Congreso, bonos, simulación y perreo - Aurelio Ramos Méndez | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 26 de Enero, 2017
Congreso, bonos, simulación y perreo | La Crónica de Hoy

Congreso, bonos, simulación y perreo

Aurelio Ramos Méndez

Si llevado por sus bajos guarismos de aprobación en las encuestas el Presidente Enrique Peña Nieto tomase, a lo Fujimori, la decisión de disolver el Congreso, su popularidad se elevaría como por arte de magia, hasta la estratósfera. Así de monumental es por estos días el descrédito de diputados y senadores.

Se trata, claro, de un planteamiento impresentable, antidemocrático, políticamente incorrecto, formulado sólo en gracia de discusión; pero ilustrativo del enojo social que inspira la conducta de los integrantes del Legislativo, desafiantemente divorciada de los intereses populares que en teoría representan.

Los legisladores cerraron este jueves el periodo ordinario de sesiones después de haber ofrecido durante varias semanas exasperantes espectáculos de cinismo, abuso de poder, propensión al jaraneo, futilidad del trabajo legislativo, irresponsabilidad y holgazanería.

La nación entera pudo ver a Miguel Barbosa, Alejandro Encinas y otros perredistas rompiendo piñatas y trocando la diplomacia parlamentaria en chiflidos y leperadas. A Mariana Gómez del Campo bailando cuambias, Jorge Luis Lavalle haciendo desfiguros al ritmo de reggaeton, Fernando Yunes entregado al striptease y el perreo, Victor Hermosillo sacándole viruta al piso, y Layda Sansores en funciones de animadora de un baile sonidero.

Nada de eso sería reprochable --¿qué de malo tiene ver congresistas descorbatados, distante de la rancia solemnidad?--, de no haber sido porque, de manera simultánea, aquellos legisladores y en general los 500 diputados y 128 senadores, virtualmente abandonaron sus funciones camerales para entregarse no sólo a la diversión, sino al ofensivo conteo de dinero a costaladas, producto de sus insultantes bonos, dietas, compensaciones, igualas y moches.

El Congreso cerró sus actividades ordinarias convertido de nuevo en el principal obstáculo para la concreción de medidas no sólo necesarias y urgentes, sino de verdad inaplazables para la buena marcha de la sociedad. Por ejemplo, la ya largamente postergada y muy disminuida legalización de las drogas como única vía para aminorar la atroz violencia que desangra el país.

Tal como ha hecho a lo largo del presente sexenio con diversas iniciativas, entre éstas las relacionadas con el combate a la corrupción, el Legislativo, lejos de atender las apremiantes exigencias sociales, le atravesó un palo en la rueda a otros asuntos perentorios, en particular la legalización de la mariguana con fines medicinales.

No estamos ante una situación de insuficiencia de tiempo e imposibilidad de acuerdos, sino de falta de voluntad. Peor aún, estamos ante el deliberado propósito de convertir el Congreso en dos cámaras de refrigeración sincronizadas para congelar, de manera intencionada y con descarado engaño a la gente, materias espinosas.

Con el cuento chino de la --ahora sí-- verdadera separación de Poderes y genuina y complementaria bicameralidad, los senadores y diputados tienen la coartada perfecta para jugar ping pong y darle largas sin final a proyectos que, en su momento, sirvieron para ganar votos, pero que por sentido de autoconservación conviene mejor no consumar.

Eso ha sucedido con el tema del combate a la corrupción, que a cuatro años de iniciado el gobierno peñista sigue en obra negra, sin fiscal ni reglamentación precisa. En todo este tiempo los ciudadanos hemos visto ir y venir entre San Lázaro y Reforma 135 los proyectos de legislación, en un peloteo bien concertado.

Si la imaginación pone su parte, uno puede ver a quienes mandan en el Legislativo acordando por teléfono, en cada caso, la estrategia dilatoria. “De este asunto, el dictamen lo elaboramos con calma o a paso de tortuga”. O, si existiese presión de la opinión pública: “Nosotros, aquí, aprobamos el dictamen, y tu te encargas allá de frenar la minuta”.

Los responsables de esta perversión institucional tienen nombres y apellidos. Son, por principio de cuentas, los presidentes camerales Pablo Escudero y Javier Bolaños Aguilar, y en seguida los coordinadores de las principales bancadas Emilio Gamboa Patrón, Fernando Herrera y Miguel Barbosa, en el Senado, y César Camacho, Francisco Martínez Neri y Marko Cortés, en la cámara baja.

Desentendidos de sus funciones o debidamente coordinados para engañar y dilatar el trámite de ciertos proyectos, los diputados dejaron en el frigorífico ya no sólo el tema de la legalización general de las drogas, y ni siquiera de la mariguana en forma integral, sino apenas un acotado uso médico de esta planta.

Y congelaron, además, el asunto de la trata de personas y la tortura, así como lo relacionado con el artículo 29 constitucional que se pretende revolcar porque ordena textualmente: “En tiempos de paz, ninguna autoridad militar puede ejercer más funciones que las que tengan exacta conexión con la disciplina militar...”

Entregados al jolgorio, en San Lázaro de plano aventaron el arpa la mitad de integrantes de la cámara, pues el período ordinario fue clausurado con quórum de apenas 260 asistentes, quienes entonaron el Himno Nacional con menos entusiasmo del que al cantar “Vida Mafiosa” pone su colega y vocalista de la Banda Jerez, Marco Antonio Flores.

Los senadores corrieron el cerrojo, asimismo, con menos concurrentes que a la fiesta del perreo. Y con pendientes tales como el nombramiento del fiscal anticorrupción, el ya avinagrado marco jurídico para las fuerzas armadas y la desaparición forzada de personas.

Duchos en el fingimiento, eso sí –el perreo es, a final de cuentas, la simulación de un acto sexual–, los senectos les enviaron a los diputados la minuta sobre mariguana medicinal, misma que estos metieron luego en la nevera para sacarla quién sabe cuando.

Lo dicho. Si se preguntara por estos días a los ciudadanos qué hacer con un Congreso como el que tenemos, más de uno propondría tapiar los portones a piedra y lodo. Y si el Presidente tomase semejante medida, recuperaría popularidad como por ensalmo.

aureramos@cronica.com.mx

 

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