Cuatro veladoras, cuatro Nochebuenas - Leopoldo Mendívil | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 26 de Enero, 2017
Cuatro veladoras, cuatro Nochebuenas | La Crónica de Hoy

Cuatro veladoras, cuatro Nochebuenas

Leopoldo Mendívil

JESÚS MARTÍN MENDOZA,

CONDUCTOR DE RADIO RED:

 

+Muerte no es apagar la luz,

sino apagar la lámpara

porque ha llegado el alba

Rabindranath Tagore

 

Ayer, nuestro colega Carlos Ramos Padilla, el nuevo presidente de la Academia Nacional de Periodistas de Radio y Televisión,  presentó su plan de acción y te recordé ahí, deseando que siguieras integrado a ella y hubieses visto y escuchado lo que ahí ocurrió. Creo que veremos reverdecer ese organismo para ser lo que tú deseabas.

Pero debo empezar por el final del evento, que nos electrizó a todos los presentes:

En los últimos cinco años, cuatro colegas nuestros, pero también miembros de la Academia —ANPERT por sus siglas— han fallecido. Carlos decidió que el primer evento oficial de su presidencia incluyera un recuerdo de ellos y un homenaje de sus compañeros de trabajo a ellos.

Te hablo, Jesús, de Juan José Bravo Monroy (3 de junio de 2012), Renward García Medrano (17 de enero de 2014), Ofelia Aguirre (7 de  marzo de 2015) y Gustavo Méndez Tapia (22 de octubre de 2016); los cuatro, además, fundadores de la Academia.

Nunca antes había escuchado a un colega hacer, in memoriam, el apunte biográfico de otro y acostumbrado a lo barbajanes que solemos ser cuando nos ocupamos de un competidor en vida, me sorprendió y me conmovió profundamente escuchar a Gustavo Lomelín revivir al profesor Bravo Monroy,  con detalles de su vida desde su adolescencia hasta su final, resaltando naturalmente las contribuciones de Juan José a la radiofonía periodística y también a la cultural, pero sobre todo al hombre gentil, profundo en su patrimonio intelectual y una chispeante simpatía que siempre hacía de su compañía un placer.

De su padre Juan José también habló su hijo Ricardo, quien recordó el consejo mil veces repetido de que ni se le ocurriera pensar en ser periodista y le relató mil anécdotas sobre tal inconveniencia…, pero Ricardo prefirió atender al llamado de su herencia vocacional y aquí está, otro, Jesús, entre nosotros…

Mayte Noriega hizo la recordación de Renward García Medrano el economista, el escritor, el funcionario público y asesor presidencial, el enamorado de su idioma que impartía clases y cursos para redactar mejor, pero, pero sobre todo, sobre todo el periodista, su gran pasión y vocación principalísima.

Claudia García Lozano, la esposa de Renward, nos trajo sus memorias sobre el esposo y el padre, la cálida luz de su hogar, el amigo de los hijos y de la compañera de vida, que nunca asumió el papel de la persona ejemplar, y sin embargo lo fue…

De Ofelia Aguirre, su hermana Ana Lilia nos trajo la imagen de la guerrillera de la noticia y la constructora de unos hijos a quienes dio mucho amor a través, en gran medida, de la formación que les dio y con la cual es un hecho que les resolvió la vida…       

Y Enrique Lazcano no dudó en reconocerla como la maestra a veces enérgica, siempre precisa y cálida, que le llevó al camino de los medios de comunicación, pero sobre todo le contagió su amor a la radio. Enrique habló antes que Ana Lilia, pero adelantó, con su relato sobre la reportera en acción y luego la directiva de medios creativa, imaginativa y siempre maestra de nuevos comunicadores.

El último colega que se adelantó para esperarnos y reanudar, en el otro entorno, su gratificante charla cargada siempre de saber y de optimismo, fue Gustavo Méndez Tapia, hace escasos dos  meses, poco menos. José Monroy lo conoció desde los tiempos de la escuela secundaria y desde entonces, nos contó, era un adolescente adelantadamente maduro que a lo largo de su existencia combinó esa madurez que le hizo siempre un  orador preciso en la idea  y en la palabra, con la alegría juvenil que siempre lució  en el semblante físico y de seguro en cada neurona de su cerebro.

Su hermana Amparo nos trajo del pasado la figura del hermano que a la muerte del padre se declaró heredero del cuidado familiar y lo cumplió hasta que la enfermedad —que Pepe Monroy había acusado de maldita…— le arrancó el último jirón de energía.

No sólo me pasó a mí, Jesús; otros de los colegas presentes me confiaron luego haber sentido en la garganta un pedrusco aplastándola y un ardor en cada ojo a medida que transcurrió la resurrección afectiva de los compañeros fallecidos, cuyas fotografías encabezaron esa pequeña ceremonia, al lado de cada marco una Nochebuena y enfrente una veladora encendida en el momento que cada colega en vida iniciaba su in memoriam…

La Academia, estimado Jesús, como en su momento fue tu demanda, va a cumplir con las razones que la hicieron existir. No lo dudes, te lo aseguro porque ahí estaremos algunos perros cancerberos resguardando la dignidad y la misión del periodismo…  

 

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