Wikileaks y el espía de la niebla rusa - Francisco Báez Rodríguez | La Crónica de Hoy
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Wikileaks y el espía de la niebla rusa | La Crónica de Hoy

Wikileaks y el espía de la niebla rusa

Francisco Báez Rodríguez

Creo que llegó el momento de que la gente mire a Julian Assange con otros ojos. El fundador de Wikileaks se ha presentado ante el mundo como un paladín de los ciudadanos y de la transparencia, en contra de los gobiernos y la opacidad. No es el caso. No lo ha sido nunca.

En 2010 —faltaba todavía más de un año para que Assange tuviera que refugiarse en la embajada ecuatoriana en Londres—, escribí en esta columna que lo suyo era una contra-conspiración. Me cito a continuación:

“En el ensayo State and Terrorist Conspiracies el fundador de Wikileaks entiende su tarea como un proyecto revolucionario (una “conspiración terrorista”) para obligar a los regímenes políticos dominantes a un cambio de fondo. Este cambio de fondo está ligado a un concepto: detrás de todo gobierno hay una ‘conspiración gubernamental’, que atenta contra la libertad y la autorrealización de las personas. Assange entiende ‘conspiración’ de una manera laxa: una asociación coordinada de personas que oculta a los demás sus intenciones finales.

“Podemos ver las conspiraciones como un tipo de artefacto que tiene flujos de entrada (información sobre el entorno), una red informática (los conspiradores y sus enlaces entre ellos), y flujos de salida (acciones que pretenden cambiar o mantener el entorno)”. De ahí que busque hackear la red, haciendo públicos despachos privados (y aduciendo que los diplomáticos son un pequeño grupo de la clase dirigente que no comparte información con el resto de la sociedad y, por lo tanto, deben ser evidenciados).  La misión de su sitio, entonces, es hacer público lo privado en la esperanza de que esa “posición de claridad” evite nuevas secrecías.

“La visión de Assange es típicamente la de un programador de computadora. Lo que ve es un sistema de gente e información. Lo que contiene la información es irrelevante, salvo porque constituye un puente entre quienes son miembros de una organización relativamente cerrada (‘la conspiración’). Esto significaría que lo que interesa a Assange no son los secretos que da a conocer, sino el hecho de divulgarlos y que alguien los considere valiosos.

“El creador de Wikileaks sugiere que para combatir una ‘conspiración’ hay que hacer que se cierre sobre sí, envuelta en paranoia. Obligarla a abrirse o a cerrarse más: a dejar de ser o a ser ineficiente.

“En ese sentido, hay quien sugiere que lo que en el fondo busca Assange no es la transparencia, sino la neblina. Opacar el transparente mundo de la información clasificada y dificultar su capacidad para funcionar. Como subir un virus para hacer más lenta la computadora. Assange, el hacker, trata a los gobiernos como el sistema mismo, y luego les aplica la misma estrategia que usaría para tronar una computadora. 

“Y hay quien dice en la red que hackear un sistema de 4 mil años de edad, aunque entrópicamente doloroso, parece un (¿luminoso?) sendero necesario para el fin de los gobiernos piramidales, la aurora de la Era de la Red y del poder en forma de nube.

“A todos nos han entretenido las revelaciones de Wikileaks. Hay gran alegría en el pueblo cuando el niño grita, ‘El rey está desnudo’. Pero es una alegría efímera. Los métodos extremistas en política a menudo tienen un final desastroso”. Fin de cita.

Bajo esta lógica, podemos colegir que la contra-conspiración de Assange ha estado muy activa en el proceso electoral de Estados Unidos. Busca evitar la elección de Hillary Clinton, conspicua representante del establishment y, en los hechos, promover la de Donald Trump.

A pregunta expresa, Julian Assange no tiene favorito: “es como preguntarme si prefiero el cólera o la gonorrea”, respondió. Pero en los hechos, las filtraciones de Wikileaks han sido solamente en contra de la ex secretaria de Estado. No ha sacado nada del magnate republicano (sus declaraciones de impuestos, por ejemplo) y nada que pudiera afectar a ambos candidatos.

También el timing de las filtraciones es interesante. No salieron durante las elecciones primarias del partido Demócrata, cuando hubieran favorecido al progresista Bernie Sanders. Salen en momentos clave de la contienda presidencial, cuando el único adversario con ciertas (mínimas, por fortuna) posibilidades es Donald Trump.

Aquí hay una de dos sopas: o la contra-conspiración de Wikileaks prefiere un candidato cuya incapacidad para asumir responsablemente la Presidencia de Estados Unidos es notoria, o trabaja para otra potencia extranjera; o las dos cosas.

Una eventual presidencia de Trump significaría mucho más que el famoso muro que obsesiona a los mexicanos. En términos económicos significaría un desastre global. No sólo echaría a andar medidas proteccionistas; en materia fiscal su política de impuestos generaría un déficit  alucinante y su idea de “deal” sugiere el repudio de una parte de la deuda pública; querría intervenir en política monetaria y, en materia política, haría lo que el propio Assange sugiere: cerraría al gobierno sobre sí, en una actitud paranoica.

En otras palabras, una victoria de Trump exacerbaría las contradicciones del sistema, generaría mejores condiciones para la contra-conspiración que tumbara el sistema piramidal e instaurara uno de redes.

O, visto desde otro ángulo, generaría un debilitamiento relativo de Estados Unidos y de su zona mundial de influencia, a favor de otros jugadores de escala mundial, como Rusia o China.

Ya los demócratas de Estados Unidos han acusado a Assange de “coludirse con el gobierno de Rusia para ayudar a Trump” y subrayan que Wikileaks se ha apoyado en el trabajo de hackers rusos. Según un funcionario de EU, Wikileaks hace para Rusia el papel del “tonto útil”: el supuesto revolucionario que no lo sabe, pero trabaja para el poder. O tal vez el tonto útil es el gobierno de Rusia, que le ha dado poder a un grupo delirante.

Mientras son peras o son manzanas, el gobierno de Ecuador —al que nadie puede acusar de proyanqui—, al anunciar hace unas semanas que le cortaba el internet a Assange dijo que lo hacía por su “respeto al principio de no-intervención en los asuntos internos de otros países”. Así de evidente es que estaba interviniendo. De un solo lado. A favor de Trump.

Cuidado, pues, con los supuestos paladines de la transparencia. Traen agenda. O si no, pregúntenle al otro gran informante de revelaciones en línea, Edward Snowden, si lo encuentran en algún lugar de Rusia, donde está asilado.

fabaez@gmail.com

www.panchobaez.blogspot.com

Twitter: @franciscobaezr

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