mi casa podía ser rey, general mexicano, construir pueblos con placitas, casas, calles, cuartel e iglesia en el enorme jardín por el que paseábamos en burro o a pie. Mi casa estaba en Iguala, Guerrero, es decir una de mis casas. También construimos un teatro y teníamos títeres. A veces me convertía en merolico y salía a vender ungüentos para curar todos los males…

“A los 17 años fui coreógrafa del Teatro de la Universidad. El director era Julio Bracho. Debutamos en el Teatro de Bellas Artes con un éxito tan grande que los amantes del arte se movieron con rapidez para destruir el grupo. Opinaron que pegar carteles en la ciudad anunciando Las troyanas era hacerse publicidad. En ese tiempo los Contemporáneos eran importantes. En realidad era un grupo bastante notable, aunque me parece que está olvidado. Xavier Villaurrutia quería montar Perséfone de André Gide, y me llamó…

“Un día me casé, abandoné a mis maestros: Julio Jiménez Rueda, que me pronosticó éxitos literarios; Samuel Ramos, gran maestro; Hilario Medina y su rigurosa Historia Universal; el profesor Valenzuela de Historia Griega, fabuloso expositor; Salvador Azuela, a quien apreciaba mucho; el maestro García, gran latinista; la señorita Caso, Julio Torri, Enrique González Martínez, que nos daba la clase en francés...

“Yo no pensaba ser escritora. La idea de sentarme a escribir en vez de leer me parecía absurda. Abrir un libro era empezar una aventura inesperada. Yo quería ser bailarina o general. Mi padre creía que podía escribir por mi afición a la lectura: en ese caso todos en la casa deberíamos ser escritores.

“En 1953, estando enferma en Berna y después de un estruendoso tratamiento de cortisona escribí Los recuerdos del porvenir como un homenaje a Iguala, a mi infancia y a aquellos personajes a los que admiré tanto y a los que tantas jugarretas hice. Guardé la novela en un baúl, junto con algunos poemas que le escribía a Adolfo Bioy Casares, el amor loco de mi vida y por el cual casi muero, aunque ahora reconozco que todo fue un mal sueño que duró muchos años.

“Creo que te he hablado de un mundo que ya no existe. Parece que México es otro país, que los intelectuales lo han llenado de periféricos, elevadores callejeros, puentes, ideas, y que han abolido los jardines. Me dicen que la contaminación se corta con cuchillo. Te he dicho todo lo que recuerdo... Creo que debo aclararte que Mariana no es una autobiografía sino una novela. Cuando la publique Octavio Paz, Archibaldo Burns y todas las personas que crees descubrir en los personajes podrán demandarme. Sería muy divertido el juicio. Un verdadero vaudeville… Si piensas que en Mariana aparecen personajes vivos te equivocas. Aunque es verdad que tomé rasgos de algunas personas vivas y difuntas para crear a un solo personaje. Acuérdate de Ortega y Gasset: ‘lo que no es vivencia es academia’. Recuerda también a Dostoyevski y a Balzac: ‘la novela es vida’. Eso no quiere decir que lo que cuento en Mariana sea una simple calca de mi vida al papel…

“El acto de escribir es un acto de libertad privada. Nunca me he quejado de haber servido de personaje de poemas, novelas y cuentos. Recuerdo que Carlitos Fuentes escribió un cuento llamado ‘Las dos Elenas’. Todo México dijo que éramos la Chata [Helena Paz] y yo. Hubo quien trató de azuzarme contra el escritor. Me pareció absurdo. Cada quien puede fabricar personajes de ficción con personajes reales. Con ese cuento ‘Las dos Elenas’ sucedió algo muy curioso: Fuentes hizo una película y tuvo dificultades de crítica. Vino a visitarme. Recordarás que yo vivía muy aislada. Carlitos me dijo que lo atacaban por envidia y me pidió que hiciera una crítica favorable a su película. La hice con mucho gusto y se publicó en Siempre! con mi firma…

“Antes, en los años cincuenta, Paz escribió su gran poema ‘Piedra de sol’. Lo leímos y releímos juntos. ‘¿No te ofendes?’, me preguntó Paz. ‘No, tienes derecho de decir lo que te parezca’, le dije. Y lo que le pareció fue llamarme ‘pellejo viejo, bolsa de huesos’, o algo así. No recuerdo bien y no tengo su libro a la mano. Más tarde, en Madrid, Federico Álvarez me leyó el otro gran poema de Paz, ‘Pasado en claro’, en el que me llama ‘cabeza de muerta’ o algo parecido. Tampoco se me ocurrió enfadarme. Puedes preguntárselo a Federico. El poeta mitifica y Paz quiso exorcizarme diabolizándome. Lo han hecho todos los poetas. Para eso sirve la creación poética. Pepe Bianco también me tomó de personaje para su novela [La Pérdida del reino] y en ella dice que me acosté con él, cosa absolutamente falsa, pero no me enfadé, pues sabía que era una novela. También Bioy Casares, al que tú citas, me puso de Clara en su novela El sueño de los héroes y puso que mi padre era un titiritero o mago o algo así, no recuerdo bien. No me enfadé. Ni me enfadé por otros cuentos menos clementes. Como ves, me han utilizado en varias ocasiones y nadie ha roto una lanza por mí o por la Chata… De manera que no creo que sea importante que tú salgas de paladín a defender a posibles Paces, Burnes o Bioyes y que en cambio permitas que me llamen ‘cabeza de muerta’ o hija de la chingada…


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