“Desconsolidación” democrática - Sergio González | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 26 de Enero, 2017
“Desconsolidación” democrática | La Crónica de Hoy

“Desconsolidación” democrática

Sergio González

Entre los científicos sociales empieza a crecer una preocupación sobre la salud estructural de las democracias modernas. Los centros en los que contribuyen comienzan a crear un nuevo léxico politológico e inclusive tratan de determinar nuevas metodologías para crear herramientas analíticas innovadoras que allanen el camino que desentrañe las dolencias contemporáneas de los regímenes democráticos.

Un caso peculiar y de la más alta relevancia es el de dos académicos, Yascha Mounk y Roberto Stefan Foa, uno de la Universidad de Harvard y otro de la de Melbourne, que, en julio pasado, publicaron el primer texto de lo que parece será una serie precisamente sobre la materia.

El ensayo, consultable en el Journal of Democracy tiene un título ordinario, “La desconexión democrática”, pero ofrece un contenido extraordinario. Afirman que ha quedado superada la vieja sabiduría que decía que una vez que un estado alcanzaba la democracia, sería democrático en adelante.

Alegan, nada más pero nada menos, que debemos empezar a pensar en las “desconsolidaciones” que vienen, como la que hemos venido presenciando en la Venezuela de Maduro. La premisa fundamental, la del desencanto con la democracia, no es nueva y va en línea con los más recientes estudios sobre la materia. Consúltense La Trampa de la Confianza, de Runciman (Estados Unidos, 2013), Orden Político y Deterioro Político, de Fukuyama (Estados Unidos, 2014), o El Último Partido, de Aira (España, 2015).

Sin embargo, al ir desbrozando sus conclusiones (que en realidad son admoniciones para el oído entrenado) es cuando sacuden el estado del arte doliéndose de que nadie ha visto las señales y que las alarmas deberían estar en rojo y sonando.

Ilustran su punto con el ejemplo de la Unión Soviética, a la que todo el planeta inclusive cerca de su fin, le concedía vida eterna, pues sus dirigentes se habían adueñado irremediablemente de todos los instrumentos del poder público. Todavía unos meses antes de la caída del muro de Berlin, que desató la caída del régimen y bloque socialistas, un diario de la Alemania libre por fin se había resignado a dejar de llamar despectivamente por sus iniciales a la Alemania socialista pues no veían el fin de aquél régimen opresor.

Denuncian que a la fecha eso está pasando con las democracias del mundo; que todos las vemos enhiestas e imperecederas cuando en realidad hay signos preocupantes que anuncian retrocesos delicados en muchos de los soportes institucionales, legales y políticos en los que descansa la salud social de gobiernos constitucionales.

Proponen tres fenómenos o síntomas que hay que seguir con especial dedicación y que se pueden expresar de manera temprana en tendencias que por ahora no han sido detectadas pero que reflejan problemas estructurales peligrosos.

El primero es el reconocimiento social: preguntarnos qué tan importante es para nuestras sociedades que nuestros países sigan siendo democráticos. El segundo: la percepción o apertura social hacia formas de gobierno no democráticas. El tercero es relativo al apoyo ciudadano que candidatos, partidos y en general movimientos de los llamados “antisistema” hayan tenido recientemente. Avanzaré en entregas posteriores. Felices fiestas.

gsergioj@gmail.com

@El_Consultor_

Imprimir

Comentarios