Hermosas y malditas: Las más icónicas representantes de la femme fatale | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 26 de Enero, 2017

Hermosas y malditas: Las más icónicas representantes de la femme fatale

  • cronica.com.mx
  • cronica.com.mx
  • cronica.com.mx

Mujeres destructivas pero fascinantes, un tanto malignas pero atractivas. Ese tipo de mujeres que utilizan su sensualidad para llevar a la perdición a los hombres con sus encantos y que en los años 30 y 40 llegaron al cine para crear un estereotipo que fue denominado femme fatale, expresión francesa que se traduce como mujer fatal. Estos personajes llegaron a la pantalla grande de la mano del film noir (cine negro), en el cual las películas abordaban historias sobre la mafia, motivados por la vida real.

La femme fatale más conocida de la historia es Mata Hari y fruto de ese tipo de mujeres nacieron para el cine esas mujeres sensuales, y muchas de ellas se convirtieron en algunas de las actrices más destacadas de la época de oro; en Estados Unidos también se les conocía como las “vamp”, debido a que por lo general solían ser mujeres extranjeras capaces de “chupar” el alma a sus víctimas mediante la explotación sexual o financiera.

Apenas el domingo pasado falleció una de las últimas representantes de esa oleada de mujeres fatales que conquistaron el cine, aunque en su caso ella fue más reconocida por ser pionera del concepto de celebrity: Zsa Zsa Gabor, de origen húngaro, destacó en filmes como Lovely to look at, We’re not married, al lado de Marilyn Monroe, también participó en Touch of evil, de Orson Welles, y en Moulin Rouge, en la que fue dirigida por John Huston.

Sin embargo, en esa época hubo estrellas que derrocharon sensualidad como la icónica Rita Hayworth, quien consolidó su mito con el personaje de Gilda, en la cinta del mismo nombre que en 1946 estrenó el cineasta Charles Vidor, en la que protagonizó dos escenas míticas como una sugerente interpretación musical de Put the blame on Mame, con un striptease tan explosivo como breve (sólo se quita un guante), y después una bofetada. Además fue mujer fatal para Orson Welles en La dama de Shangai.

Barbara Stanwyck fue otra de las actrices destacadas, quien por muchos fue considerada la femme fatale más importante de la historia gracias a su trabajo en Pacto de sangre (Double Indemnity, 1944), por otros conocida como Perdición, de Billy Wilder, en la que liaba a un honrado vendedor de seguros, interpretado por Fred McMurray, para matar a su marido, del que estaba cansada. En la película, se nos cuenta que fue la enfermera de la primera mujer de su marido, dándose a entender que fue ella misma la que acabó con la vida de la esposa de su segundo esposo.

“Si hay una cosa que nunca he sido, es ser misteriosa, si hay una cosa que nunca he hecho, es dejar de hablar”, dijo una vez en tono irónico la actriz Lauren Bacall, quien por muchos años fue conocida como la Reina del cine negro y que acabaría siendo la última esposa de Humphrey Bogart, a quien además de enamorar en la vida real lo enloqueció en películas como Tener y no tener (Howard Hawks, 1944) y El gran sueño (Howard Hawks, 1946). Siempre se recordará esa mirada sensual de Bacall, al encender un cigarrillo, ante la mirada de Bogart.

Por su parte, Lana Turner también se convirtió en un símbolo sensual de los años 40, pero sobre todo se debió a su papel en El cartero siempre llama dos veces (Tay Garnett, 1946), en la que es cómplice de la muerte de su marido junto a Frank Chambers interpretado por John Garfield.

Así como las actrices mencionadas saltaron a la fama como musas de cineastas como Hawks o Wilder, en el caso de Joan Bennet le pasó con el mítico director alemán Fritz Lang y el actor Edward G. Robinson, con los que realizó La mujer del cuadro (1944) y Scarlet Street (1945), esta última también conocida como Perversidad, en las cuales se aprovechaba de los hombres por su extraordinaria belleza, llevándolos a cometer atrocidades de todo tipo.

En esta lista de mujeres fatales no podía faltar Ava Gardner por su papel en The Killers (Robert Siodmak, 1946), en la que da vida a la bella Kitty Collins, la novia de un mafioso que usa a joven excombatiente para hacerse con el dinero de un atraco que preparan; también está Marlene Dietrich con su filme Der Blaue Engel (Josef von Stenberg, 1930) en la que llega a seducir y humillar a un respetable profesor y también está Anne Baxter en All About Eve (Joseph L. Mankiewicz, 1950) donde engañará a todos y todas haciéndose pasar por una inocente y dulce aspirante admiradora de Bette Davies, para llegar a ser una gran actriz de teatro.

Otros de los casos representativos de la época los tenemos con actrices como Jane Greer en Out of the Past (Jacques Torneur, 1947); Veronica Lake en This Gun for Hire (Frank Tuttle, 1942); la mismísima Marilyn Monroe en Niagara (Henry Hathaway, 1953), en la que fue una terrible mujer sin escrúpulos que busca matar a su marido con la ayuda de su amante; Lizabeth Scott en Dead Reckoning (John Cromwell, 1947); Jean Simmons en Angel Face (Otto Preminger, 1952); Simone Sognoret en Les Diaboliques (Henri Georges Clouzot, 1955); y Gene Tierney en Leave Her to Heaven (John M. Stahl, 1945).

Después de la época dorada del cine negro tenemos casos representativos como el de Sue Lyon en Lolita (Stanley Kubrick, 1962); más adelante Isabela Rossellini ofreció un papel memorable en Terciopelo azul (1988), de David Lynch, y luego Sharon Stone renovó el personaje en Bajos instintos (1992), pero sin duda nada será lo mismo que aquella época gloriosa del boom del cine noir.

 

Imprimir