La casa de la idiotez (o de por qué PISA indica que tus opiniones no son valiosas) - Arturo Ramos Ortiz | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 26 de Enero, 2017
La casa de la idiotez (o de por qué PISA indica que tus opiniones no son valiosas) | La Crónica de Hoy

La casa de la idiotez (o de por qué PISA indica que tus opiniones no son valiosas)

Arturo Ramos Ortiz

Fuimos brutalmente pisoteados. La prueba PISA, cuyos resultados aparecieron hace un par de semanas, explicó un montón de entuertos recientes —desde el Premio Nacional de Periodismo hasta el hamponcillo apodado El Tequilero y el peso desmedido— que ha ganado entre nosotros la casa de la idiotez a la que llamamos internet.

Veamos primero lo de PISA, los documentos de la prueba aplicada a escala internacional y los resultados en México. El resumen de PISA hizo énfasis en la (nula) capacidad de los estudiantes mexicanos para acercarse al conocimiento científico.

Sólo un microscópico porcentaje de alumnos que están por alcanzar la prepa pudo mostrar que contaba con conocimientos básicos, capacidad de deducción y de centrar su atención en los elementos clave de un fenómeno cualquiera. No se crea que les hicieron resolver un problema matemático sólo para iniciados... Lo que se les pidió fue responder a cosas tan sencillas como saber cuál, de entre tres cráteres, era más grande y cuál más pequeño. Cuál de ellos, que se mostraban incrustados unos en el área de otros, había caído primero y cuál al final (ver imagen que acompaña estas líneas).

Parte de nuestros estudiantes fallaron. ¿Qué significa esto más allá del ámbito estrictamente escolar?

La documentación de PISA señala que la prueba no evalúa los conocimientos adquiridos ni los programas de estudio, sino que “busca identificar la existencia de ciertas capacidades, habilidades, y aptitudes que en conjunto, permiten a la persona resolver problemas y situaciones de la vida”.

Así pues, el problema va más allá del aula.

Para México, PISA destacó la ausencia de “competencia científica”, entendida ésta como la capacidad amplia de un individuo de entender tanto contenidos de este conocimiento como su trascendencia para la toma de decisiones en el interior de una sociedad, lo que “implica reconocer la importancia de una educación científica que habilita al individuo para actuar responsablemente en los asuntos de interés común”.

En los mismos documentos, se indica que estas carencias en la formación de los estudiantes conduce a que no puedan asimilar información dura, basada en hechos comprobables. Su opinión, en muchas ocasiones una opinión muy pobre sacada de su entorno familiar inmediato, se impondrá como factor para explicarse lo que tiene enfrente.

Trato de imaginar el proceso y llego a esta descripción:

El chaval escucha a su abuelita durante la comida y la cena (los padre suelen estar ausentes), así que la generación menos preparada de la familia es la que le da al jovencito una explicación del mundo.

El chaval sigue con los estudios y termina interesado en temas sociales (se pregunta por qué su situación económica está plagada de carencias). Con todo, no está entre los más descobijados socialmente. Accede (él cree que “accesa”, porque así lo escuchó nombrar) a internet. Tiene enfrente las grandes disyuntivas de su tiempo.

Lo que tenemos en realidad es a la abuelita mirando en el monitor hacia un Aleph espectacular en donde todo está concentrado en un solo lugar y en un solo momento.

Invitado a ese vértigo, el chaval quedará atrapado sin remedio en hipótesis absurdas que no sabrá diferenciar de las que verdaderamente tienen sustento.

Un ejemplo. Su gobierno le indica que un tal Tequilero es un megacapo narcotraficante al que habrá que enfrentar con inteligencia policial y esmero oficial de primer mundo. El Tequilero, apenas un robavacas semidesnutrido, será la justificación que su gobierno le presente ante su ineficacia; se le dirá que si no puede resolver la violencia en Guerrero, es porque el rival es extremadamente poderoso.

Pero el chaval no lo creerá... Aunque tampoco dimensionará al Tequilero en su pequeñez real, lo que convertiría al chaval en un agente de presión hacia su gobierno para que haga eficazmente su trabajo.

No. El chaval terminará apoyando hipótesis del complot: “seguro El Tequilero le da su parte al gobierno”.

El mundo simplificado tal y como lo hubiera simplificado la abuela del chaval.

En el fondo, lo que la prueba PISA indica es que el estudiante sin habilidades mínimas para adquirir conocimiento duro ha sido enviado (junto a miles) a las filas de la idiotez. Descastado, sin más explicaciones que las que saca de su limitado entorno, navega el mundo (casi exclusivamente a bordo de Chrome) sin tener idea de dónde puede empujar para transformar o apoyar la transformación de su entorno.

El final del cuento “El Aleph” de Borges es despiadado porque muestra la inviabilidad de la especie (los sapiens). En aquel caso, la mezquindad termina por sepultar cualquier prodigio. La idiotez va bastante aparejada de la mezquindad y parece que nuestros chavales están siendo pacientemente entrenados para desarrollarla.


arturo.ramosortiz@gmail.com

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